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Sembrar verdad para cosechar libertad

(corresponde al número de febrero en papel)

 

Acabamos de celebrar los 50 años de la revista y a tenor de las implicaciones de las que hablamos, cabría preguntarse si después de 50 años sembrando no sería ya el tiempo de la cosecha. Bien sabían los que pioneros de la revista que para el buen sembrador nunca es el tiempo de la cosecha y que la siembra es infinita. Quiere esto decir que si es cierto que la cosecha, indefectiblemente ha de llegar (aunque a veces tarde, aunque se desespere el hombre del campo ante el pedrisco pertinaz y la inmisericorde sequía) una vez que ésta llega, el ciclo vuelve a comenzar y lo mejor de lo recogido tiene como fin, nuevamente, la oscuridad de la tierra, la incertidumbre de la siembra.

El sembrador siembra cuidadosamente y siembra bien y es el acto de la siembra un valor en sí mismo. El acto de la siembra no termina en la cosecha sino en la propia siembra y se ha sembrado para sembrarse bien y, a la noche, se va el sembrador a su casa, su trabajo acabado en lo bien sembrado, y la cosecha  -Dios dirá- no es más que el trámite necesario para volver a sembrar al año siguiente. Aunque la palabra “siembra” entrañe inevitablemente “cosecha”, la cosecha es el fin y no lo es. No se siembra para cosechar, se siembra para sembrar.

Así que después de cincuenta años sembrando, si hemos caído en la tentación de preguntarnos qué hay de la cosecha, la única respuesta debe ser que no hay más que seguir sembrando.

Para un medio de comunicación social como lo es Siembra, si aspira a la credibilidad y a la honestidad, la única semilla posible es la verdad. Sólo mediante la siembra de la verdad se puede aspirar a primicias tan sustanciosas como son el conocimiento y la libertad, que son, en sí, un bien y lo contrario, un mal. El servicio a la verdad no puede ser una opción para los medios con o sin ánimo de lucro, privados o públicos y en estos últimos, una exigencia mayor, porque ningún otro interés puede legitimarse por más componendas de conciencia que nos queramos hacer.

Habrá que congratularse por lo que para un pueblo supone tener un medio de comunicación que lo sirve durante cincuenta años y lo mismo habrá que congratularse por los nuevos que se incorporan en estos momentos a este servicio. A unos y a otros habrá que exigirles lo mismo que al buen sembrador: respeto por la tierra sobre la que esparce su sementera, no admitirá más semilla que la de la verdad.

 

 

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