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Ana Isabel Rubio (Justicia)

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Ellas mandan en Manzanares: Ana Isabel Rubio

¿Qué le atrajo para dedicarse a la carrera judicial?

Cuando era niña leía todo lo que caía en mis manos. Sobre todo, me encantaban las novelas de John Grisham, dedicadas a engrandecer pleitos y juicios en EEUU, tan distintos a los nuestros, pero muy atractivos sobre todo para los legos en Derecho. Ya entonces decidí que me dedicaría al mundo judicial, si bien, en aquel momento, desconocía la función de cada uno de los distintos operadores jurídicos. Un día, creo que aun cursaba ESO o Bachiller, cayó en mis manos el libro de Pilar Urbano sobre el Juez Garzón, “Un mundo sin miedo”, y su descripción de la carrera judicial me enamoró. Cuando comencé la Licenciatura de Derecho tenía claro que prepararía la oposición de Jueces y Fiscales, nunca tuve dudas de que elegiría la opción de Juez. Después de nueve años en la Carrera Judicial puedo afirmar que mi trabajo es apasionante. Requiere vocación, amor por el Derecho y el Servicio Público.

 

Vd ejerce un cargo de gran responsabilidad ¿Ha sentido alguna vez que por causa de ser mujer le costaría más conseguir sus objetivos laborales?

En el acceso a la Carrera Judicial no existe discriminación por razón de sexo. Para el que desconozca qué hay que hacer para ser Juez, el proceso regulado en la Ley Orgánica del Poder Judicial, de acuerdo con los principios de mérito y capacidad, establece un sistema de oposición, publico, al que puede presentarse todo Licenciado en Derecho, y superar tres exámenes eliminatorios, después dos años de prácticas en Escuela Judicial y Juzgados. Durante las últimas promociones de jueces y fiscales, las mujeres que han superado este proceso son mayoritarias. Ahora bien, eso ocurre en la base.

Ya en el desempeño del cargo, sí he comprobado que el trato que me dirigían ciertas personas, no solo justiciables, sino también agentes de la autoridad, o profesionales, era distinto al que le darían a un Juez hombre. No solo reacciones de sorpresa al saber que yo era la persona titular del órgano judicial, preguntas como “oye chica, el Juez cuando viene”, “mira guapa, eso que me lo diga el Juez”, ante denegación de peticiones reclamaciones verbales que a mis compañeros nunca se les hubiese ocurrido, etc.

Por otro lado, sí que existe un gran obstáculo, pero no por el hecho de ser mujer en sí, sino por el hecho de ser mujer y madre. Hoy día la conciliación familiar es un objetivo no cumplido por parte de todos los poderes públicos, y de la sociedad en general. Se da por hecho que es la madre quien debe de organizar la familia, si el niño enferma es ella la que ha de buscar la alternativa, quien ha de llevarlo al médico, la que ha de pedir el permiso. Y aun cuando el padre quiera compartir plenamente el ejercicio de la patria potestad se encuentran trabas infinitas.

 

¿La maternidad es un obstáculo para el desarrollo profesional?

Enlazando con la pregunta anterior, y partiendo de la base de la deficiente regulación de la conciliación laboral y familiar, creo que podrían tomarse multitud de medidas para conseguir que la maternidad afectase en menor medida al desarrollo profesional.

Ahora bien, todo ello depende de cómo quieras vivir tu maternidad. Es decir, si quieres estar presente en la vida de tus hijos, necesariamente el desarrollo profesional se ralentiza. Es una cuestión de incompatibilidad horaria, física. En mi caso, habiendo ascendido a la categoría de Magistrada he preferido consolidar en mi actual destino, y la única razón ha sido estar con mi familia, de lo que no me arrepiento en modo alguno. Los días son largos pero los años son cortos y no quiero perderme la infancia de mi hija.

Por otro lado, la maternidad da una visión distinta a todos los ámbitos de la vida. Te hace madurar de un modo distinto, tus prioridades se ven alteradas, necesariamente. Para mi trabajo supuso un plus de experiencia del que carecía y que valoró de forma muy positiva.

 

¿Qué medidas cree que se deberían adoptar para favorecer la plena incorporación de las mujeres en puestos de responsabilidad?

Para empezar, debemos empezar a creer en nosotras mismas, y ello, reflejarlo en la educación de nuestros hijos, y de nuestras familias. Debe dejarse a un lado esa mentalidad en la que la mujer sea la encargada del cuidado del hogar y los menores, la palabra “colaborar” debe ser reemplazada por “compartir”, y ese cambio únicamente se consigue desde la cuna.

Por otro lado, los poderes públicos y las empresas tienen que empezar a tomarse en serio la conciliación laboral y familiar, con medidas reales y efectivas, teniendo en cuenta a los “padres”.

Y lo digo porque, de otro modo, y salvo en el ámbito público, donde “el dar ejemplo” y la normativa de igualdad se cumple necesariamente, en el ámbito privado, la empresa siempre tenderá a elegir a un hombre, en lugar de a una mujer en edad fértil, aun cuando los méritos y capacidad de ésta sean iguales o superiores.

En el ámbito en el que trabajo, todo el mundo es muy respetuoso y colaborador.

 

¿Qué opinión le merece el sistema de cuotas por el que las mujeres accederían a cargos de responsabilidad?

Creo que es una medida más para intentar luchar contra una discriminación por razón de sexo histórica. No cuento con estadísticas reales, y en todos los ámbitos, para dar una respuesta exacta.

Lo qué puedo decir es que es una medida que tendrá su plena eficacia a medida que pase el tiempo. Esto es, cuando fueron implementadas era difícil su aplicación por la sencilla razón de que la mujer comenzaba a acceder en plenitud al mundo laboral. Y es que es una medida que debe ir acompañada del mérito y capacidad. El nombrar a una mujer por el hecho de serlo lo único que hace es desmerecer al género. Por ello, es una medida que alcanza efectividad cuantas más mujeres puedan acceder al cargo, lo que se conecta con el momento en que éstas pudieron acceder a determinadas profesiones, cuerpos, carreras, etc.

 

¿Cuáles han sido sus referencias en su entorno familiar?

En mi familia nadie se dedica al mundo del Derecho, fui la primera en estudiar esa Licenciatura, en mi familia directa la primera en cursar estudios universitarios. Pero mis padres son mis referentes en todo. Ellos me han enseñado lo que es trabajar para conseguir tus objetivos. Ellos y mi marido me apoyaron durante la oposición, confiaron en mí, y me mostraron y muestran cada día el valor de la familia, del esfuerzo, de la unidad. Me inculcaron unos valores de justicia y ecuanimidad que no se encuentran en manuales o legislación, y que a día de hoy aplico en todos los ámbitos de mi vida.

 

¿Cómo es su día a día en el trabajo?

Mi destino es Juez de Primera Instancia e Instrucción, por tanto, me dedico a resolver asuntos de materia civil en primera instancia y penal en fase de instrucción. Respecto a los primeros, siguen unos trámites y hay una agenda. En cuanto a la instrucción, depende no solo de la agenda, sino también de las guardias que son semanales, de lunes a lunes, 24 horas, 7 días, y un saliente para resolver lo pendiente. Durante las guardias atendemos de forma inmediata y urgente los asuntos con detenido, y, además, en mi caso, al tener la competencia exclusiva sobre materia de violencia sobre la mujer, las denuncias sobre esa materia. A primera hora resuelvo dudas con la oficina, después si hay juicios o declaraciones señalados los celebro. Si entra algo de guardia hacemos malabares e intentamos encajar su tramitación. En los últimos meses todo ello se compatibiliza con la Junta Electoral de Zona que supone mucho trabajo, y además con plazos urgentes y sumarísimos. A veces es como una aventura, sabes a la hora que entras, pero no a la hora que sales. Y todo ello contando con los medios con los que nos dotan, insuficientes a todas luces.

 

¿Cuál es su opinión sobre este pueblo, su ambiente profesional?

Con carácter general, en el ámbito en el que trabajo, todo el mundo es muy respetuoso y colaborador. Entre todos se intenta suplir la falta de medios. Al ser un partido judicial pequeño nos conocemos e intentamos que el ambiente sea el mejor posible.

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