Artículos Historias de antaño y de vida

Apuntes históricos, políticos, económicos y costumbristas de la manchega ciudad de manzanares (y… III)

Manuel Díaz-Pinés Fernández-Prieto

‘GALMANGO’

“Venimos de esbozar en la anterior entrega, la crueldad de los episodios vividos en Manzanares, durante la Guerra de la Independencia, valorando la actuación de nuestras gentes y la del Párroco Álvarez de Sotomayor”.

 … “El triunfo fue rotundo y la posición conquistada, pero, a los pocos días, fue reconquistado por los refuerzos. Las represalias se produjeron a seguido y se ordenó por el mando que los supervivientes fueran pasados a cuchillo sin previa formación de causa.

El Párroco Sotomayor, salió al encuentro de las fuerzas francesas, pero no fue solo. Iba acompañado por el Cristo Arrodillado y pedía que el rigor de su mano se descargara sobre su persona pero que respetaran al pueblo, a sus feligreses y que el sacrificio del Párroco de aquellas almas, saciara sus ansias de sangre. El General Leger Belair, cedió ante el patetismo del momento, perdonó al pueblo y al Párroco y, quitándose el fajín, lo ciñó al Cristo Arrodillado como señal de sumisión y perdón. «Perdón» es el nombre del Cristo, Jesús del Perdón.

Precisamente sobre este episodio del Párroco de Manzanares, en el Gran Teatro, fue representada, el 14 de Septiembre de 1958, la obra de Antonio Iniesta, ‘SOTOMAYOR’, drama en tres actos – el tercero dividido en dos cuadros y apoteosis final en prosa –  con dirección de D. José Díaz de Lope Díaz y un grupo de Teatro del Frente de Juventudes. La representación tuvo tanto éxito de público, que hubo que repetir la obra en varias ocasiones. Entre los actores, estaban Luisillo, Mercedes Díaz, Pepe Enrique, Luis Zárate, Paco Calero … (en las fotografías que se muestran, puede verse el reparto y una foto del Grupo). Esta obra, formó parte del Programa de Actos en honor de Nuestro Padre Jesús del Perdón, del citado 1958, con motivo de las Fiestas Patronales. El evento fue patrocinado por el Excmo. Ayuntamiento de Manzanares, para exaltar la figura del Párroco, D. Pedro Álvarez de Sotomayor, que en un gesto inconmensurable de fe y valentía, salvó al pueblo de ser arrasado por las tropas napoleónicas, historia real de principios del pasado siglo, bien conocida por todos los manzanareños.

También y relacionado con tantos momentos vividos en nuestro pueblo durante la Guerra de la Independencia, hay una publicación destacada de D. José María Rodríguez Rodríguez, historiador y poeta manzanareño, cuyos trabajos, traspasaron las fronteras de nuestra provincia. Había nacido en Manzanares en 1871 y vivió más de 90 años, publicando poesía costumbrista e investigando hechos históricos de su pueblo, que escribía a máquina y repartía personalmente, valiéndose de su bicicleta que le ayudaba a sobrellevar su cojera. En mi poder tengo – mecanografiado por el mismo Sr. Rodríguez – un relato de la citada Guerra, de la que destaco solo unas palabras: “ Veinte y ocho de mil ocho cientos nueve, viendo el Gobierno la fama adquirida por este pueblo, la Junta Central Gubernativa del Reino, le concede en nombre del Rey, Fernando Séptimo, aquel tan deseado, el título de ‘FIDELÍSIMA’, que lo brilla y enaltece y dicha enseña la ostenta en su escudo por su denuedo… Y termina su relato  con las palabras, Viva España, de España la Mancha y de la Mancha, Manzanares”.

En el aspecto folclórico, Manzanares ha sabido guardar, en contra de las corrientes modernas, todo el sabor de sus tradiciones patrias. En los últimos años, grupos de aficionados manzanareños, hombres y mujeres con mucho talento, representaron diferentes zarzuelas en el Gran Teatro manzanareño (ver fotografía, con muchísimas caras conocidas en La Rosa del Azafrán, desgraciadamente ya fallecidas). La seguidilla y la jota manchega aún se conservan como regusto de las costumbres de siglos pasados. Existe una corriente de favor porque estas manifestaciones artísticas no desaparezcan y en la célebre zarzuela «La Rosa del Azafrán» se pone de manifiesto toda la riqueza y tipismo de las costumbres y  se canta con música de seguidilla la letra de D. Federico Romero y Guillermo Fernández-Shaw, siendo la  música del Maestro Guerrero. Estas estrofas del libreto de la Rosa del Azafrán, son memorables y las sabe de memoria casi todo el mundo. Los padres las cantan a los hijos, que ya las aprenden a edad temprana. Por ejemplo:

 

Manzanares, Manzanares

ya no es tierra de manzanos,

pero a mujeres bonitas

no hay quien le gane la mano.

Son esbeltas y bizarras,

son graciosas y arrogantes.

¡Pa gustarle al que me gusta

quién fuera de Manzanares!

 

Desde Manzanaritos a La Solana

hay una legüecita 

de tierra llana.

No hay una yegua que en menos de dos horas

se ande esa legua.

 

Aunque soy de la Mancha

no mancho a nadie;

más de cuatro quisieran

tener mi sangre.

 

Aunque la Mancha tenga

cien mil lugares,

no hay lugar más bonito 

que Manzanares.

 

Manzanares, ha tenido a lo largo de su existencia figuras preclaras de las ciencias y las artes, pero el caso extraordinario, el que en los finales del pasado siglo llamó la atención, fue el de la conocida por la «Ciega de Manzanares» (1818-1894) que, ciega y analfabeta, armó un verdadero alboroto en los medios artísticos y literarios de la Corte.

Sin preparación cultural previa, fue el caso típico de poetisa clásica de metro y rima perfectísimos. A su versificación inmaculada, se unía la sorprendente facilidad de improvisación sobre la base de un pie forzado, quedando boquiabiertos los oyentes. Fue, además, una gran latinista que aprendió solo de oídas a través de las persianas de un Instituto de esta ciudad. Por este procedimiento, llegó a ser profesora destacada y llegó hasta a disertar en este idioma en la Universidad de Granada. Gozó de las preferencias de S. M. la Reina Dña. Isabel II.

La «Ciega de Manzanares», vivió de la caridad y murió en esta ciudad el 26 de julio de 1894, teniendo proyectado el Ayuntamiento la construcción de un monumento que perpetúe su honrosa memoria. Manzanares lo ansía y podrá ver colmado sus anhelos.

Los vinos de Manzanares, estimadísimos en el ámbito nacional, pero que también saben surcar las rutas de los conquistadores hacia tierra de Indias, se encuentran en una fase que puede ser decisiva para su industrialización. El vino se embotella, no solamente los vinos especiales, sino que los vinos comunes, esos modestos vinos que se beben en todas las mesas de España, también están industrializándose con vistas a una mayor difusión de sus excelencias. Todo el mundo podrá saborearlos y, como consecuencia lógica de sus virtudes, ha de incrementarse su venta en proporciones imposibles de calcular.

 En estas tareas de tipo patriótico, merecen figurar con caracteres de distinción las firmas comerciales: Agustín Serrano, Félix Espinar, Carmen G-Calero, Bodegas Felguera, Cooperativa Jesús del Perdón, Antonio Noblejas Velasco y otros muchos que comenzarán a embotellar a no tardar, estando sus proyectos comerciales en vías de ejecución.

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