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Falta de acondicionamiento acústico en locales

Diego R. Gallego Fdez-Pacheco

España ocupa el primer lugar en el ranking de los países más ruidosos de la UE. En nuestros bares, cafeterías y restaurantes es donde más fuerte se habla y en general cuando su ocupación es alta, es difícil mantener una conversación en grupo sin gritar.

Las normativas y reglamentos en sus disposiciones contra el ruido, regulan el aislamiento acústico que deben tener los recintos de actividades para no provocar molestias en viviendas o locales colindantes o próximos, pero en general, no obligan a acondicionar acústicamente el propio local, es decir, creando unas condiciones en las que  se pueda mantener una conversación en un tono normal, eliminando el ruido de fondo, sin   que sea necesario forzar las cuerdas vocales, ni  soportar las voces de las demás personas que comparten la estancia en el mismo establecimiento.  

En Manzanares la gran mayoría de locales de pública concurrencia, no cuentan con un acondicionamiento acústico aceptable, lo que obliga a los clientes y a los propios camareros a elevar el tono de voz para hacerse oír.  

El sonido de las cafeteras, los aparatos de aire acondicionado, la TV o las máquinas tragaperras, completan el ambiente bullicioso al que parece que nos hemos acostumbrado y que se acepta como si fuera inevitable.

La situación descrita se ve agravada en los locales con decoración minimalista, tan de moda, por el uso de suelos de hormigón pulido, falsos techos de escayola, gran cantidad de vidrio y carencia de materiales absorbentes, que son los que ayudan a controlar y mejorar la propagación de las ondas acústicas.

Estas condiciones no hacen nada confortable la permanencia en ese tipo de locales, muy especialmente a personas que puedan tener algún problema auditivo y que por consiguiente, son más sensibles a esta problemática. Por muy buen servicio que se dé en un determinado bar o restaurante, aunque lo que allí se consuma sea de excelente calidad y tenga un buen precio, si la estancia es incómoda y no se puede mantener una conversación en un tono de voz razonable, la valoración de ese establecimiento para un número elevado de personas,  bajará exponencialmente.                                                  

Solucionar técnicamente este problema no es  difícil, ni tiene una repercusión económica importante. Dotar a un local de placas absorbentes del sonido, es una partida menor en el conjunto global de su decoración y acondicionamiento. Sin embargo, quizás sea más complicado, educar a las personas para que hablen en un tono moderado, controlar a los niños, y disminuir el volumen o silenciar los aparatos de TV y las ruidosas máquinas tragaperras.

 

 

                                                                         

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