Iglesia asuncion

Entrevista a don Óscar-Argenis Olivares Pino

Cuando un amigo se va

FGNG

 

El tiempo es algo tan fugaz como un puñado de arena entre las manos, que, apenas la has agarrado, se te escapa entre los dedos y desaparece.

Recuerdo que el día 11 de abril de 2013, un día después de una tarde en que se derrumbó la techumbre de la ermita de la Vera Cruz, apareció por la puerta de la sacristía de la Parroquia de la Asunción de Nuestra Señora, un sacerdote joven que utilizaba la palabra “ustedes” constantemente y que, lo recuerdo bien, en el momento del ofertorio y la comunión, hacía y hace unas cruces en el aire con el cáliz o la patena, que particularmente me agradan. Un hombre al que entrevistamos para Siembra y nos llamó la atención su permanente sonrisa y su desparpajo, a pesar de encontrarse en tierra extraña, a muchos miles de kilómetros de Venezuela. Entonces, descubrimos que hay una diócesis en aquel país que está en la provincia de Trujillo y la buscamos en el mapa. Después lo vimos correr por nuestras calles, haciendo mucho ejercicio. Más tarde, nos acostumbramos a verlo en cualquier parte y saludarlo y alegrarnos de su presencia. Es mucho el cariño que deja en Manzanares y el que se lleva con él, a Tierra Santa, su nuevo destino durante unos meses, a partir enero.

Siembra, hoy como entonces, ha querido traerlo a nuestras páginas para que se despida y para que nos cuente su experiencia durante estos casi seis años, que, repito, han pasado volando. Al menos para nosotros.

Siembra – Don Óscar, ¿Qué va a hacer en la tierra de Jesús durante el tiempo que allí resida? ¿Después de Israel, se marchará a Venezuela o tiene algún nuevo destino? 

R – Le doy gracias a Dios porque me da la oportunidad de ir a Tierra Santa, porque, para cualquier biblista o cristiano es algo maravilloso. Allí hay tres institutos bíblicos muy importantes: el de Roma (PIB) y dos en Israel: el de los franciscanos y la Escuela Bíblica, de procedencia francesa, que son fundamentales para todo aquel que estudia la Biblia, por la gran experiencia y la profundidad de los estudios que facilita. También, podré compartir experiencias con otras personas que están estudiando lo que yo y conocer in situ los lugares de la Tierra Santa que estudiamos en los libros y visitar las excavaciones arqueológicas que se están realizando constantemente. Es un volver a los orígenes. Una oportunidad única que se me ha dado gracias también a mi pertenencia a la Asociación Bíblica Española; se convocaron unas becas a través de la Conferencia Episcopal y el Instituto Arqueológico Español. Solicité la beca bajo el consejo y autorización de mi obispo y me la concedieron para dos meses y medio. Residiré en la Casa de Santiago, auspiciada por Conferencia Episcopal Española y el Instituto Arqueológico Español, junto a investigadores, arqueólogos y religiosos.  

S – ¿Ha concluido ya todos los estudios que vino a hacer? 

R – Con esto se me da la oportunidad de cumplimentar algunos capítulos de mi tesis doctoral, de la cual entregué hace unos meses el proyecto sobre el que voy a trabajar, que no ha sido fácil, porque hallar la novedad en tema bíblico es muy complicado, cuando tantas personas están trabajando sobre este libro sagrado. A partir de ahí, me quedan otros tres años de trabajo y estudio. Después seguirá una estancia de poco tiempo en Roma y, si Dios lo quiere, continuaría en Alemania. En agosto o septiembre, volvería a España y de acuerdo con la obediencia que debo a mi obispo, éste, me asignaría nuevo destino. 

S – ¿Cuándo llegue a Venezuela, volverá a su antigua Parroquia o cree que después de todo lo que ha estudiado en España, su destino será la formación de los demás? 

R – Nuestro obispo está intentando formar a un grupo de sacerdotes y entre ellos me encuentro yo, algunos están estudiando en Roma, otros en Estados Unidos, otros en España y en diferentes lugares del mundo, porque quiere tener un cuerpo de profesores. Una vez de regreso, nos asignará un destino que, normalmente será en una Parroquia, dedicando el tiempo necesario a dar clases en el lugar que él determine, como puede ser el Seminario o cualquier otro centro. Solo en caso de dedicación exclusiva nos integramos en el centro al que se nos envíe. 

S – Cuéntenos cómo recordará su estancia en Manzanares. ¿Cuál será la primera imagen o recuerdo que le venga a la memoria cuando piense en nuestra ciudad y nuestra iglesia particular? 

R – Recuerdo que, cuando llegué, a pesar de venir de un lugar frío de Venezuela, sentí bastante frío aquí y, en primer lugar, me impresionó la imagen del Templo Parroquial su grandeza y belleza. Después recuerdo a las personas que se acercaban a mí, con mucha alegría, para conocerme. Desde entonces nunca he dejado de sentir que la gente se acercaba para hablar conmigo, con acercamiento, bondad y alegría, poniéndose a mi disposición. También recuerdo que uno de los monaguillos, cuando estaba recién llegado, me hizo de guía explicándome los nombres de las capillas y las imágenes que había en cada una de ellas. Me ha llamado mucho la atención la espiritualidad de la gente a través de la escucha de las confesiones, que ha sido para mí toda una escuela. La gente, don Luis el Párroco, mis hermanos sacerdotes del Arciprestazgo Mancha Sur, los grupos de apostolado, los jóvenes, las hermandades, han creado en mí una riqueza tal, que ha sido una tierra de bendición en mi vida.

Una frase que siempre recordaré es el “a tus plantas” del himno a N.P. Jesús del Perdón, viendo esa imagen tan bella de nuestro Patrono y que no es mera casualidad el que pasemos cada viernes a besar sus plantas, a los pies del Maestro, dispuestos a ser sus discípulos-misioneros. 

S – ¿Qué será aquello que se lleve en lo más hondo de su ser de todas las vivencias que ha tenido entre nosotros? ¿Quiénes podrían ser las personas o aconteceres que le han quedado marcadas para siempre? 

R – Es que aquí he podido encontrar personas con una fe tan grande, con olor a santidad. El hecho de acercarme a estas personas, con su sencillez, su alegría y su profunda fe, han marcado mi vida. Me gusta recordar que, allá en Venezuela, estuve cuatro años de Párroco y, aquí llevo casi seis años, es decir, que aquí he vivido el periodo más largo de mi sacerdocio. Manzanares ha sido una escuela de caridad, de sencillez, de discipulado, como persona y sacerdote.

Ha habido el testimonio de muchas personas. Desde las más sencillas a las más formadas. Y he aprendido mucho de lo que no se encuentra en los libros, sino en la universidad de la vida, en la cercanía, en el cara a cara con la gente de esta tierra. 

S – ¿Qué experiencias pastorales o de otro tipo ha acumulado en nuestro país y le serán de gran utilidad en el futuro? 

R – Veo que aquí hay mucha gente que “tiene mucha madera”, es decir, que vale mucho. He aprendido mucho empezando por nuestro Párroco, los niños, las hermandades… Ha sido un gran aprendizaje desde la cercanía, esa que quiere nuestro Papa, del sacerdote con olor a oveja. 

S – Sabe que hay mucha gente en este pueblo que no le olvidará tan fácilmente y en la que ha dejado huella ¿qué les diría a todos ellos para que su recuerdo les sirva de pauta para la vida? 

R – Dos cosas: ORACION Y ESCUCHA DE LA PALABRA DE DIOS. Como decía San Pablo, en la oración tenemos que mantenernos y orar unos por otros. La escucha de la Palabra de Dios es fundamental. Estoy convencido de que en el trato y la escucha de la Palabra de Dios es donde tenemos que crecer cada día y he podido ver cómo aquí hay personas que han empezado a tratarla con más intimidad y han cambiado su vida. Si oramos, pero no escuchamos la Palabra de Dios, estamos mal. O, yo escucho la Palabra, pero no oro, estaríamos un poco cojos en ese sentido. Todo esto para mayor gloria de Dios que sigue actuando a través de muchas personas.

Por mi parte, más que decir, he intentado mostrar a todos con mi vida que Cristo está vivo, que Cristo nos ama y, sobre todo, es misericordia. 

S – ¿Alguna cosa más que quiera decirnos y que hayamos olvidado preguntarle? 

R – Primero, esto no es una despedida, es un hasta pronto o hasta luego, porque seguro que volveré por aquí, porque hay muchas personas que me han dicho que tienen las puertas de su casa y su corazón abiertos para mí. Le doy gracias al Señor, por haberme regalado la oportunidad de conocerles. En esta ciudad manchega, he aprendido tantas cosas que, me resulta imposible enumerarlas. Han quedado impregnadas en mi corazón y, sobre todo, en mi corazón sacerdotal. Nos seguiremos comunicando, aparte de los medios modernos de comunicación, sobre todo, en la oración, porque, como sacerdote y como hijo de Dios, necesito de su oración; no solamente yo, mi país también la necesita.

Agradezco, de una manera especial a todos los que han colaborado en las campañas de recogida de medicinas y juguetes para Venezuela; a muchas personas, niños, jóvenes y mayores, les han hecho un gran bien y les han alargado la vida. La generosidad se ha desbordado y eso no tiene precio. En eso he tenido una colaboración especial en la pastoral juvenil; ha sido una bendición contar con los jóvenes.

Recuerdo especial a unas mujeres de oración, las hermanas Concepcionistas Franciscanas de Clausura, del monasterio recientemente cerrado. Recuerdo especialmente las misas allí. En los últimos meses, mi recuerdo y mi agradecimiento para las religiosas Concepcionistas Misioneras de la Enseñanza, en cuya capilla he tenido la satisfacción de celebrar a diario la Eucaristía.

Otra misa, entrañable y que recordaré siempre, como una experiencia muy bonita, será la de la Ermita de la Virgen del Carmen. Ha sido un lugar donde he sentido especialmente el calor de la gente. Veo una experiencia de Dios allí. También en la Parroquia, trabajando, de una u otra manera con tantas personas.

Otra fuente para aprender, ha sido el grupo de lectio divina. Con sus observaciones y comentarios, he aprendido muchísimo, incluso para la predicación. El trato con las hermandades, aunque no ha sido todo lo que yo hubiera deseado, también ha sido muy importante.

Pido perdón, si en algún momento no he estado a la altura de lo que se me pedía, o no he sabido servir a alguna persona que se me ha acercado o si a alguien le he podido molestar con mi forma de actuar o si no he sabido dar testimonio pleno.

Por nuestra parte muchas gracias y los mejores deseos en nombre de todos los que hacemos Siembra por y para este lugar manchego que se llama Manzanares. Sepa que se lleva con usted el cariño de todos los que lo hemos conocido y hemos compartido muchas cosas, pero fundamentalmente el Pan y la Palabra. Hay mucha gente que siente tener que decirle adiós, pero los que aquí quedamos, siempre estaremos a su disposición y dispuestos a atender su llamada, para aquello que necesite. Gracias de nuevo, que Dios le bendiga y, hasta siempre. 

“Cuando un amigo se va, queda un espacio vacío, que no lo puede llenar, la llegada de otro amigo”

Fotos de Carlos Caba

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