Artículos de opinión

La realidad y el deseo

África Crespo

Salí de Manzanares con dieciocho años a estudiar mi carrera universitaria. En aquel momento me encantaba la idea de alejarme de lo conocido: familia, amigos, casa,  pueblo… Estaba ilusionada con vivir en otra ciudad, conocer a gente nueva, andar de acá para allá como me apeteciera… Cuando acabó aquella aventura quise prepararme oposiciones y, para ello, decidí volver. Pero mantenía la ilusión de irme de este pueblo a vivir nuevas experiencias. No sé por qué nos pasa eso a los manzanareños: no queremos vivir en nuestro pueblo. Aprobé y como loca de contenta me dispuse a irme a la gran ciudad. Vivir en la capital es un privilegio, al menos así lo veo yo. Tengo una oferta cultural muy rica a diario, estupendos restaurantes donde elegir, gente nueva a la que conocer, aprendizajes asombrosos… Pero no tengo lo más importante: mi familia cerca.

La gran mayoría de los jóvenes de mi edad hemos tenido que buscar trabajo fuera de Manzanares. Y ya no solo fuera de nuestra localidad, sino fuera también de nuestra Comunidad Autónoma. Siempre alegamos falta de trabajo cerca y escasas posibilidades, y en verdad así es. Es complicado encontrar trabajo en la zona para un Arquitecto, un Ingeniero o un Profesor. Por eso, hemos decidido irnos directamente a buscar el desarrollo profesional fuera de casa. Tengo amigos que hasta han tenido que cambiar su empadronamiento, puesto que es necesario para la sanidad, para la escolarización de los niños, para mantener en la calle el vehículo. Hemos decidido borrar nuestros orígenes en Manzanares y asentarnos en aquellas ciudades que nos han brindado la oportunidad profesional que buscábamos.

Sin embargo, quiero dudar que no solo es falta de oportunidades, sino que también es falta de deseo. No queremos vivir aquí. ¿Por qué? No hay respuesta clara. ¿En verdad no hay nada que nos atraiga a la gente joven de Manzanares? Yo soy de las que quieren vivir fuera y centrar mi vida en otro lugar, pero mi fuerza nostálgica me atrae hacia mis raíces. Quiero que mis hijos vivan en Manzanares, que se críen cerca de sus abuelos, tíos… que vayan a mi colegio o que estudien en mi instituto. Quiero poder esperarlos en casa hasta las tantas en su adolescencia sin pensar que tienen que volver en taxi o en metro, quiero jugar en los parques cercanos a casa y que no tengan que soportar una hora de atasco cada vez que volvamos después de hacer la compra o del colegio, quiero ir a la biblioteca andando y quiero que los reconozcan por la calle por ser hijo de tal y de cual.

En definitiva, me encantaría tener la certeza de que las oportunidades en mi pueblo, Manzanares, existen, por mis hijos y no por mí. Es lo que tiene la maternidad, que dejamos de mirarnos a nosotros mismos y empezamos a pensar en esas personas que acaban de llegar a nuestra vida. Pero la realidad es evidente: gran parte de mi generación no trabaja ni vive en Manzanares. En cambio, somos muchos los que queremos volver y no encontramos oportunidades profesionales que estén a la altura de las que ya tenemos. Entones, ¿qué hacemos? Seguir trabajando y seguir luchando por lo que queremos, para poder conseguirlo.

 

 

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