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Feria de Manzanares…¿De todos y para todos?

Pablo Nieto-S. Gutiérrez

 

A nadie se le escapa el imponente programa de actos y actividades, pensados para cualquier edad.

Si enumerar en pocas palabras las luces y sombras de la feria de nuestro pueblo, que celebraremos el mes próximo, se antoja complicado, hacer un breve análisis de estas puede ser tarea imposible. No obstante, y dada la importancia que esta tiene en diversos campos de la vida de nuestro municipio –economía, interacción social, cultura…-, es preciso hacerla.

Empezaremos con lo bueno. A nadie se le escapa el imponente programa de actos y actividades, pensados para cualquier edad (aún no tenemos los actos detallados de este año, pero nos podemos remitir al de otros, pues serán similares), conciertos para todos los públicos, de nuestra banda, la “Julián Sánchez-Maroto”, para gustos exigentes, espectáculos de copla… son el fondo cultural de nuestra feria y suelen ser bastante concurridos. Además, en el plano lúdico, encontramos actividades como los clásicos “caballitos”, delicias de los más pequeños, los puestos de los Paseos Príncipe de Asturias, el encierro infantil, de reciente anexión al programa, etc. La feria, por supuesto, tiene un beneficio económico indudable… especialmente desde que, al separar la feria tradicional de FERCAM, nos hemos encontrado con dos semanas que hacen las delicias de hoteles, restaurantes y bares.

Sin embargo, no todo puede ser bueno. El aporte monetario que el Ayuntamiento u otras instituciones ofrecen para sustentar los actos de la feria solo se justifica si hay una respuesta adecuada de la ciudadanía. Digo esto porque las sombras de nuestra semana festiva son, ni más ni menos, la escasa presencia de manzanareños –y gente de pueblos vecinos- en ciertos actos; así como el interés decreciente de algunas tradiciones, como la de los zagales, especialmente entre la juventud… (va costando encontrar candidatos suficientes para cubrir el número ofertado). Aunque no repasaré todos los que se encuentran en estas situaciones –tarea es esta del Ayuntamiento, que para eso destina el dinero del pueblo a actos de escasa concurrencia-, sí quiero hacer hincapié en el, para algunos, gran espectáculo de toda feria que se precie, el festejo taurino, la mal llamada “fiesta nacional”.

De un tiempo a esta parte, el número de asistentes a estos espectáculos ha caído a niveles paupérrimos. La corrida del año pasado cosechó apenas un 25% de público en los tendidos, la novillada, algo más, atribuible, sin duda, al bajo precio de las localidades. Por no mencionar las connotaciones éticas de tales violentos festejos, algo en lo que, por la diversidad de opiniones existente y por la escasez de espacio para desmentir esto, no entraré. Lo que sí está claro, es objetivo, es la poca presencia de público y, en muchos casos y según se afirma en las crónicas taurinas existentes, la dudosa calidad de las reses y los propios espadas.

Quizá es el momento de reflexionar, de buscar los porqués de la baja presencia de público en ciertos eventos de la feria.

Quizá es el momento de reflexionar, de buscar los porqués de la baja presencia de público en ciertos eventos de la feria y, si no se encuentran, de dejar de subvencionarlos inútilmente con el dinero del pueblo que ya dice no con su ausencia en estos. Por el contrario, merece la pena potenciar aquello en lo que sí hay asistencia suficiente. Quizás menos (actos) es más (asistencia)… La nueva corporación deberá discernir el justo medio entre el tipo de actos y su interés para el público, para rentabilizar al máximo posible el dinero invertido en estos.

Tras este análisis grosso modo, tan solo queda desearles a todos los lectores de la Revista Siembra una buena feria, de todos y para todos. Sean felices.

 

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