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Desconfianza en la política

Diego R. Gallego Fdez.-Pacheco

Según las conclusiones del informe sobre Calidad de Vida en nuestra región elaborado en 2017 por EAPN-CLM, en la dimensión relativa a Gobernanza y Derechos Básicos, se manifiesta por los ciudadanos una acusada desconfianza en las instituciones políticas y lo que es peor, un gran desinterés sobre participar en actividades políticas.

El informe de la Red Europea de lucha contra la Pobreza concluye que sobre una escala entre 0 y 10, la totalidad de las personas valora tan solo con un 1.9 su grado de confianza en el sistema político. En lo referente a participación (excluyendo las votaciones en las elecciones), solo el 4,9% de la población regional ha participado en actividades de partidos políticos. Estos datos correspondientes a Castilla la Mancha no son muy diferentes a los del resto de España.   

 Es obvio, que en términos generales, nuestros políticos siguen un camino que se separa bastante del de los ciudadanos de a pie. Algo parecido expresaron hace unos días en un debate organizado por la SER, el que fuera Presidente de la Junta de Andalucía, José Rodríguez de la Borbolla y el exministro Juan Ignacio Zoido. Rodríguez comentó que la crisis mundial ha hecho que mucha gente se sienta sin asideros, lo que provoca un rechazo a todo lo institucional. Por su parte, Zoido reconoció que se ha producido un distanciamiento entre los políticos y los problemas reales de las familias.

Ese divorcio entre la clase política y los ciudadanos, que también tiene una componente global, está generando la eclosión de formaciones políticas y líderes poco democráticos, con buenos resultados electorales, pero que auguran un futuro incierto y preocupante. A la vista de las alarmas de esa naturaleza, después de más de 30 años de autonomía, el actual gobierno regional, consciente del descontento y de la sensación de los votantes de que solo se cuenta con ellos cuando hay elecciones, ha elaborado un Anteproyecto de ley de garantías y participación ciudadana en CLM, que podría convertirse en Ley el próximo año. Está claro que llega con mucho retraso, demasiado tarde, y además, coincidiendo con año electoral, lo que puede perturbar su tramitación.

A nivel local, un hecho constatable es la reducida afiliación a los diferentes partidos políticos, y la escasa asistencia a sus asambleas y actos internos. Los Plenos tampoco atraen demasiado público, salvo que haya algún punto de especial trascendencia, y la participación en política del común de los vecinos se limita a votar cuando toca.

Es evidente que esta situación no es buena, ni para los grupos políticos, ni para los ciudadanos, pero la iniciativa que cambie la tendencia debe proceder de los partidos realmente democráticos, por su propia supervivencia .y por el bien general.  Si son capaces de hacerlo bien, y convencer a los ciudadanos que están en política para servirlos, en vez de para obtener beneficios particulares, seguramente la opinión de la gente cambiará y desaparecerán los peligros populistas y autoritarios que aparecen en el horizonte. Sin duda, eso sería lo deseable, para que todos podamos disfrutar de una sociedad más justa, libre, democrática y realmente participativa.       

 

 

 

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