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¿Desconectamos?

Consoly León Arias

   Las nuevas tecnologías, tan necesarias y presentes en nuestros días, desde las postrimerías del pasado siglo, nos ofrecen múltiples posibilidades, siendo quizás la más destacadas, las de conectar a las personas entre sí, con inmediatez de esta era digital, fruto del desarrollo de nuestra sociedad, y su vinculación con el  conocimiento y uso de Internet, como herramienta fundamental.    
Por el contrario, también encontramos frecuentemente, la mala praxis de algunos usuarios, que no saben ni cómo, ni cuándo, desconectar.      

Pero, ¿realmente podemos/queremos desconectar de nuestros dispositivos digitales?, ¿nos apetece apartarnos de las nuevas tecnologías?, ¿es saludable estar 24 horas “conectado”?,          
¿qué interés nos empuja a estar permanentemente “disponibles” o “en línea”?.     
Parafraseando al gran filósofo Aristóteles: en el término medio está la virtud; y es que lógicamente, el buen uso de las nuevas tecnologías, puede dotarnos de infinitas oportunidades  lúdicas y/o laborales, e introducirnos más si cabe en la sociedad del bienestar, pero teniendo presente la “evasión”  de esa “ otra realidad”, para que nuestro cerebro descanse, y podamos disfrutar de lo que nos rodea,  que a menudo eludimos, para priorizar la inteligencia artificial, y haciendo caso omiso de las relaciones humanas, lo verdaderamente importante.     

No viaja más quien más fotos sube a “la nube”, ni es mejor o más eficiente el que nos responde inmediatamente a un WhatsApp.

Actualmente, estar “a un clic” del e. Mail, cualquier red social, o el teléfono móvil, va asociado con la distinción de una persona; pero jamás debemos olvidar que si estar “disponibles” para “ayudar” a otros es una actitud solidaria, también lo es “estar” para nosotros mismos, dedicándonos un poco de tiempo.
Hemos de reivindicar así, mediante nuestra actitud, el derecho a   nuestro espacio e intimidad, y por consiguiente, debemos permitirnos desconectar de todo, ponernos en “modo off” y vibrar con una puesta de sol, una conversación con amigos, la lectura de un buen libro, practicar deporte, o escuchar música.        
Lamentablemente, la realidad puede superar a la ficción en el universo digital. Así las cosas, no viaja más quien más fotos sube a “la nube”, ni es mejor o más eficiente el que nos responde inmediatamente a un WhatsApp.   
Las nuevas tecnologías en las cuales nos desenvolvemos, nos ayudan a responsabilizarnos  del uso que hacemos de ellas, poniendo limitaciones para no caer en la esclavitud de lo que algunos denominan una nueva forma de vida.   
En medio de esta vorágine, nos cuesta imaginar como hace cierto tiempo, nuestros padres o abuelos podían prescindir del teléfono (fijo), o incluso, esperasen semanas para poder leer determinada correspondencia.
En estos instantes tenemos el “privilegio”, de “contactar” ipso facto con personas próximas o remotamente alejadas de nosotros, geográficamente hablando, conocidas o desconocidas, asumiendo hasta donde queremos llegar con la utilización de estas “modernas herramientas”, para no exponernos demasiado al universo virtual, que amenaza con atraparnos con sus hechizantes “cantos de sirena”.         
En definitiva, hemos de reflexionar y concienciarnos de que las nuevas tecnologías, siempre tan “disponibles” para    facilitarnos la existencia, pueden entrañar riesgos, resultando un arma de doble filo si no se emplean correctamente.    
Somos “libres” para decidir quedarnos “enganchados” o tener vida propia.

¿Desconectamos?

 

 

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