Iglesia asuncion

Carta de un Párroco a sus feligreses – Abril 2019

 

“Yo, caballero de la Triste Figura…”

Luis Gallego Villena, Párroco       

Estimado amigo y feligrés:

No te extrañe el título de esta carta que, como siempre, te dirijo con total confianza. Me ha sugerido el tema de esta comunicación una partecica de la carta que el Apóstol Pablo dirige a los cristianos, el mensaje que el Espíritu Santo envía a su Iglesia (Efesios 4, 1-6) y dice así:” Por eso yo, que estoy preso por la causa del Señor, les ruego que vivan de una manera digna del llamamiento que han recibido, siempre humildes y amables, pacientes, tolerantes unos con otros en amor.  Esfuércense por mantener la unidad del Espíritu mediante el vínculo de la paz.  Hay un solo cuerpo y un solo Espíritu, así como también fueron llamados a una sola esperanza; un solo Señor, una sola fe, un solo bautismo; un solo Dios y Padre de todos, que está sobre todos y por medio de todos y en todos.”       

        Nos anima el Apóstol a ser:

  • Humildes y amables,
  • Pacientes y tolerantes,
  • Vuestras relaciones estén motivadas por el amor.

        Sabed, nos dirá:

  • Mantener la unidad,
  • Vivir la esperanza,
  • Pues tenéis un solo Dios y un solo Padre.       

En suma, nos hace una verdadera llamada a la santidad, nos anima a ser verdaderamente caballeros en el espíritu y elegantes en nuestras relaciones con los demás. Atentos a todos y delicados y detallistas con todas las personas.       

El título está tomado del libro de D. Miguel de Cervantes, Don Quijote de la Mancha, (2ª parte, cap. XVI).” “Yo, señor Caballero de la Triste Figura, soy un hidalgo natural de un lugar donde iremos a comer hoy, si Dios fuere servido. Soy más que medianamente rico y es mi nombre don Diego Miranda. 

Alguna vez como con mis vecinos y amigos y muchas veces los convido; son mis convites limpios y aseados y no son escasos, ni gusto de murmurar ni consiento que delante de mí se murmure; no escudriño las vidas ajenas ni soy lince de los líos de los otros, oigo misa cada día, reparto de mis bienes a los pobres, sin hacer alarde de las buenas obras, por no dar entrada en mi corazón a la hipocresía y vanagloria, enemigos que blandamente se apoderan del corazón más recatado, procuro poner en paz  a los que están desavenidos; soy devoto de Nuestra Señora, confío siempre en la misericordia infinita de Dios Nuestro Señor” (Cf. MIGUEL DE CERVANTES, Don Quijote de la Mancha p.2.)       

Sí, mis amigos, para ser santos hay que ser verdaderamente caballeros que practiquen las virtudes humanas y cristianas.

        Hasta la próxima.  Afectísimo.

 

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