Artículos de opinión Opinión

Bilingüismo más allá de las aulas

Eduardo Fernández-Medina León

Por lo tanto, no hay que perder la fe con los programas bilingües, pero tampoco alimentar falsas expectativas, ni seguir con ellos si perjudican otras materias o contenidos en la formación reglada, o en ese caso modificarlos.

Han pasado de ser casi obligados a cuestionados por muchos, pero los programas bilingües siguen adelante en las escuelas y el inglés como siempre es muy demandado como materia extracurricular. En Manzanares goza de buena salud en el aula, pero ¿qué hay de lo demás? ¿Y qué puede esperarse de lo que tenemos?

Lo que puede esperarse dependerá de cada etapa, pero no será nada realmente si lo que se pretende es que nuestros hijos aprendan solamente en la escuela o la academia. El bilingüismo parece una de esas palabras que suenan mucho en los medios, pero se entienden poco realmente, o generan falsas expectativas. Al menos los resultados hablan por sí solos, y por suerte parece que la cuestión de si dar una educación bilingüe temprana garantiza que un alumno tenga competencia nativa está superada. Nuestros hijos no lo serán debido a eso, sino a la combinación de varios factores como la motivación, la atención, el entorno social y la aplicación del programa en cada lugar, por nombrar solo algunos. Por muy positivo que pueda ser desarrollar o participar en un programa bilingüe, el centro no es más que una pieza más de las partes que integran el desarrollo del aprendizaje. Si en casa no se produce ningún contacto con el inglés a un nivel básico, como escuchar música o ver algo en inglés, el bilingüismo no es real. Y dentro de esto, conseguir la motivación propia por parte del alumno es difícil. Si el alumno no ve una utilidad práctica real en aprender otra lengua, no se va a interesar por el bilingüismo por sí mismo y los programas de inmersión se quedarán en algo superpuesto y superficial. Y conseguir que lo haga es algo muy complicado que no depende solamente del aula, especialmente entre los adolescentes.

En Manzanares no hay por desgracia muchas facilidades para que el inglés entre por otros canales no virtuales, y en cierto modo es comprensible. Sin estar aislado, no es un lugar por el que haya un volumen de turismo o negocios que lo hagan necesariamente presente. Un turista inglés caminando por las calles no tendría fácil comunicarse en su lengua más allá de un nivel muy básico. Lo normal en España, vamos. Y tampoco hay una presencia en otros aspectos como la música. No hay bandas que canten en inglés salvo alguna versión, por poner un ejemplo. Suena menos música inglesa que antes del reggaeton. Tampoco se proyectan películas en versión original ni hay mucho teatro en inglés. Ni se demandan. Sería interesante comprobar el nivel de cosmopolitismo local de boca de un “nativo”. Tal vez por esa ausencia, el inglés como extracurricular sea popular. No es fácil encontrarlo en otras partes. Y tampoco es fácil extenderlo más allá de donde está. Habrá quien se consuele pensando en el nivel de castellano de algún lugar parecido allá por Reino Unido. Pero lo destacable es como la presencia –o la ausencia en este caso- de algunos de esos aspectos puede influir en el aprendizaje de una lengua. Cuanto más presente está, más se aprende, eso es obvio. Y no vamos en cabeza en eso precisamente.

Así que los programas bilingües y extras son la alternativa a esa carencia. Pero no se les puede pedir que hagan todo por sí solos. La labor en casa es importante. Y en cuanto a la clase, hay cuestiones sobre las que se debate mucho, pero en ocasiones las respuestas a las mismas son más que simples binomios. ¿Nativo? ¿No nativo? ¿B2? ¿C1? Un buen nivel de inglés siempre será necesario, eso está fuera de debate, pero sobre todo se debe valorar que sepa enseñar, algo fácil de decir, pero bastante complicado de hacer. Sea cual sea la respuesta, hay que tener en cuenta que en la mayoría de los casos el profesor no es nativo. En ese punto es evidente la imposibilidad práctica de lo que se ofrece. Ofrecer un programa “bilingüe” ya de por si tiene unas connotaciones de competencia nativa, lo que lleva a error, ya que los profesores son de cualquier parte salvo del Reino Unido. Es por esos argumentos por los que se podría acusar a estos programas elevadas pretensiones pedagógicas de este tipo de programas cuando generan falsas expectativas. Lo que sí puede esperarse es que se invierta lo máximo posible en la formación de ese profesorado y que ésta sea aprovechada. Pero hay habilidades más preciadas que la competencia nativa. La resolución de conflictos, por ejemplo. Cuando se produce un comportamiento inadecuado en clase, por ejemplo, tratar de explicarle a un alumno en inglés un asunto más complejo, resulta una tarea absolutamente inútil, aunque el profesor tenga buen nivel de idiomas. Y no olvidemos que esas situaciones pueden suponer más de la mitad del tiempo real de clase. Por otro lado, si el alumno sabe que el profesor se llama, digamos, Manolo, y es de La Solana, tratar de hacerle creer que esa situación se va a resolver en inglés resulta algo totalmente impostado y artificial.

Sin duda sería interesante poder aplicar el bilingüismo más allá del aula para hacerlo más efectivo, pero no es fácil por estas tierras.

Lo mejor que se puede pedir a un programa bilingüe o a unas clases de inglés es adaptarse a los alumnos a nivel puramente académico, pero a la vez lúdico y motivacional. Y eso depende de la etapa. Para infantil y primaria, lógicamente más juegos y música, pero también una introducción a la lectura. No veo necesarias las tareas siempre que ya lleven del colegio. Los audio libros y cómics en clase son un gran recurso cuando son bien utilizados. La tecnología puede ser genial, pero combinada con técnicas tradicionales. Puede servir para introducir muchos conceptos de una forma muy rápida, y para jugar, algo muy importante. Pero cosas tan denostadas hasta hace poco como un dictado puede ser incluso estimulantes para algunos alumnos.  El uso de la tecnología es fundamental, pero tiene sus límites. Hay imposibles. Sería fantástico poder dar una clase en inglés a 3º de ESO y que los alumnos tuvieran sus móviles a mano para poder consultar palabras en wordreference. Pero también es un disparate porque no harán un uso responsable de la misma. El profesor puede controlar algo de su aplicación en el aula, ya hay recursos fantásticos en la Web, pero tal vez sean más importantes los aspectos de la tecnología sobre los que el profesor no tiene el control, por ejemplo, las redes sociales. Un profesor que consigue que su alumno busque algo en Internet por sí mismo es más valioso que muchas otras cosas.

Por lo tanto, no hay que perder la fe con los programas bilingües, pero tampoco alimentar falsas expectativas, ni seguir con ellos si perjudican otras materias o contenidos en la formación reglada, o en ese caso modificarlos. Sin duda sería interesante poder aplicar el bilingüismo más allá del aula para hacerlo más efectivo, pero no es fácil por estas tierras. Por lo tanto, el punto de partida es como siempre uno mismo. Mi consejo sería no obsesionarse demasiado con los programas bilingües, y tomárselo con calma escuchando un poquito más de música en inglés o leyendo algún cómic o revista de vez en cuando en otra lengua. Menos ambicioso y más efectivo, sin duda.

 

 

 

 

 

 

COMPARTE

Deja un comentario

*

Artículos de opinión Opinión

Ya hemos salido de éstas

La recogida de basuras

Juventud, divino tesoro.