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La poética baza de Teo Serna: Reyes, sotas y algún caballo.

Manuel Gallego Arroyo

Dicen que vivimos en la “época digital” y que un buen programa de ordenador sería capaz, él solo con las variables precisas y ciertas condiciones del contenido, de generar obras de arte, o toda una serie de imágenes con sus aleatorios paralelos lingüísticos. Es posible que les falte el chispazo de la inteligencia sensible, es posible que devalúen su capacidad de sorprender, que confeccionen, nada más, un abierto análisis de probabilidades a la postre soso y reiterativo. Aunque tal vez cuelen. Reyes, sotas y algún caballo es una serie de obras, solucionadas a modo de naipe y resueltas como obra bidimensional con el apoyo digital, que, acompañadas del texto respectivo, se prestan a esta suerte de meditación. En efecto, en estas creaciones de poesía visual, Teo Serna bordea el fantasmagórico abismo que separa, a día de hoy, al hombre de la máquina inteligente. Nuestro artista, en efecto, a fuer de humano, usa y abusa de la imagen, la trata digitalmente, y la soba; usa y abusa del texto, lo voltea, lo desgarra, exprime, lo abre, lo fuga y lo asocia a los palos de la baraja. Todo con un marcado fin de originalidad. Ensayemos no obstante algunas explicaciones del milagroso truco.

  • La experiencia del naipe.

Es que hay en el naipe ya una experiencia elemental de la belleza, la experiencia visual del gozo meramente sensitivo. La baraja española tiene un aire artístico de por sí, rico en valores plásticos, a los que acompaña la evocación de un mundo irreal. Lo simbólico, “metasimbólico” algunas veces, de los palos de la baraja que, además, se enriquece con las similitudes irónicas de la vida humana con que trasiega dicho símbolo. En la figura está la jerarquía, el azar, la pertenencia, la alegoría y el número.

  • Poetización.

Teo “estetiza” la experiencia del naipe. Se transforma en un consumado jugador, doloso prestidigitador, lector de buenas y de malas venturas, haciendo lo que ya hizo, por ejemplo, el cubismo o la pintura románica con la imagen, al ponerle palabras y letras que sesgan o aclaran el sentido de lo visible. Se ha generado la trasmutación, y el naipe se ha poetizado, “transpoetizado”, diría yo, llevando más allá del sentido plástico y sensible a la carta, llevándola a los terrenos de la intuición y la inteligencia, poniendo dinámica realidad en la representación seca, quieta, icónica.

  • La crítica.

No está exenta la obra, y hablamos de la obra en general, de toda la colección de su baraja, de cierta perspectiva crítica. Se nos ocurre una no en exceso sagaz por nuestra parte, si bien persistente, creo, en la serie. Es la dentellada que da el autor sobre la realeza como poder, y en la concepción del poder como realeza. Pero existen muchas otras. Es criticable toda idea, todo valor, toda voluntad, toda realidad …

  • La cita y la referencia.

Se plaga la obra de citas, como corresponde a toda buena creación posmoderna. Del cine, la literatura, el arte, la ciencia; de todo el imaginario que metabolizado por el autor, sea susceptible de convertirse en simulacro o baza de la mano, posibilidad de brisca. Se produce de esta manera una electrizante mixtura y simbiosis de imagen popular e imagen culta. La hibridación en este sentido es uno de los recursos fundamentales del poeta plástico.

  • Trascendencia.

Un porte metafísico, trascendente, que va más allá de la mera creación, preside a todos estos naipes. De ahí también la recurrencia al mito, al símbolo. La figura no se conforma con ser mera figura, quiere traerse a la figuración y apropiarse, gran parte del sentido vedado al menester humano.

  • Ironía.

Y cómo no. Cuando las cosas trascendentes se traen a la realidad y se les pone en el palo de la baraja, no tienen por menos que mostrarnos su lado ridículo. El humor preside todas estas composiciones. El humor como trasfondo de la realidad que nos ha tocado vivir, como “mueca eginética” de nuestros propios valores.

Por todo ello, certificaremos, por el momento, que esta obra sobrepasa a la máquina. Nos hallamos ante una poesía inteligente, mueca irónica y trascendente, mitómana y crítica, cuya baza consiste en la apropiación. Para llegar a ser original Teo ha necesitado apropiarse de la baraja y, barajando, apropiarse de la historia del arte, de la mitología y de la historia de la filosofía por caso, para enseñarnos que, a través de un proceso de metabolización sutil y personalizado, siendo el dominio del software parte de la metabolización, se puede hacer cultura, esto es, ser sobradamente original, lo que es ser poeta, más allá del logaritmo y de las probabilidades.

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