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Cerebro, salud y emociones

Mayte Criado Núñez

La salud es un estado en el que nos sentiremos bien, tanto física como psicológicamente, y sentirnos bien depende de cómo nuestra mente gestione y afronte la vida y las circunstancias que ésta nos ofrezca, de la forma más eficaz posible

Los pensamientos influyen de manera muy considerable sobre nuestra manera de sentir. De hecho, está demostrado que mantener diariamente pensamientos negativos repercute seriamente sobre nuestro estado físico a medio plazo, algo que, sin duda, supone un importante problema de salud para la población.

Nuestra mente es la gestora del funcionamiento de todos nuestros mecanismos internos, es decir, del funcionamiento de nuestros órganos, incluso de los más automáticos e instintivos. Por ello, si en ella reside la capacidad de dirigir, gestionar, coordinar y hacer que todo nuestro organismo funcione, esta tiene mucho que hacer para nuestra salud. La buena noticia es que, desde nuestra mente, tenemos la capacidad de generar bienestar o malestar, aunque no seamos conscientes de que lo estamos haciendo. La salud es un estado en el que nos sentiremos bien, tanto física como psicológicamente, y sentirnos bien depende de cómo nuestra mente gestione y afronte la vida y las circunstancias que ésta nos ofrezca, de la forma más eficaz posible.

En los últimos años han surgido diversos estudios relacionados con lo que se ha denominado Neurociencia de la felicidad. De hecho, desde hace relativamente poco tiempo, los Neurocientíficos y los Psicólogos han comenzado a investigar los estados cerebrales asociados con los componentes de la felicidad y a considerar la relación con el bienestar. Se ha descubierto que la capacidad de mantener una emoción positiva es un componente clave del bienestar psicológico. Los beneficios de las emociones positivas están bien documentados; por ejemplo, se ha comprobado que las emociones positivas mejoran la salud física, fomentan la confianza y la compasión y compensan y/o amortiguan los síntomas depresivos. También se ha encontrado que las emociones positivas ayudan a las personas a recuperarse del estrés y que incluso pueden contrarrestar los efectos de las emociones negativas. Además, las emociones positivas promueven una mejor conexión social.

Finalmente, queda añadir que el ser humano dispone de capacidades y habilidades psicológicas suficientes como para poder hacer frente a cualquier adversidad que se cruce a lo largo del camino de su vida. Sin embargo, no siempre somos capaces de sacar a la luz estas habilidades, lo cual hace necesario pedir ayuda profesional para encontrar la guía que necesitamos cuando peor nos sentimos.

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