Iglesia asuncion

El agradecimiento es la memoria del corazón

Carta de un párroco a sus feligreses

Luis Gallego Villena

“El agradecimiento es la memoria del corazón”

Proverbio hindú

 

       Estimado amigo:

       Ya sé, y no sin dolor, que el Himno al Sol del Hermano Francisco no resonará impresionante y gracioso en el Convento de las Concepcionistas Franciscanas Descalzas de nuestra querida ciudad de Manzanares este año, pero sí tengo la seguridad de que la historia no se acalla enclaustrada entre los muros de un edificio por más noble que éste sea. San Francisco, el Hermano Universal, sigue en nuestro pueblo debido al testimonio imborrable que de él hicieron nuestras Monjas de Clausura, sus hijas.

¡No será, por ahora caja de resonancia de las palabras del Hermano Francisco, pero sus muros no podrán acallar su voz!

Quiero hacer eco, agradecido, ¡sumamente agradecido! de su Himno al Sol, el canto más sublime al Dios Padre-Creador después del Evangelio, como así se ha dicho y quiero hacerlo poniendo en las páginas de nuestra revista SIEMBRA, portadora de las alegrías y tristezas de nuestro querido pueblo y agradecido siempre a las Hermanas, que, desde siglos, han llenado de vida contemplativa los claustros de ese convento.

 

Os refiero como lo siento:

Nos encontramos en San Damián. Corren los años 1225-1226. El Hermano Francisco, el Pequeñuelo de Asís, se encuentra desangrado por los estigmas, casi ciego, enfermo del hígado, desnutrido y afiebrado. Por el contrario, su vida interior estaba en la mejor salud. Dios había querido recordar a los hombres la pasión de su Hijo a través del cuerpo del Pequeñuelo y, como sólo desde la cruz se preludia la alegría de la Pascua, a la hora de cantar el «aleluya» así los hace Francisco.

Lo cantó por todos, por ti y por mí; por los hombres y los astros; por las criaturas y las plantas; por toda esta naturaleza que Cristo reconcilió y pacificó en su cruz. Francisco interpretó el silencioso canto que toda la creación le tributa a Dios y la silenciosa melodía que Dios canta en su creación. Y lo hizo porque ocupaba el último lugar; así pudo ser el primero. Porque era el más humilde de los siervos y esto le permitió ser grande.

Se dice de este Himno al Sol “que es el más bello trozo de la poesía religiosa, después de los Evangelios y la expresión más completa de su espiritualidad.”

Francisco, por entonces, padecía severamente de la vista.

Francisco cantó lo que conoce, no lo que ve

Canta al Sol que da luz.

Canta a las estrellas, al fuego, a las flores…

Canta ciego del cuerpo, pero tiene la seguridad de la luz divina que se desprende, generosa, en las llagas y en los estigmas.

Desde su noche oscura canta a la vida, a la fraternidad universal.

Él sabe lo que es el paso del hombre viejo al nuevo y lo canta.

En el Hermano Francisco, la Pascua se hace florida y él sabe cantarla como nadie.

El Sol

Alabado seas, mi Señor,
en todas tus criaturas,
especialmente en el Señor hermano sol,
por quien nos das el día y nos iluminas.

Y es bello y radiante con gran esplendor,
de ti, Altísimo, lleva significación.

El sol es fuente de vida, igual que el Padre. Al decir:”ningún mortal es digno de hacer de ti mención”, está diciendo que Dios es inaccesible. Pero a la vez se muestra a todas las criaturas. Esto hace que nos preguntemos: ¿Quién eres, Dios mío? ¿Quién soy yo?

 

Las estrellas y la luna

Alabado seas, mi Señor,
por la hermana luna y las estrellas,
en el cielo las formaste claras y preciosas y bellas

Las estrellas y la luna evocan el misterio y la intimidad.

Destaca la luz y no la oscuridad.

Las almas como son la luna y estrellas “brillan a pesar de la noche”

Y los hombres estamos llamados a participar de la luz.

 

El viento, el aire, la nube

Alabado seas, mi Señor, por el hermano viento
y por el aire y la nube y el cielo sereno y todo tiempo,
por todos ellos a tus criaturas das sustento.

Alabado seas, mi Señor, por el hermano fuego,
por el cual iluminas la noche,
y es bello y alegre y vigoroso y fuerte.

El viento indica dinamismo, lucha, apertura al cambio.

Lucha interior en medio de las borrascas, pero también sosiego en la brisa.

 

Fuego

Alabado seas, mi Señor, por el hermano fuego,
por el cual iluminas la noche,
y es bello y alegre y vigoroso y fuerte.

 

Francisco no quería apagar el fuego. Siempre dejaba que se extinguiese por sí mismo. Una anécdota que le ocurrió da testimonio de esto. Estando un día Francisco ensimismado, contemplando el fuego, sin darse cuenta, se le prendió fuego en el hábito. Un hermano se percató, pero no le permitió apagarlo. El hermano tuvo que avisar al guardián.

El fuego es símbolo de luz eterna, fuerza que vence la oscuridad, captado por la afectividad. El fuego, desbordante de vida y dinamismo nos hace soñar el destino del mundo.

Al igual que el fuego, la vida de Francisco fue un desbordarse, un derramarse, un dar sin contar, un liberar. Por eso no hay que dejar apagarse el fuego interno.

Sigue cantando el Hermano Universal, el Pobrecillo de Asís, a la hermana agua, y a la hermana tierra, evocando la limpieza del agua y la maternidad de la tierra.

Y habla del amor, de la enfermedad, de la tribulación.

 

Habla del amor

Alabado seas, mi Señor,
por la hermana nuestra madre tierra,
la cual nos sostiene y gobierna
y produce diversos frutos con coloridas flores y hierbas.

Alabado seas, mi Señor,
por aquellos que perdonan por tu amor,
y sufren enfermedad y tribulación;
bienaventurados los que las sufran en paz,

porque de ti, Altísimo, coronados serán.

La muerte corporal

Alabado seas, mi Señor,
por nuestra hermana muerte corporal,
de la cual ningún hombre viviente puede escapar.

Ay de aquellos que mueran
en pecado mortal.

Bienaventurados a los que encontrará
en tu santísima voluntad
porque la muerte segunda no les hará mal.

Alaben y bendigan a mi Señor
y denle gracias y sírvanle con gran humildad.

 

La muerte corporal

A Francisco la muerte no le pilla de improviso. Su fe le ayuda a discernir la bondad de Dios hasta su muerte. La muerte es una gestión para estar unido al Padre.

Antes lo habían sido las criaturas, los hermanos, el Evangelio, etc.

La muerte es la puerta de la vida.

La muerte es el momento en que realmente hermana a Francisco a toda la creación, porque es una promesa de la intimidad con Dios, expresión de amor.

La muerte es una obertura a lo “radicalmente otro”, desde la humildad, desde la desposesión de todo.

El pecado mortal es aquel que cierra en la individualidad. Quien se ha desposeído de sí mismo es el que participa del Eterno Dios. El camino de todas las criaturas es un camino de eternidad.

La muerte es “Horizonte abierto” de la alabanza como camino de lo sagrado.

Nos unimos al Hermano Francisco, al Coro de los cientos de hermanas, hijas de San Francisco, que ocuparon nuestro Convento y a los millares de manzanareños que, haciendo ecos de este canto, vivieron y viven este mensaje de San Francisco.

 

Load y bendecid a mi Señor, dadle gracias y servidle con gran humildad.

 

Siempre agradecido a Dios y a vosotras, hermanas de San Francisco. Vuestra vida no ha sido estéril, seguimos cantando con vosotras.

De corazón, hasta la próxima.

Luis Gallego, Párroco.

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