Psicología Temas de hoy

Depresión de la tumbona

Mayte Criado

Psicóloga

 Aunque parezca mentira, existe un fenómeno en apariencia extraño, pero del todo real, que hace que algunas personas experimenten síntomas depresivos durante su periodo vacacional. Cierto es que la mayoría de las personas viven sus vacaciones con disfrute, e incluso con plenitud. Sin embargo, para unos pocos puede ser el comienzo de un infierno. Algo realmente intrigante dado que, incluso estos pocos que se deprimen durante el verano, son los mismos que durante el largo invierno ansían, como la mayoría, la llegada de las vacaciones.

Resulta que durante las vacaciones de verano, muchas personas tienen demasiado tiempo libre, y eso da lugar a que sus mentes empiecen a dar vueltas a las cosas de manera, a veces, obsesiva. Casualmente, cuando atravesamos periodos de inactividad, los pensamientos suelen ser más bien negativos, algo que sin duda va a repercutir de mala manera sobre nuestro estado de ánimo.

Si bien es cierto que la exposición al sol suele generar beneficios en la población general, existe un número reducido de personas que experimentan el efecto contrario. Si a la horrible sensación de calor y sudor que algunos sienten, le sumamos la mayor dificultad para conciliar el sueño en las noches veraniegas, tenemos el tándem perfecto para el desarrollo de síntomas de irritabilidad que, tarde o temprano, terminarán afectando al estado de ánimo.

Hay que decir también que nuestro cerebro no está tan preparado para las vacaciones como nos gustaría y menos cuando todas las expectativas son peores de lo que habíamos imaginado. Ver que todo el mundo se lo pasa en grande (o eso parece) tampoco ayuda. Explicaré esto mejor; uno de los factores que dificulta la buena relación de nuestra psique con las vacaciones es la tendencia humana a generar expectativas idílicas. En una mirada superficial sobre la vida estival es fácil llegar a la conclusión de que todo el mundo se lo pasa fenomenal. De hecho, incluso los que están en un mal momento anímico parecen estar disfrutando a tope: salen mucho, beben, bailan… Nuestra mente imagina que eso es lo que va a ocurrir con nosotros, y es muy habitual que nuestras esperanzas utópicas queden decepcionadas.

Otro factor psíquico que contribuye a esta tendencia a las expectativas excesivamente idealizadas es nuestro recuerdo. La memoria no está hecha para almacenar el pasado, sino más bien para animarnos y darnos fuerza para emprender planes futuros.

Olvidar las cosas negativas que han ocurrido en nuestras vacaciones anteriores, recordar los deseos satisfechos y teñir lo ocurrido con una continua felicidad idílica suponen buenas estrategias para afrontar con ánimo y alegría el periodo estival.

Asimismo, resulta fundamental aceptar que vivimos en un país cuyo clima nos obliga a vivir cada año ciertos meses de verano, y con él el calor. Asumir que esto es así y no luchar por algo que es inevitable, también ayudará a tener una mejor actitud y a no experimentar síntomas depresivos.

 

 

 

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