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¿Feria del libro?

Francisco González-Nicolás Garrido

 

Me confesaré un enamorado de los libros, teniendo, de hecho, muchos más de los que voy a ser capaz de leer en lo que me quede de vida. Me encanta vivir en un pueblo que tiene una librería, todo un tesoro al que me gusta acercarme y, como si fuera aquel niño que se acercaba y apoyaba su nariz en el cristal de los escaparates de las papelerías que había el siglo pasado en nuestra ciudad, me gusta recrearme en la contemplación de las últimas novedades que se nos muestran en esa esquina de Virgen de Gracia con Padres Capuchinos. Todo un lujo para nuestro pueblo que merece tener éxito por su valentía, puesto que lo que dice la prensa es que apenas se leen libros.

 

Y como, normalmente, vuelve la burra al trigo, me gusta entrar en esa joya de Biblioteca Pública Lope de Vega que tenemos en este pueblo y percibir los olores, las luces, los silencios y los ruidos de esa especial casa en la que lo mismo te prestan un libro, que te muestran una exposición de pintura, que presentan una nueva publicación o se pronuncia una conferencia o, sencillamente, ves entrar a los estudiantes en época de exámenes, con el propósito de aislarse del mundanal ruido y dedicarse por entero al estudio.

 

Supongo que ya habrán captado lo mucho y bueno que, en esta parcela cultural, disfrutamos en Manzanares y que quizás no deberíamos ver como normal y hasta sería bueno presumir de ello con alguno de esos carteles alusivos que ahora están tan en boga entre los publicistas como, en castellano, “YO QUIERO A MI BIBLIOTECA” o “LEER APROVECHA” o “NO TE CANSES NUNCA DE APRENDER” o “NUNCA TE ACOSTARÁS SIN SABER UNA COSA MÁS” …

 

Pero como donde yo quiero ir tiene que ver con los libros, quisiera manifestar mi extrañeza, ahora que se acerca abril y huele a primavera, por el hecho de que, para completar o cerrar el círculo en este apartado de papel y tinta, no se haya celebrado, hasta el momento, por ejemplo en nuestra Plaza Mayor, una Feria del Libro en la que chicos y grandes, puedan invertir unos minutos, contemplando y palpando las novedades y lo que no lo sea, en ese mundo editorial, del que según comentan, se quedan muchos volúmenes arredrados y sin vender, porque preferimos utilizar los medios digitales modernos que, en modo alguno, sustituirán el placer de tener entre las manos, frente a los ojos y con el gozo que supone aspirar el olor a papel y tinta, un millón de historias, relatos, cuentos, materias, novelas, etc., que te atrapan y hacen que sea productivo el tiempo que empleas. Mucho mejor que esos juegos y videojuegos en los que, muchas veces, nos anonadamos y perdemos la noción del tiempo.

 

Creo que sería buena idea que, en las cercanías del 23 de abril, apareciera en cualquier rincón de nuestro pueblo un grupo de casetas repletas de libros e ilusiones, que son mucho más rentables para la mente y el espíritu que el que invierte en acciones, bonos o lotería. Ahí queda la propuesta, con la ilusión de que algún día sea realidad.

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