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El amor funda la familia

Ramón Horcajada Núñez

Previo a todo discurso que hagamos de la familia es necesario preguntarnos por algo mucho más fundamental: ¿qué es la persona? Mejor dicho, ¿quién es la persona? A lo largo de tantos siglos de historia y reflexión humana no hemos llegado a ponernos de acuerdo sobre qué es eso a lo que nos referimos cuando hablamos de persona. Para unos no deja de ser un simple animal, para otros es “animal racional”, para otros es un ser pensante, para otros es un ser simbólico, y así un largo etcétera.

La persona es indefinible, quizás sea por esto por lo que para algunos eso significa que es lo más parecido que se puede decir de la persona como imagen de Dios, ya que Dios es infinito, y el hecho de ser indefinibles nos acercaría a esa infinitud que es Dios. Hablar de la persona es hablar de un misterio, pero de un misterio muy concreto: es un misterio de amor. La persona es un ser relacional, es un ser abierto, un ser cuyo “ser” se lo juega en el encuentro con aquello que no es él. LA PERSONA ES AMOR, LA PERSONA ES RELACIÓN AMOROSA.

Todo el ser de la persona se fundamenta en el amor que recibe. La misma naturaleza nos dice que desde que nacemos, nacemos llorando pidiendo que nos acojan, pidiendo que un nos diga quiénes somos. Y es que la persona es ese misterio en el que nuestra indigencia se transforma en riqueza gracias al que me da lo que soy.

El único modo que tiene la persona de encontrarse a sí misma es dando el rodeo del tú. En el amor y en el encuentro con el otro me juego mi identidad y mi felicidad, y una vida plena es la vida del yo que ha descubierto la grandeza del tú.

Soy relación, estoy hecho para el amor y no hay vida fuera del amor. Es cierto que puedo vivir odiando, que nuestro mundo lo podemos convertir en una jungla, pero lo que primero encuentro es la necesidad de realizarme en el encuentro con los demás.

La familia no es algo artificial que nos hayamos inventado así porque así. La familia pertenece a la naturaleza humana porque el fundamento de la familia es la persona y el fundamento de la persona es la relación.

El encuentro amoroso entre un yo y un rompe todas las barreras de la identidad y cuando uno vive enamorado ya no sabe dónde acaba su vida y dónde empieza la del amado.  Cuentan que don Miguel de Unamuno, cuando por las noches se acostaba al lado de doña Concha, su esposa, le tocaba la pierna y simbólicamente le preguntaba: ¿Concha, es tu pierna o es la mía? Anécdota preciosa para simbolizar lo que el amor supone.

Por mandato del amor, el amante osa ser lo que por sí mismo jamás habría osado ser. El amor te convierte en aquel que jamás te habrías imaginado ser. Cuando miras a la persona por la que has dado tu vida te das cuenta de qué pobre y miserable habría sido tu vida sin ella. No habrías llegado donde ese amor te ha llevado.

La vida no es estéril cuando se llena con el regalo del amor. Y entonces mi vida no es una vida de “mis” derechos, sino que se convierte en deberes hacia los demás. El auténtico enamorado no exige derechos ante la amada (cuando nuestra sociedad piensa más en el divorcio en diez días que en el amor para siempre es porque algo está fallando. Se ha devaluado el amor, y con él se ha devaluado el ser humano). La vida se torna riqueza, y cuanto más muero por el , más vivo estoy. Y desde aquí sólo el perdón adquiere sentido como negación a decir la última palabra, como futuro liberado, como nueva vida. Y es que el amor conlleva perdón. El amado vive perdonando.

Y por todo lo anterior podemos afirmar que “el amor es el nombre de la persona”. Nadie es quien debe ser hasta que no es querido por alguien. Nadie tiene vocación de solitario. Vivimos deseando ser reconocidos por alguien. En lo más hondo del corazón del ser humano lo único que queda es amor. Y por eso el ser humano es ser para el amor, para la relación. Yo soy más persona en la medida en que más me abra al otro. Antes de que en mi vida yo tome conciencia de mi ser, antes de que tome cualquier tipo de decisión, hay algo que me interpela, hay algo que me interroga, y ese algo es un alguien, es un tú. Y seré más persona en la medida en que más me abra al rostro que tengo ante mí. Aquí radica el misterio de la familia.

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