Artículos Historias de antaño y de vida

Historias de Ayer (XIV)

   Manuel Díaz-Pinés Fernández-Prieto

¡Qué lastimica!… De un día para otro, se nos acabaron los ‘patacones’ y la ‘leche de cabra’…

 ¡Si, si y lo digo con nostalgia porque yo me crié entre patacones y cabras de reparto de leche domiciliaria (que nadie saque conclusiones infundadas) y eso… imprime carácter, vaya que sí!.

 Con los patacones, comprábamos pipas, altramuces, garbanzos ‘torraos’, cacahuetes, chufas y alguna que otra golosina. Ese patacón, esos diez céntimos de peseta, todavía a principios de los años 60’ del pasado siglo, se seguían utilizando y los muchachos les sacábamos mucho provecho a esa humilde moneda.

 

Me resulta muy grato haber vivido la pasada época y la actual, ya tan distantes en mi trayectoria humana, con medios y formas de vida tan diferentes y que mi mente haya guardado toda la información al respecto. Jamás querría volver al pasado (el pasado es mío y fue superado con mayor o menos éxito) pero tengo en mi cabeza millares de datos, a todos los niveles y me resulta difícil procesar tantos avances acaecidos desde entonces, los cuales han transformado la sociedad y nuestra forma de vida. ¿Euro o patacón? ¿TBO’s o Play station? ¿‘Peli’ en el gallinero del Gran Teatro o decenas de videojuegos de Star Wars? ¿Reuniones en familia, hablando de lo divino y humano o familias aisladas en la mesa, cada uno atendiendo sus mensajes de WhatsApp?, etc. etc….

Avances sí, progreso sí, pero que nada nos coma el ‘coco’, que nadie borre de la faz de la tierra la comunicación entre humanos, la convivencia y el calor que dan el cariño y la amistad. Ya lo dije en alguna ocasión: Tenemos 1.000 amigos en ‘Facebook’ y nos encontramos más solos que la una ¡No es lo mismo ni es igual!, creo yo, mirarse a los ojos, charlar entre amigos y fundirse en un abrazo grande, que chatear en las redes sociales -que hacen su función, por supuesto – por mucha actividad que despleguemos, pero no nos confundamos con el uso de nuestros móviles y PC´s y dediquémosles el tiempo justo. En el empleo del resto de nuestro tiempo, no olvidemos lo de siempre: el contacto humano entre las gentes, vis a vis.

 Así se avisaba de la desaparición de la palabra patacón’, febrero de 1961, en crónica de Melchor Díaz-Pinés Pinés, para la Agencia Nacional de noticias, CIFRA:

“El lenguaje manchego está cambiando y adoptando expresiones modernas que contribuyen a hermosear la lexicología de la Región. Tal es el caso de la antigua moneda llamada » patacón «, que hasta hace bien poco se utilizaba frecuentemente al realizar pequeñas compras. Los muchachos manchegos han utilizado el patacón para comprar pipas, altramuces, chufas y golosinas en general. El origen de esta palabra, que es usada como moneda en muchos lugares del mundo hispano, es árabe y significa ventana, ya que en muchas monedas antiguas árabes figuraba en el reverso de la moneda algo así como una ventana. Después pasó al italiano como ‘pattaca’ y llegó a significar, en el lenguaje hispano, ‘ algo de poco valor’.

La palabra patacón ya se utiliza muy poco en La Mancha y se pierde irremisiblemente porque en la actualidad, hasta los más ancianos del lugar ya entienden y comprenden con absoluta facilidad por pesetas y sus decimales, cosa que antes no se comprendía.

Cartaya _ 027.

Queda pues el patacón para la historia y, en este sentido, he podido leer estos días, como el sacerdote Pedro Velázquez, manchego de nacimiento, que formó parte de la colonización del Perú, encargó a unos padres jesuitas que regresaban a España, el reparto de una herencia y su distribución. Las instrucciones que les dio fueron: “Mando dejar » cincuenta patacones » para atender las necesidades de leña en los hogares pobres y dar » un patacón diario » de pan, a cada pobre y si algo sobrase, se les dieran cuatro comidas extras al año”.

En aquellos tiempos del siglo XVI existían panes de un patacón que pesaban cuarto de kilo. Hoy el patacón ha sido desplazado por la moneda de diez céntimos, pero la fama de su » reinado «, perdurará aún mucho tiempo “.

Y en cuanto a las cabritas… que tanto me gustaba ver cuando llegaban a casa,  pues qué decirles… ¡que llevé un gran disgusto cuando dejaron de pisar las calles de Manzanares! Eso de salir con la lechera y ver cómo el pastor cogía la cabra (se las conocía a todas) y la ordeñaba directamente, de la ubre a tu recipiente, lanzando esos chorritos; eso, amigos tenía todo el valor del mundo ¡Te ponías a desayunar y sabías que era un producto de primera mano (más bien de dos manos) – hervida dos veces –  de una cabra conocida, la tal ‘Azucena’, que mientras era ordeñada, no paraba de decir ‘beeeeee’, escuchando la música de ‘Soy minero’, de Antonio Molina, que sonaba a través de la ventana en la radio de la vecina.

¡Así se trataba esta noticia!.

El 28 de Enero de 1957, Melchor DíazPinés Pinés publicaba para ‘Cifra’ la siguiente noticia:
Han desaparecido de las calles de Manzanares las cabras que efectuaban la entrega de leche domiciliaria.

“Como medidas municipales de sanidad y modernización urbana, ha sido suprimida de la vía pública la presencia de los numerosos rebaños de cabras, que desde tiempos inmemoriales venían suministrando la leche a domicilio por todo el pueblo.

Desde primeras horas de la mañana, todos los días del año, sin excepción de fiestas o conmemoración alguna, los cabreros guiaban a sus cabras por las calles del pueblo y en los hogares era algo así como el ‘toque de diana’, el despertador oficial de la casa. Salían las amas de casa, bien abrigadas en los duros días de invierno con sus cazos y lecheras, para recibir, directamente de la ubre de la cabra, esa exquisita leche que a más de uno nos habrá vacunado de muchas enfermedades. Demos un ‘Adiós’ definitivo a la tradición, a la hermosa imagen del cabrero ordeñando a la cabra de turno y el cliente contemplando cómo los chorros de leche llenaban su recipiente, lleno de espuma, de un producto fresco y de gran poder vitamínico.

Formaba parte del paisaje del pueblo, era de un tipismo increíble pero la modernidad, la salubridad de las calles, la higiene en general, han podido más y parece lógico ver que esos rebaños hayan sido sustituidos por extraños vehículos de dos ruedas, tipo bicicleta, portando transparentes botellas de cristal con tapón hermético de plástico con todas las garantías de pureza y asepsia para el consumidor.

El Ayuntamiento ha puesto en marcha un riguroso servicio de control y análisis callejero con el fin de asegurar el más exacto cumplimiento de lo ordenado por las autoridades sanitarias, conducentes a la implantación de un nuevo orden urbanístico y sanitario, más acorde con las modernas orientaciones en estas materias”.

¡No va más, amigos!  A cuidarse del frío que será tremendo en esta tierra mía, no menos que cuando hace 60 años las cabritas pisaban nuestras calles de cantos rodados, ofreciéndonos lo mejor de ellas mismas ‘por un puñado… de patacones’.

 

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