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Ana Belén Lozano: experiencia de superación, de amistad y de Fe.

Emaús Altagracia 

“Una de las cosas que más me ha gustado del Camino es el haber compartido tantos pasos con gente mucho más joven que yo, con sus ilusiones, sus preocupaciones y por qué no con sus locuras”

 

Hacer el Camino como enfermera y peregrina es un doble merito que nos lleva a entrevistar a una mujer joven, Ana Belén Lozano Bolaños , casada con  José Manuel, tiene tres hijas, Estela de 14 años, Sara de 11 años y Noa de 6 años. Es enfermera en el Hospital de Manzanares en la planta de Medicina Interna. mujer apasionada con su trabajo y su fe.

¿Cómo fue el que entraras a formar parte del equipo diocesano en el proyecto del VII camino de Santiago con los jóvenes?

Tengo que decir que fue de forma casual. Yo ya llevaba años queriendo hacer el Camino de Santiago y como pertenezco a esta parroquia me enteré que D. José Felipe lo hacía con los jóvenes así que me puse en contacto con él para ver si podía unirme a ellos.
Tras varios años que por temas laborales o personales no había podido ser este año fue posible.

¿Te fue difícil adaptarte a este proyecto?

La verdad es que no conocía a nadie, solamente a D. José Felipe, pero desde el momento que conocí a todos los monitores me hicieron sentirme una más, aunque tengo que decir que era mucho mayor que ellos.

¿Se requiere una condición especial para formar parte del equipo sanitario del Camino?

A parte de ser sanitario lógicamente, saber que tiene un sentido religioso., que es una peregrinación hacia el lugar donde está la tumba de uno de los apóstoles más importantes en la vida de Jesús.

¿Has tenido muchas intervenciones durante las jornadas?

No han sido demasiadas, pensé que habría muchas más. Son muchos kilómetros y en dos jornadas hizo bastante calor. Lesiones pequeñas, ampollas, piernas cargadas, contracturas, alguna reacción alérgica y una de las chicas sí que tuvo los pies bastante afectados teniendo que dejar de andar. Pero en general ha aguantado todo el mundo fenomenal.

¿Se podría decir que la organización de la delegación de jóvenes, cumple con los requisitos óptimos de seguridad para estos propósitos?

¡Claro que sí! El equipo sanitario estaba formado por un médico y cuatro enfermeros titulados, y a parte entre los chicos iban tres estudiantes de enfermería. Un equipazo.

¿Qué es lo que más te ha gustado de esta experiencia?

Una de las cosas que más me ha gustado del Camino es el haber compartido tantos pasos con gente mucho más joven que yo, con sus ilusiones, sus preocupaciones y por qué no con sus locuras. Han sido muchos kilómetros de risas, de llantos, de música “enlatada” y cantada por nosotros. Y todo esto te une, en esos días nos tenemos los unos a los otros y te llena muchísimo ver como se ayudan entre ellos cuando alguien lo necesita.

¿Habías trabajado anteriormente con jóvenes?

Nunca, aunque en mi profesión algo trato con ellos, pero poco.

¿Se notaba el carisma de fe en los jóvenes durante estas jornadas?

 Muchísimo, vienen de pertenecer a grupos que coinciden en muchos momentos durante el año y muchos de ellos ya se conocían. Otros vienen porque van los amigos y al final vuelven reforzados y segura estoy que repiten el año que viene.

Que pautas esenciales recomendarías a quienes tengan intención de realizar el camino

Según mi experiencia, es muy importante llevar una rutina diaria de andar, que nuestro cuerpo esté acostumbrado a ese ejercicio.
Utilizar zapatillas ya utilizadas anteriormente es decir que no sean nuevas.
Saber que vas a compartir todas las instalaciones con mucha gente por lo que el saber respetarnos hace el Camino mucho más fácil.
Y sobre todo muchísimas ganas de hacerlo, eso te ayuda mucho.

Seguro que habrás tenido anécdotas que se puedan contar …

Muchas anécdotas que espero no se borren de mi mente porque me hacen reír mucho aun ahora cuando me acuerdo de ellas.
Por contaros alguna… el segundo día la llegada fue a Redondela y por la tarde estuvimos en la playa, muchos de los monitores no teníamos pensado bañarnos, pero los chicos se lo montaron de tal forma que acabamos todos en el agua vestidos y con algún móvil incluso, ( decir que no se estropeó).
Y una de las anécdotas más bonitas para mí fue en Caldas de Reís el quinto día por la noche todos tumbados en el suelo escuchando la oración de las estrellas, creo que de los 146 que íbamos debimos llorar 140. No te puedo explicar lo que en ese momento sentí, pero fue realmente precioso.

¿El camino tiene algo de especial?

Indudablemente, como experiencia de superación, de amistad, y como no de Fe…. totalmente recomendable.

¿Cómo fue la llegada a Santiago?

El último día partimos de Padrón dirección Santiago de Compostela, fue uno de los días más largos recorrimos unos 24 kilómetros, además hizo muchísimo calor. Fue la etapa más dura diría yo.
Cuando llegamos quedamos con el equipo de intendencia en un parque de la ciudad para ya pasar todos juntos a la plaza. Imagínatelo, una cruz de madera que llevaban unas veinte personas al hombro, el resto hasta 146 por detrás todos cantando la canción “Cristo tu cruz”, la gente de la calle aplaudiendo y al entrar en la plaza del Obradoiro y ponernos de frente a la catedral alzamos entre todos la Cruz. Un momento inolvidable.

¿Volverías a repetir la experiencia?

 Sin ninguna duda, si Dios quiere el año que viene volveré a andar con ellos.

Si deseas añadir algo más, las ventanas de Siembra se abren para ti.

He compartido kilómetros con mucha gente, pero muchos de ellos han sido compartidos con dos hermanas de aquí de Manzanares, Bea y Andrea, han sido muy especiales para mí, son hijas de una compañera/amiga mía y pensé que las cuidaría yo, gran sorpresa para mí que la gran cuidada fui yo. Darles desde aquí las gracias, y decirles que han sido uno de los regalos que he recibido en este Camino.
Darle las gracias desde aquí a D. José Felipe esto no habría sido posible sin el.

Que todo peregrino llora al menos una vez durante el Camino y que la mayoría de las personas que logran culminar el Camino afirman que una de las mejores cosas que le han ocurrido a lo largo del mismo es que han vuelto a encontrarse consigo mismos. De cinco a ocho horas diarias caminando hace que uno vuelva a meditar, que ningún peregrino dejará de parar ante otro caminante que necesite de su ayuda. Todos coinciden en que es una experiencia única. Gracias Ana Belén por tu dedicación y complicidad.

                                                                                       

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