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Campamento de preadolescentes de la Parroquia Altagracia

       Cristina Fernández-Pacheco Sánchez-Migallón

Un año más termina el mes de julio y con él también lo hace el campamento de preadolescentes de la Parroquia de Altagracia, han sido seis intensísimos días en la Huerta Carmela de Ciudad Real, donde hemos construido todos juntos nuestra ciudad, la cual ha sido habitada por un grupo de preadolescentes acompañados de monitores que durante sus vacaciones deciden dar lo mejor de si para los demás y crear entre todos una gran familia.

Todo comienza un 23 de julio, a las 11.30 horas de la mañana el bullicio que se podía oír en la puerta del parque del polígono presagiaba que algo grande de nuevo iba a suceder, niños y niñas cargados con sus mochilas y sacos de dormir eran el preludio de una semana que ninguno de los que allí estuvimos podremos olvidar. Setenta preadolescentes con edades entre los 12 y los 14 años, los monitores, intendencia, cocineras y Josefe nos poníamos rumbo a comenzar una semana repleta de actividades, pero ante todo una semana de trabajo en grupo y de crecimiento personal.

Al llegar allí, comimos y nos organizamos por grupos, era el momento de conocer a nuevos compañeros con los que íbamos a compartir la semana, las tareas y sobre todo a comenzar a entablar una amistad, amistades que surgen de manera espontánea y que en ocasiones pueden marcar tu vida para siempre.

Todo aquello que se construye lleva implícito un esfuerzo y un trabajo, de eso se trata de trabajar juntos y nuestra primera gran tarea era montar las tiendas de campaña, nunca antes la mayoría de nosotros nos habíamos visto en una circunstancia parecida, “tensa bien los vientos, sujeta la cuerda, estiraaaaa….”, que tarde más entretenida pasamos hasta montar las  7 tiendas, indispensable las indicaciones de los monitores y en menos de dos horas todos juntos lo habíamos conseguido.

Ahora tocaba disfrutar de una semana llena de momentos entrañables, cada día trabajaríamos un valor, el esfuerzo, el trabajo, la ayuda, la aportación…, cada día nuestra ciudad contaba con algo nuevo, conocimos la historia de Alarcos, de nuestros antepasados, marchamos durante kilómetros para llegar hasta la ermita, juegos, batallas y todo como siempre lo conseguimos trabajando en equipo. Teníamos ratos para todo, piscina, donde jugábamos a las cartas, bailábamos, comíamos chuches, hablábamos y disfrutábamos de la naturaleza en estado puro.

Cada día tocaba limpieza general del campamento, todos limpiamos lo de todos, compromiso en mantener limpia nuestra ciudad, nuestra casa, nuestro nuevo hogar. Tardes de talleres donde nos divertimos fabricando nuestras pulseras, pañoletas….

Los días van pasando y sin darnos prácticamente cuenta somos una gran familia, nos divertimos en las veladas nocturnas, sobre todo con la noche del terror, nos cuesta muchísimo conciliar el sueño, muchas emociones se agolpan y nos hacen sentirnos muy afortunados de poder disfrutar de una semana como esta. No sabemos cómo, pero llevamos días sin móviles, sin consolas, sin wasap, hemos comprobado como podemos vivir sin ellos y lo más importante como nos lo pasamos fenomenal.

Llega el domingo un día muy importante en nuestra ciudad, somos cristianos y es un día de celebrar, de convivir aún más, realizamos la eucaristía, unión, compromiso, fe…, seguimos creciendo y adquiriendo valores fundamentales de manera natural.

Se acerca el final, es el momento de hacer balance, de retroceder en el tiempo…, de pensar en el mes de octubre cuando nos juntamos por primera vez para plantearnos como iba a ser este año nuestro campamento…, tiempo de trabajo y esfuerzo por parte de un gran equipo, en la parroquia hemos pasado muchas tardes, pensando e ideando que hacer y como llevar a cabo este año el campamento. En este instante en el que muchos recuerdos nos acompañan, puedo decir que hemos sido un grandísimo equipo, hemos trabajado todos juntos, hemos sido una piña, nos lo hemos pasado fenomenal, hemos reído, compartido secretos y confidencias, para nosotros también ha sido una semana muy especial.

A través de este medio quiero agradecer a Josefe, su esfuerzo y dedicación para que nuestros hijos puedan disfrutar de tanto…, a las cocineras por su cariño y su trabajo, a los monitores por demostrar su compromiso, su ayuda, su fe y transmitirla a los demás de una manera tan mágica y como no agradecer a los padres y madres que nos regalen una semana con sus hijos e hijas porque es verdad que son unos días muy muy duros y de mucho trabajo pero os puedo asegurar que todos los que formamos parte del mismo regresamos a casa con las pilas cargadas de todas y cada una de las enseñanzas que adquirimos con estos preadolescentes que tanto necesitan reforzar su fe, su autoestima, su autoconcepto, su capacidad de superación, afianzar lazos con los demás.

No se trata de un punto final sino un punto y aparte, la historia continua, seguiremos como decía Jesucristo dando y creando testimonio de vida y de fe.

Gracias a todos los que con vuestra ayuda hacéis posible que construyamos y nos convirtamos en testimonio de vida. Hasta el año que viene y sed felices.

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