Artículos Historias de antaño y de vida

Espérame en el cielo, Jeromín

Manuel Diaz Pines Fernández Prieto

¡Espérame, sí, puesto que marchaste primero!… Pero no creo que vaya yo allí, así por las buenas… en todo caso, llegaría tras dar un gran rodeo, purgas por aquí y por allá, e igual  sería eterna tu espera…¡Ay!… ¡Alma muerta la mía por irte, amigo Jero!…Te fuiste pronto, no me lo esperaba,  estaba esperanzado en tu recuperación, fruto de las noticias que tenía de tu familia. ¡Pero no, Jero, te has marchado súbita y  silenciosamente, con la humildad que siempre te caracterizó, buscando nuevos horizontes en ese más allá, al que le hemos dedicado unos buenos ratos de tertulia existencialista… ¡Que lo de aquí, Jerónimo Calero Calero, lo terrenal me refiero, te lo sabías de memoria, en verso y en prosa y necesitabas nuevos espacios trascendentes para explayarte en tus reflexiones!

Después de nuestro encuentro en 2013, tras más de cincuenta años de incomunicación, nada más regresar a Galicia, comencé a leer parte de tu obra, a comentar contigo ciertos aspectos literarios y temáticos y pude descubrir tu sencilla pluma, tu fácil palabra, tu amor al rural y al urbano de nuestro pueblo…¡Me fascinaste porque estuve varias horas seguidas desgranando tus poemas y terminé pensando que eras ‘mi poeta’!… Te conté también que estaba ‘construyendo’ un portal de Internet con publicaciones de mi padre. Recuerdo bien que sentí emoción cuando me hablaste de él y en seguida recibí un soneto con estrambote (eras un gran sonetista, amigo), sobre como veías su trabajo periodístico durante toda su vida en Manzanares…¡ Estabas en todo, Jero!… Dabas homenaje a quien se entregaba a nuestro pueblo sea cual fuere su actividad, reconocías fácilmente a la persona que tenías enfrente y analizabas su condición humana, que realmente, siempre te importó mucho; contabas en verso cualquier acontecimiento trascendente de tu entorno diario, enjuiciabas con acierto – siempre construyendo – y amabas tus orígenes, elevándolos con tus letras al máximo de su belleza.

Eras reacio, lo entendí, pero te animé mucho a adentrarte en el mundo de Internet, te expliqué sucintamente ‘el nuevo mundo inteligente’ y rápidamente entendiste su alcance. Lo tomaste como una nueva herramienta de proyección de tus creaciones. Fueron unos extraordinarios meses los vividos contigo en la página de ‘facebook’, AMIGOS DE LA POESÍA, en el Mundo de los Poetas… te sentiste desbordado, me lo comentabas, tu salud empezaba un poco a resquebrajarse y tu corazón pedía calma, no podías con tanta poesía porque la respuesta de las gentes, dentro y fuera de Manzanares, fue muy numerosa y de mucha calidad poética… ¡Lo dejo, Manuel,- me dijiste- sigue tú, haz lo que puedas y veré si puedo entrar de vez en cuando…!

Tuve la suerte de comer varias veces a tu lado (ese rato grande, da para mucho si se programan los ‘platos’, al igual que hacemos con la comida)…Fuimos a Membrilla, también al Castillo, también a nuestra Plaza de la Constitución y al salir de este último local de nuestra Plaza, a eso de las 4 de la tarde de los últimos días de Agosto… Jerónimo sentenció (mientras nos quemábamos los pies)… Esto es inhumano, Manuel, en ésta o en otra vida, algo hemos hecho muy mal para que se nos castigue a los manzanareños con esta tortura…¡Cómo reíamos mientras corríamos a buscar la sombra!.

Mis últimos días contigo fueron con motivo de tu Pregón a Nuestro Padre Jesús del Perdón, ‘Un pregón para nunca ser leído’…¡Y vaya si lo leíste y fue un Pregón inteligente, en el que no te desviaste ni un ápice de tu pensamiento existencialista, dijiste (como siempre) lo que piensas y de ahí su gran valor porque fuiste tú de principio a fin, consciente de que a alguien no pudiera gustarle o, incluso, no entenderlo…¡Bravo, bravo, bravo!

Continuamos en contacto a través el correo electrónico, largos correos intercambiados, contándonos nuestros proyectos y también, por qué no, nuestros achaques. Recuerdo que nos operamos el mismo día de ‘cataratas’, tú en Boston y yo en California… ¡Seguías preocupado por tu salud, la andadura del negocio familiar y por buscar salidas `profesionales a los hijos…! …¡En fin, Jeromín!.. ¿Recuerdas mi presentación de tu persona como Pregonero 2015? ¿Recuerdas que utilicé a Antonio Machado para llegarte al alma? ¿Recuerdas que fui capaz de cantar para ti esos ‘Cantares’ que tan famosos llegaron a ser, gracias a Joan Manuel Serrat?… pues todo eso fue la antesala de mi despedida porque acabé retornándote a tu más tierna infancia, al igual que haré ahora, cambiando muerte por adolescencia …Estábamos en la Casa de la Cultura y para terminar mi presentación, acudí a una poesía tuya, de las primeras que conocí, cuyo espíritu quedó marcado en mi mente y que habré leído más de cien veces…

 

A Jeromín, el niño al que tanto debo.

Te veo en esa linde con que la vida acota
las parcelas ganadas pulso a pulso luchando,
te veo antes del hombre que en su última derrota
por el cuándo o el cómo, se sigue preguntando.

¡Tenías tantos sueños al filo de la nada,
tantas hojas en blanco para escribir tu historia…!
Pero aún está la tierra parda y deshabitada
allí donde la noche se pierde en la memoria.

Hijo de buenas gentes, labradores cautivos
de una tierra que nunca se prodigó en exceso,
sin tiempo el calendario para días festivos,
sin tiempo la mirada para llegar al beso.

Un día, no sé cuándo, acaso ya no importa,
invadió la tristeza tu sangre cuarteada
y, como en toda infancia cuando se queda corta,
el corazón, de un salto, se desplomó en la nada.

Y ya, sin más aliento que aquella humilde brasa,
tuviste que inventarte la vida paso a paso
en una lucha sorda, perdido entre la masa
de quienes en el alma llevaban el fracaso.

Siempre la tierra. Al filo de tus horas vencidas,
labrabas ese campo perdido en la distancia
y era su sementera bálsamo en las heridas
de quien por todo alivio sólo tenía su infancia.

Con la terca constancia de un jornalero altivo, 
labraste la besana de este tu nuevo huerto,
espartano y fecundo como aquel viejo olivo
que nunca en tu memoria podrá sentirse muerto.

Hoy estás a las puertas de la sabiduría
Preguntándote cómo, preguntándote cuándo
Podrás llenar tu alforja que aún sigue tan vacía
De esa excelsa cosecha que alguien está aventando.

Te sabes peregrino, viajero de una vida
Que de serte tan propia te imaginas ajena.
Aún no ha cicatrizado aquella vieja herida
Pero sentirla tuya aún merece la pena.

Jeromín era un niño, Jeromín era un hombre
Que se perdió en las dunas de su propio reflejo.
De las viejas heridas tan sólo queda un nombre
Y un algo de nostalgia porque ya se ha hecho viejo…

 

¡Al cielo, Jeromín, al cielo de los poetas!… Recuerdo que me dijiste en una ocasión: “No es lo malo morir, Manuel, sino no saber a qué vinimos”…¡Pues, eso!.

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1 Comentario
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    Francisco Cantarero Fernandez-Pacheco
    29/08/2019 en 17:41

    Siempre que leo escritos como este y vuelvo ha leer los poemas de nuestro querido Jero, me doy cuenta que lo máximo que he hecho en mi vida a nivel de escritura, han sido cartas que le escribía a mi novia cuando estaba en la mili, y claro, comparado con esto, no se le parecía ni al Tebeo, así que tengo que decir, que me habría gustado poder hacer algo, aunque solo hubiese sido parecido a esto que hacéis vosotros. Felicidades por vuestra capacidad para escribir de esta forma, y llegar a lo más profundo de nuestro corazón.

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