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Digitalización deshumanizada.

  Diego R. Gallego Fdez-Pacheco

En la última década se ha acelerado el proceso de digitalización e imposición de las nuevas tecnologías a todos los niveles. Un porcentaje importante de la población, que por edad u otras circunstancias no ha podido o no ha sabido adaptarse al mundo digital, ha quedado marginado, impedido para desarrollar numerosas actividades cotidianas, e incapacitado para ejercer multitud de trámites y operaciones imprescindibles hoy en día. 

Algunas estimaciones cifran en un 20 % a los ciudadanos totalmente analógicos, como se les denomina, que se hallan en esta complicada situación. Son aquellos que no entienden como manejar un cajero de un banco, como acceder a un billete de tren, autobús o avión,  como utilizar Internet para comprar “on line”, como poner correos electrónicos, como interactuar en la telefonía móvil y las redes sociales, como acceder a la firma digital, o como relacionarse con las entidades públicas a través de la denominada “administración electrónica”.  

Es evidente, que dentro de pocos años casi todo  se hará digitalmente. Las nuevas generaciones recibirán su educación de esa manera, y los que todavía se hayan educado de modo analógico, se verán obligados a  seguir un proceso de reciclado para no quedar fuera del sistema.

El problema es que se han dado determinados pasos con demasiada rapidez, implantando obligatoriamente la utilización de las nuevas tecnologías en  actividades como las descritas anteriormente, sin que muchas personas estén todavía formadas, preparadas, ni adaptadas a la era digital. Ese cambio de dimensiones y proporciones nunca vistas y que no era previsible hace relativamente poco tiempo, hubiese necesitado de una transición más lenta para respetar y no expulsar del sistema a tantísimas personas incapaces de asimilar en tan reducido número de años el uso habitual de los medios digitales.                                                          

Tanto las administraciones públicas, como la banca, comercio o medios de transporte, deberían por la más elemental humanidad y respeto, sobre todo a las  personas mayores, haber mantenido en un plazo más amplio, simultáneamente la posibilidad de interactuar digitalmente, con la vía presencial y de atención individualizada, durante el número de años suficiente como para que desapareciera el problema.

Sin embargo,  han primado y prevalecido consideraciones de pura y dura rentabilidad económica,  intereses comerciales de compañías o de simple operatividad, aunque haya sido a costa de vulnerar  los derechos y la atención debida a tantas personas, que tras una vida esforzada, no deberían sufrir el trago de no poder valerse por sí mismos para hacer pequeños trámites ordinarios y cotidianos.

 

 

                                                                       

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