Artículos de opinión Opinión

La atención primaria

Por Úrsula López

Trabajo desde hace más de 20 años en Atención Primaria. La Atención Primaria nos brinda tradicionalmente la oportunidad de poder desarrollar un estrecho contacto con el paciente, una confianza mutua y nos permite incorporarnos a sus vidas y acompañarles, a veces, en momentos alegres y en otras ocasiones en momentos dolorosos y difíciles.

Aunque aparentemente nuestra labor no es tan mediática como la que estamos viendo en estos días de los hospitales, es una atención más cercana y familiar, y en las circunstancias actuales está siendo determinante para asegurar la atención y el seguimiento de los pacientes, y para que los servicios de urgencias no se colapsen.

Nuestro día a día en los Centros de Salud se ha modificado de forma sustancial.

No solo en algo tan evidente como nuestro aspecto físico, en el que hemos cambiado ropa de calle, hemos eliminado cualquier atisbo de maquillaje, pendientes y cadenas, y los hemos sustituido por mascarillas, gorros y gafas protectoras.

Hemos hecho cotidianos actos como el de limpiar y desinfectar continuamente todo aquello que usamos o tocamos.

Hemos cambiado la forma en la que nos relacionamos entre nosotros, intentando mantener siempre la distancia adecuada de seguridad, incluso en las reuniones informativas.

Pero lo que más ha cambiado es la gestión en la consulta diaria. El objetivo es el de evitar las consultas presenciales, siempre que se pueda, y ayudar de este modo a que la gente pueda seguir estando atendida sin salir de casa.

Por eso nuestra principal herramienta de trabajo está siendo el teléfono, al que nos pasamos pegados largas horas durante la jornada; con él intentamos ofrecer consuelo, transmitir confianza en estos momentos de miedo y dudas; nos proporciona a veces alegrías y tranquilidad, cuando vemos que el paciente está evolucionando de forma satisfactoria, y a veces preocupación o incertidumbre, si lo que oímos al otro lado es una voz entrecortada por la dificultad respiratoria, como posible signo de complicación de la infección por coronavirus.

En estas ocasiones informas al paciente de que vas a realizar una consulta en su domicilio para valorar la situación o le sugieres en situaciones más graves, que acuda al servicio de urgencias hospitalario, aunque no es raro que toque pactar y negociar, porque hay quien prefiere esperar en sus casas. La gente está aguantando en estos días mucho más de lo razonable. Piden perdón mil veces por estar malos, por necesitar atención, por distraerte, como dicen, con todo lo que hay que hacer, también con sus problemas. Como si fuera su culpa encima el haber enfermado.

En los peores momentos a través de él nos llega el mensaje del fallecimiento de un familiar y solo podemos ofrecer consuelo.

Son momentos de impotencia, miedos y lágrima fácil.

También de compartir sentimientos y preocupaciones: La celadora, que tiene a su hermana ingresada y que da gracias los lunes por estar  bien y poder comenzar la semana trabajando; la enfermera que lleva 3 semanas  viviendo en habitaciones separadas de su marido, por miedo a contagiarle; la administrativa que está infectada y se siente culpable por ello y no poder estar trabajando, con la falta que hace; el médico que está ingresado por una infección por Covid 19, y todavía se preocupa por ti, por si te lo ha pegado en la última guardia juntos.

Todos vamos con las máximas precauciones, pero es inevitable el miedo de llegar a casa y poder contagiar a tu propia familia. Tanto es así que algunos han optado por enviar a sus hijos fuera, a pesar de no poder verles en semanas.

Yo, echo de menos poder ver a mi madre más allá que desde la calle. Echo de menos sentarme con mis hijos a ver una peli todos juntos en el sofá o darles un beso de buenas noches.

Pero si hay algo que esta situación nos ha  demostrado, es la gran generosidad de la gente: Está siendo un regalo poder contar con el apoyo inestimable y el compromiso no solo de todos mis compañeros del Centro de Salud, desde la Unidad Administrativa hasta el personal de limpieza, sino también con el de un montón de ciudadanos, que están apoyándonos y contribuyendo a que podamos trabajar mejor y a que podamos trabajar protegidos, y a los que damos las gracias una y mil veces.

Trabajando todos juntos lograremos superar esto algún día. Y junto a este deseo de esperanza, el recuerdo especial para todos aquellos que ya no podrán acompañarnos y un beso enorme a sus familiares en estos duros momentos de  dolor y soledad.

 

 

                                                                      

COMPARTE

Deja un comentario

*

Artículos de opinión Opinión

El Coronavirus y el Titanic

COVID19 o reclusión forzada

Potaje