Iglesia asuncion

Carta de un Párroco a sus feligreses.

Luis Gallego, Párroco.

EL GRAN DESCONOCIDO

Querido hermano y amigo:

Cristo es una persona LEAL, cumple siempre su PALABRA.

“Yo rogaré al Padre y Él os dará otro Consolador, para que esté con vosotros siempre, el Espíritu de la Verdad…”(Jn.14, 15). Claramente se está refiriendo al Espíritu Santo, cuya venida a la Iglesia Él promete y Él cumple.

Al Espíritu Santo se le ha llamado el GRAN DESCONOCIDO, y quizá haya razones para llamarle así. Ya pasó desde el principio: “Aconteció que, Pablo, después de recorrer las regiones superiores, vino a Éfeso y hallando a ciertos discípulos, les dijo: ¿Recibisteis el Espíritu Santo cuando creísteis? Y ellos le dijeron: Ni siquiera hemos oído si hay Espíritu Santo. (Hechos XIX, 1ss.).

Y sin embargo, el Espíritu Santo es el santificador, quien conduce nuestra vida para que se realice según Dios.

Escuchad lo que les predicaba el Cura de Ars a sus feligreses: «Sin el espíritu Santo, todo se enfría. Los sacramentos no nos habrían salvado sin el Espíritu Santo. Aunque Nuestro Señor hubiese muerto, eso no bastaría si el Espíritu Santo no hubiese venido a santificarnos y hacer fructificar en nosotros ese torrente de gracias. Es como si nos dieran un tesoro. Haría falta alguien para distribuirlo. El Padre nos ha dado a su Hijo, el Hijo se ha dado a sí mismo, y el Espíritu Santo ha venido a distribuirnos todas sus gracias«. Cura de Ars. Citado por J. FABREGUES.

El Espíritu Santo nos descubre la verdad y nos fortalece para vivirla. Así, los discípulos entendieron a Jesús gracias al ESPIRITU SANTO. Antes de recibirlo se escandalizan ante la CRUZ, ¡están llenos de temores y complejos y con la gracia del ESPIRITU pasan a ser testigos del Señor, valientes del Señor hasta dar la vida por Cristo!

Por los frutos que se dan en nuestra vida conoceremos si estamos influenciado por el Espíritu Santo: “Por sus frutos los conoceréis.” ¿Acaso se recogen uvas de los espinos, o higos de los abrojos? Ma. 7, 16

Querido amigo, aquí tienes, tal cual lo dice San Pablo mismo (Gálatas 5, 19-33), unos criterios acertadísimos para saber distinguir los frutos de la carne, de la mundanidad, del pecado y los verdaderos frutos que llevan las personas que, influenciadas por el Espíritu Santo producen en su vida.

Frutos del mal espíritu: «Las obras de la carne son: fornicación, impureza, idolatría, hechicería, enemistades, contiendas, envidias, rencores, rivalidades, partidismos, sectarismo, discordias, borracheras, orgias y cosas por el estilo.

Frutos del Espíritu Santo son:

– amor, – alegría, – paz, – comprensión, – servicialidad, – bondad, – lealtad, – amabilidad, dominio de sí. (Gal. V, 19-23)

Querido hermano: Pido al Espíritu Santo que, cada uno de nosotros, dóciles a sus indicaciones, vivamos la vida como verdaderos hijos de Dios, tocados e influenciados por el Espíritu Santo.

Hasta la próxima, si Dios quiere.

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