Artículos Colaboraciones

El sembrador de hombres

Félix Casanova Solís

El sembrador de hombres espera, también, como aquél de la canción, “la espiga del mañana, su recompensa mejor”, el fruto de su esfuerzo hecho realidad en personas que han crecido personal y profesionalmente.

¿Dios siembra en el alma humana? ¿Lo hacen los hombres? ¿Ambos? ¿O aquél por medio de estos que, en principio, son obra suya? Este es el cultivo más importante y en el que le va el futuro a la humanidad.

Enseñar y mostrar el camino a las personas que comienzan su vida, es obra de padres, maestros, profesores, compañeros de trabajo, etc, y, a veces, nos faltan pautas o ideas de fondo para llevarla a cabo. Grandes líneas maestras que tengan, de verdad, unafaro, que sean un cedazo o criba moral que vehicule nuestros pasos en esta difícil labor.

La despensa costiana es importante, pero accesoria frente a su escuela, pues antes de que  algo sea producido por la mano humana, lo es en la mente del hombre, y por ello no es accesorio, sino principal, sembrar y labrar personas. Porque “para crear patria, hay que principiar por labrar hombres”. Y no sólo por este aspecto funcional o crematístico de la mente, como agente de ideas que preceden a los productos que satisfacen necesidades humanas, porque cuando éstas están cubiertas, para una vida plena, es esa misma mente bien cultivada y abonada, la que ha de buscar sentido y felicidad en la vida, con cada acto cotidiano, con cada esfuerzo diario, con el afán de poder mirar atrás, al camino ya hollado y poder decir, que ha merecido la pena y que dejamos un futuro mejor a los que damos el testigo.

El sembrador de hombres espera, también, como aquél de la canción, “la espiga del mañana, su recompensa mejor”, el fruto de su esfuerzo hecho realidad en personas que han crecido personal y profesionalmente. Si una higuera puede nacer de entre los ladrillos de un puente, sin cuidado alguno, y, aún así, dar fruto, qué no podrán conseguir los brazos y la mente de un buen sembrador.

Pautas hay muchas. Tantas como pedagogos vanguardistas que últimamente germinan y nacen como hongos por aquí y por allá. Buscando en la experiencia, en el sentido común y en la voz de mis abuelos, pongo aquí algunos que me contaron entre gañanes, hortelanos y demás sembradores. Uno de ellos, abono necesario para esta plantación, es revertir el abandono de la palabra NO. Dice un conocido juez, que si un padre pasa a ser el amigo de su hijo, lo deja huérfano. Igual para un profesor. Los alumnos se quedarían sin él. Es más me atrevo a decir que, en muchas ocasiones, son ellos los que nos piden límites. No, es una palabra que sigue estando en el diccionario, y si no ponemos límites, si no sabemos reprender de forma eficaz, serena y con fuerza, si no guiamos bien el árbol, éste corre el riesgo de torcerse, y una vez llegados a este punto, enderezarlo, puede ser imposible. Quizás una mezcla virtuosa sea esa de, metafóricamente hablando, entiendaseme bien, uno de palo y nueve de zanahoria, porque ese “poner pié en pared” debe ser extraordinario y el ambiente para que una persona crezca debe ser amigable, de confianza, simpatía, libertad, alegría, en la inmensa mayoría de los casos, pues sólo así se crece, como sólo una planta lo hace con sol, agua y buena tierra, aunque eventualmente, le haga falta una buena poda, siempre firme, pero excepcional.

El segundo punto de apoyo del sembrador es hacer su faena con ilusión, pasión, entusiasmo, como aquél de La Solana que lo hacía cantando mientras esparcía su simiente y la veía salir volando de su mano. No tienes que hacer o trabajar sólo en aquello que crees que te gusta, si no que te tiene que gustar aquello que haces. Tenemos que amar nuestro trabajo o nuestras obligaciones con nuestros hijos o alumnos. Es la mejor forma de ser feliz y disfrutar de la vida y una forma de tributar ante la sociedad. Y no nos podemos parapetar en que ahora la juventud está de aquella o de esta manera. Eso ya lo oía yo cuando lo era. Nuestros jóvenes tienen potencial como siempre. Hay que erradicar aquél pesimista y misántropo “lo que natura non da, Salamanca non presta”. Tenemos que saber motivar, ilusionar, apasionar y para ello tenemos que estar motivados, ilusionados y apasionados.

En tercer lugar, esto no puede ser flor de un día. El hortelano no se conforma con poner su planta de tomate y olvidarse. Riega, desbroza, quita malas hierbas, etc, y lo hace a diario. Y ahí viene la palabra mágica: Constancia. Esa ilusión debe ser perenne y no caduca. La constancia es el secreto del éxito en la vida. Y si bien es cierto que éste no depende sólo de nosotros, porque igual que puede venir un pedrisco o una helada, algún joven puede no querer buscar el sentido en la vida, no quiera trabajar, no quiera labrar su “tierra” o su mente, no podemos desfallecer, porque siempre hay que buscar alternativas.

Por último, guiar, pero sin creerse en posesión de la verdad. Porque aún no la hemos encontrado en su sentido absoluto y sólo conocemos aquello que es falso. Debe dejar libertad, pues la verdad se alcanza por un proceso evolutivo de prueba y error que anularíamos tratando de influir en exceso. Tenemos que dejar margen a la originalidad de nuestros alumnos e hijos. No son “esperanzas ajenas las que tienen que colmar” y hemos de entender que es mejor, aunque a veces nos disguste, que sean “cantidad irracional, que guarismo de nuestra cuenta”. Ellos han de pulsar con sus dedos el mundo y arrancarle sus propias “auroras, colores, triunfos y alegrías, hacer su música” porque su vida es la que ellos tocan.

El sembrador de hombres tiene que ser un poco soñador, pero al mismo tiempo sus abarcas han de pisar suelo firme y no creerse el creador de la panera. Sólo ha de tirar el grano en la buena dirección y dejar el resultado en manos de la madre naturaleza y/o de Dios.

COMPARTE

Deja un comentario

*

Artículos Colaboraciones

Nuestro Padre Jesús del Perdón… Fechas para un patronazgo

Manzanares: Historia de un origen. La Prehistoria

Las bonificaciones en los seguros de autos