Artículos Colaboraciones

El Somatén en Manzanares II

Concepción Moya García

Carlos Fernández-Pacheco Sánchez-Gil

     En el pueblo se levantaron varios arcos de triunfo, por parte de la Diputación, el Ayuntamiento, la compañía de ferrocarril y de otras entidades y personalidades públicas y privadas, destacando el realizado en la calle del Carmen, por Manuel González Jonte, anfitrión del príncipe y del infante, que llegaron a las 20:45 en automóvil, acompañados por el Conde de Grove, Eliseo Loriga y el profesor Félix Antelo. A su paso por Villarta de San Juan, los somatenistas de la localidad formaron en la carretera en grupos de dos, para rendirles homenaje. El servicio de vigilancia y seguridad de Don Alfonso y Don Jaime, estuvo a cargo de Pedro Martínez, comisario de la Real Casa y de Martín Sofi Heredia, inspector jefe de la provincia.

     En Manzanares fueron recibidos por las autoridades, entre las que se encontraban el gobernador Jacobo Díaz Escribano, el alcalde Agustín Serrano, el marqués de Viesca, el vizconde de Nava del Rey, el general Miguel Núñez de Prado, el capitán general de la primera Región Militar, el jefe del Estado Mayor, Sánchez Monge y el presidente del Consejo de Administración de las Minas de Almadén, contralmirante Castillo. Tras el recibimiento, se trasladaron a la casa de Jonte, donde fueron agasajados con un banquete oficial. Simultáneamente, el marqués de Viesca, Arsenio Martínez Campos, ex-diputado a Cortes del distrito, dio un banquete en la casa de Lorenzo Muñoz, a los periodistas de Madrid y Ciudad Real, que se habían desplazado a Manzanares para cubrir el acto, asistiendo el alcalde de Ciudad Real y antiguos diputados.

     A la mañana siguiente, tras visitar las bodegas y las dependencias de la casa-palacio de la familia Jonte, Alfonso y Jaime se dirigieron al ayuntamiento, donde se formó la comitiva de autoridades y miembros del Somatén, para encaminarse hacia el Paseo del Río, donde se celebraría la ceremonia, para la cual se había montado un altar, en cuyo centro se situó la imagen de la Virgen, adornada con flores y banderas nacionales. La misa de campaña fue celebrada por el canónigo de Ciudad Real, Francisco Lorente, situándose a la derecha del escenario el Príncipe de Asturias y el infante junto a su séquito, y a la izquierda, el capitán general de la región, el comandante general de los Somatenes y el resto de autoridades civiles y militares. Frente a él se dispusieron los miembros del Somatén de la localidad, con las banderas de los cuatro distritos en que se dividía el término municipal. El acto fue amenizado por las bandas de música del Regimiento del Rey, desplazada desde Madrid para el evento, y la Municipal.

     A continuación, el obispo de Ciudad Real, Narciso Esténaga bendijo la bandera y dirigió unas breves palabras de saludo a la familia Real y a la madrina, la cual tras pronunciar un elocuente discurso, entregó la enseña al jefe de los somatenes, Jesús García Noblejas. Para finalizar el comandante general de los somatenes de la región, Fernando Flórez Corradi, tras felicitar a los miembros presentes del cuerpo, explicó el significado de la institución.

     Terminada la ceremonia religiosa, se descubrió una lápida con el nuevo nombre del Paseo del Río, que pasó a denominarse Avenida del Príncipe de Asturias, nombre que conserva en la actualidad. Desde allí los miembros de la familia Real se dirigieron a visitar la ermita de Jesús del Perdón, y después la iglesia parroquial, admirando sus magníficos retablos y la capilla de los marqueses de Salinas[1].

     A la una y media del mediodía, se celebró un banquete en el Casino de Manzanares, con la asistencia de unos 300 comensales, con el que los somatenes de la localidad obsequiaron al príncipe y al infante, formándose dos presidencias. Una estuvo ocupada por Don Alfonso, situándose a su derecha la madrina, Manuela Chacón Salinas, señora de Jonte, el presidente de la Audiencia, Sr. Rubio y el presidente de la Diputación, Antonio Rubio, mientras que a su izquierda se colocaron el general Ardanaz, duque de San Fernando de Quiroga, y el jefe de los somatenes. La otra presidencia estuvo ocupada por el infante Don Jaime, con el gobernador civil, el conde del Grove y el fiscal, Sr. Ávila a su derecha y el obispo Esténaga, el general Sánchez Monje y el delegado de Hacienda a su izquierda. El precio del cubierto fue de 45 pesetas[2].

     Una vez finalizada la comida, visitaron varias bodegas de la localidad, entre ellas las del alcalde, y se trasladaron a presenciar un partido de fútbol conmemorativo, entre los equipos del Stadium de Madrid y la Gimnástica de Manzanares, ganando los primeros por cuatro a dos. Una vez finalizado el partido, los miembros de la familia Real retornaron a Madrid. Durante su estancia en Manzanares se instaló un teléfono especial, para que el príncipe y el infante pudieran comunicarse directamente con Madrid y Barcelona, informando a los Reyes de la solemnidad del acto y de los agasajos de que fueron objeto[3].

     El 13 de mayo de 1928 se celebró un acto de afirmación somatenista, en el paseo de coches y el palacio de Cristal del Retiro de Madrid, entregando el general Miguel Primo de Rivera y otros mandos militares, medallas e insignias a las madrinas que actuaron en las entregas de banderas, siendo Manuela Chacón Salinas, una de las que las recibió.

     Al final de la década, se observa un proceso de decadencia, al producirse varias bajas en Manzanares, bien por defunción de sus miembros o por no pagar la cuota del Boletín, lo que nos muestra la avanzada edad de algunos de sus integrantes y el descenso de interés por pertenecer a la institución[4].

     Los miembros del Somatén solían ser personas de mediana edad y con unas capacidades físicas poco adaptadas a las funciones militares y de orden público que se les asignaron, por lo que sus actuaciones y resultados no pasaron de ser mediocres, funcionando como una milicia vecinal y de apoyo al régimen. Todo ello provocó que fueran languideciendo, y al día siguiente del advenimiento de la República, el 15 de abril de 1931, el presidente del gobierno provisional firmó un decreto disolviendo el cuerpo de somatenes armados, a los que citó como “huestes irregulares indebida y tendenciosamente armadas”, dándoles un plazo de cuarenta y ocho horas para que entregaran su armamento a la Guardia Civil[5].

 


[1] ABC, 1 de junio de 1925; El Somatén, junio de 1925; El Imparcial, 31 de mayo de 1925; La Época, 1 de junio de 1925.

[2] El Siglo Futuro y ABC, 1 de junio de 1925.

[3] El Imparcial y El Globo, 2 de junio de 1925.

[4] El Somatén, noviembre de 1926, enero de 1928 y febrero de 1929.

[5] Gaceta de Madrid, 16 de abril de 1931.

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