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Juventud, divino tesoro

Pablo Nieto-S. Gutiérrez

Quizá el 50% de las personas que abarrotábamos el salón éramos menores de 25 años

El teatro es poesía que sale del libro y se hace humana. (Lorca)

Rubén Darío, en sus Cantos de vida y esperanza, comenzaba así su Canción de otoño en primavera, donde se lamentaba por la juventud perdida y por el inexorable paso del tiempo… “¡te vas para no volver!” –clama el poeta. Por ello, merece la pena romper una lanza –en este caso, dos– en favor de la juventud, pues cuando algo se hace bien, hay que reconocerlo.

Digo esto por dos motivos:

  1. El pasado 30 de mayo fui a nuestro Gran Teatro a ver una representación encuadrada en la XXXVII Muestra de Teatro Escolar que la asociación Lazarillo T.C.E. viene organizando. Me sorprendió sobremanera que, de las más de 500 personas que abarrotarían el salón, quizá el 50% éramos menores de 25 años. Tiene mucho valor esto. En el artículo publicado en esta revista en el mes de febrero hacía un llamamiento a que la juventud mostrara su aprecio por las artes con “hechos, no palabras”. Por los motivos que fueran, quedó más que demostrado que sí, que la disposición hacia la cultura está ahí. Cabe esperar que no sea este un caso aislado y que, más pronto que tarde, la enorme masa joven que abarrotó el teatro lo vuelva a hacer en otras ocasiones y con otras agrupaciones.
  2. Comentado el papel que la juventud representó asistiendo al evento, es momento de centrarnos en lo representado. Era la “Escuela de Lazarillo” la encargada de, sobre las tablas, transmitir un mensaje y hacernos disfrutar. Para algunos de los integrantes del elenco que representó una versión del musical Despertar de Primavera, ésta era su primera vez sobre los escenarios… y el resultado fue francamente bueno. Quienes estuvimos allí, y así se veía en las caras del público tras la representación, salimos francamente contentos por la pasión trasmitida y el mensaje recibido, un mensaje que, pese al paso del tiempo, llama poderosamente la atención acerca de, una vez más, la juventud (los “astros” parecieron alinearse esa tarde… ¡jóvenes viendo una obra de jóvenes que habla de jóvenes!) … sus afanes de descubrir, las reacciones que tienen frente a una sociedad que aún los toma por niños inmaduros, y cómo su frustración los lleva a finales trágicos… Todo ello fue bellamente representado sobre las tablas… y el mensaje caló. El genial dramaturgo García Lorca decía que el teatro es poesía que sale del libro y se hace humana. Las canciones, los ensayos con que el protagonista, Melchor, nos hacía reflexionar… poesía para el alma.

Parece, pues, que la juventud manzanareña se mueve y participa de la actividad del pueblo, no es una juventud “anodina”. Quizás la veamos en masa menos de lo que nos gustaría, pero… ¿quizá pueda esto cambiar? Ojalá y sea así. No puedo dejar pasar la oportunidad de valorar una vez más el interés que tiene el teatro tiene para hacer cambiar a la sociedad. El poeta Gabriel Celaya decía que la poesía es un arma cargada de futuro… humildemente, me tomo la licencia de parafrasear al maestro… el teatro es un arma cargada de futuro.

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