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Como el Maestro Agustín

                                 Manuel Rodríguez Mazarro

                             Existe un dicho popular que se le achaca a un vecino de Manzanares, maestro que fue de primeras letras de la enseñanza. La frase dice: –“Como el maestro Agustín ¿pelo al perro? pélelo usted”. Y así quedo la cosa, sin otro resultado que hay que contar la razón de ello para comprender el resultado de aquel suceso que encierra su intríngulis del personaje Agustín.

                Para ello intervine en la búsqueda del personaje Agustín y sus detalles, del cual tuve la suerte de encontrar un documento que aclaró la anécdota de la frase su dicha. Este escribe: –“Digo yo Agustín López Camacho vecino de Manzanares y maestro de primeras letras, Que hasisten oy ami Escuela ciento y quince párvulos y de estos varios pobres de solemnidad y por asi lo certifico, Manzanares 22 de febrero de 1800”.

                Dicho maestro Agustín tiene buena letra, aunque la llamada de ortografía es como los jóvenes mandando “guasas” en móvil, ese: “oy”, “hasisten”, “ami”. En aquellos años de 1800, la mayoría eran analfabetos, pero avispados. Otro compañero llamado Pedro José Díaz Peñalber que también hace declaración con otro escrito igual sobre los párvulos que asisten a su escuela, este es de ciento y cuatro. Entre los dos cubrían casi doscientos veinte, posiblemente serían el total que fuesen a la escuela.

Voy al suceso que se cuenta del maestro Agustín López y cuya frase viene a decirnos que debía ser tranquilo, buen carácter y poquitos problemas con escándalos de sus aprendices, de los que tenía “vara ancha”.  

Se comentaba que: –Un día de aquellos, el maestro Agustín acudió a la peluquería de un tal Agapito de la Fuente, en la calle Camarenas casa lindera a Matías Carrión s/n. Dicho barbero que tenía oficios varios, sacaba muelas, ponía sanguijuelas, cataplasmas, inyecciones, pelaba y afeitaba a todo ser viviente, entre otras cosas de “hacer de Celestina”. Día frío y al pasar a la peluquería Agustín, al mismo tiempo entró un perro anónimo hecho un adefesio que con toda confianza se tendió al lado del brasero de leña.

El personaje de multiusos pensó que pertenecía al maestro Agustín, el peluquero Agapito pregunta al cliente: –¿quiere que pele al perro?,–¡Pélelo usted!, dijo el interpelado. Y mientras trabajaba, el peluquero preguntaba: –¿Quiere usted que le repase las orejas? —¡repáseselas! respondía Agustín. –¿Quiere que al mismo tiempo le retoque el rabo? –¡Haga lo que usted quiera, yo he venido a mi pelo y aféiteme!

Y, finalmente, acabó el barbero de pelar al maestro Agustín y al perro, y dijo: ¿Qué le parece a vuesa merced?, se encogió de hombros, miro al chucho y respondió: —Bien; de todas formas, el sabueso no es mío. El maestro Agustín pagó su importe por afeitado y pelado, el can recibió el pago con el escobón de vara verde y otros utensilios manuales de Agapito.

Los dichos y frases hechas son parte esencial de los pueblos y fueron quedándose en los comentarios de nuestros mayores, llegando algunas a nuestros días, otras se han perdido en la niebla de la historia. Algo podemos figurarnos, tuvo su encanto para nuestros tatarabuelos, serían los que aprendieron las primeras letras, no había libros, cartapacios, cabás, plumieres de lapiceros de colores, reglas, compases, ni siquiera bolígrafos, impensable la pizarra, solo había mocos y algún que otro piojo enredado en pelo deportivo.

Personajes que se perdieron, parece mentira que aun pensemos “algunos”, los resentidos, nunca llegarán a ser el “maestro Agustín López” ¡claro está! que hay que borrar la memoria histórica. ¿De qué?, la historia la hicieron nuestros antepasados, todo es respetable y el bienestar actual se empeñan algunos en hacerlo desagradable, ¡cuesta arriba!, en vez de ir solucionando los graves problemas de nuestro pueblo. ¡Libertad no es libertinaje!, ¡Igualdad no es …orgullo!, ¡conservador, no es ser fascista!,…

 

                                                             

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