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Contaminación acústica

Pedro Lozano Martín-Buro

¿Quién se acuerda de los vecinos del río? Tú y yo, no, y los políticos, nasti de plasti. Ese nivel de ruido constituye una realidad que el Ayuntamiento no puede ignorar. Los límites de decibelios están regulados por las ordenanzas municipales sin embargo en ferias y fiestas se mira para otro lado y las consecuencias las sufren, especialmente, los vecinos más cercanos.

Mediados de julio, 21.00 horas, avenida Cristóbal Colón, empieza el asedio. Fuego amigo, daños colaterales, ventanas cerradas, cristales vibrando, calor y aire acondicionado a tope. Que duerma quién pueda, no hay tregua para la resistencia de los vecinos del río. Quién da más.

Pasear por la feria es lo mismo, misión imposible, es una cruzada acústica. Del árbol gordo a la feria del campo compiten los decibelios de la tómbola Ecijana con las carreras de camellos y con las sirenas de los caballitos que al fondo anuncian el próximo viaje. Cada año el sonido es más alto y los altavoces más potentes. Pobres vecinos, menuda papeleta. Juzguen ustedes mismos:

—La única solución es irse de vacaciones. Todos los años nos vamos en la feria. No hay quién lo aguante, me despierto con la musiquilla en la cabeza como un soniquete—dice un vecino del barrio, al preguntarle—. No hay quien soporte el ruido de las atracciones. ¿Por qué no lo ponen en otro sitio? Tenemos un recinto en la feria del campo que es la envidia de la provincia, vallado, con calles asfaltadas, luz, agua, servicios públicos y aparcamientos. Es el sitio ideal, está un poco más alejado y el ruido sería menos molesto y…no lo utilizamos —con cierto titubeo—.

—Llevas razón ¿qué sugieres? —le pregunté—.

—Pues que le den mayor utilidad —contestó rápidamente—Pueden convertirlo en un espacio multifunción dónde se pueda celebrar la feria del campo, la de julio, los medievales y San Isidro. Lo que quieran, todo concentrado, pero por el Amor de Dios con menos ruido y que nos dejen descansar —lo decía de forma enérgica—, deben hacer algo y no mirar para otro lado. —El seguía en sus trece y me decía— La contaminación acústica seguiría existiendo, claro que sí, pero con límites. En ese recinto ferial las atracciones podrían ubicarse paralelas a las vías, lo más lejana posible de las viviendas, con sentido común, que sé yo. Lo que sea pero en otro lugar—lo decía, con la mirada baja y con poca fe, sabiendo lo que le esperaba esta feria—.

¿Quién se acuerda de los vecinos del río? Tú y yo, no, y los políticos, nasti de plasti. No quiero juzgar la opinión de este vecino, lo dejo a tu criterio, estimado lector, pero sí quiero detenerme en una de sus reflexiones, la contaminación acústica de los caballitos y la feria en general, ya que considero que es un tema que debe corregirse, regularse y controlar de alguna manera. Los altavoces multiplican sus decibelios año tras año. Cada vez más alto. Las fiestas de la Divina Pastora son un claro ejemplo. Ese nivel de ruido constituye una realidad que el Ayuntamiento no puede ignorar. Los límites de decibelios están regulados por las ordenanzas municipales sin embargo en ferias y fiestas se mira para otro lado y las consecuencias las sufren, especialmente, los vecinos más cercanos, siempre los mismos. No sugiero que se silencie la feria, qué va, pero está claro que algo ha cambiado desde que las fiestas se amenizaban únicamente con una orquesta. Algo se debe hacer sino esto se nos va a de las manos. Debemos pedir soluciones para prevenir el exceso, para que elijan el lugar donde menos perjuicios causen y que regulen y controlen el volumen de los amplificadores de los feriantes. Aunque los afectados sean una minoría sus derechos deben ser respetados.

No es descabellado, ya hay movimientos vecinales en otras localidades cuyas reivindicaciones empiezan a ser atendidas por los Juzgados, un ejemplo reciente es la Sentencia del Tribunal Superior de Justicia de Madrid, 704/2018 de 22 de noviembre, que condenó a un Ayuntamiento a indemnizar a varios vecinos (500€ por día) por el ruido de las fiestas patronales y a que adoptase las medidas necesarias para asegurar que los niveles de ruido no superasen, en momento alguno, los límites legalmente establecidos. No es posible quedar bien con todos, lo entiendo, pero el Ayuntamiento no puede ignorar sus obligaciones aunque los afectados representen solo una minoría. Vecinos del río tomad nota.

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