Artículos Historias de antaño y de vida

La venganza

Hay fotografías que encontramos olvidadas en cajones de cualquier mueble, guardadas en cajas de zapatos o en latas de carne-membrillo, sobres pajizos de pegar con la lengua o en álbumes olvidados. Al verlas junto a facturas, recibos y estampas recordatorios de algún pariente, la mente empieza a “furular” aquellos momentos con los atrasos correspondientes de años. Personas que desaparecieron y dejaron algo que referir de la vida, esa huella transcurrida, el simple comentario de aquel día cotidiano.

Esta instantánea principal está realizada en la calle “Ancha” (Jesús del Perdón), bar-restaurante de Dionisio “Saga”, una especie de “café Gijón” de pueblo, local lindero con la ermita de La Veracruz que después pasó a ser “El Pancho”.

Dionisio, personaje dedicado toda su vida a la hostelería, primero estuvo en la repostería del “Gran Casino” (2 años), después a este lugar, junto a su familia. Cogía la cazuela de barro y lo primero era regarla de vino, ajos, aceite de Julio Fernández, cordero manchego o merluza fresca que le descargaban a diario y el resto como en la mili, “se le supone”. Así lo hacía en los fogones que manejó muchos en su vida. Gran cocinero, conversador y conocedor de la gastronomía. Después se instaló en la misma calle, local más amplio y gran comedor, “Mesón de Don Quijote”, decía: –los negocios se hacen en lugares de paso, donde la gente entra y sale. Cuando hicieron la desviación de carretera, cortaron el paso por Manzanares y “El Saga” fue buscando lo que actualmente conocemos. Nombrado “Sembrador 2011”.

La calle Jesús del Perdón era travesía obligada, carretera de Madrid-Cádiz del que existía uno de esos indicadores en la puerta de la casa de Matías Muñoz Km. 174 y el 175 en el “puente de los pobres”. Manzanares fue lugar estratégico de “parada y fonda”. Están registradas seis posadas, diez pensiones, tres hoteles, un Alberge Nacional y cantidad de habitaciones particulares alquiladas, aparte de lugares de juego, bares, tabernas y otros de entretenimiento que tenían vida nocturna “alegre”. Así lo especifica el “Baremo Provincial” (Enrique Lérida- C. Real). Nuestro pueblo tenía vida callejera las veinticuatro horas del día, con menos habitantes que Tomelloso o Valdepeñas se igualaban en animada nocturnidad, habiendo necesidad de vigilancia con serenos de gorra y pareja de municipales.

En el mes y año de esta fotografía se estaban rodando escenas de la película “La Venganza”, coproducción escrita y dirigida por Juan Antonio Bardem, duró tres meses, de finales de junio al 29 de septiembre del año 1957, en plena siega. Parte en Membrilla y en Alhambra.

En este plano se encuentran sentados los paisanos conocidos: Rafael Ochoa, pensativo, gafas de sol. Antonio Pacheco mirando algo y no precisamente el “móvil”. Emilio Manrique de Lara con botas camperas, Emilio el “yesero”. Al fondo de pie, el comentado Dionisio Saga con su atuendo de buen restaurador y dispuesto, Rosas (corredor de cereales), Lolo y Pura (la madre de los Sagas). Durante aquel periodo de rodaje fue el proveedor, servicio de restaurante y cafetería para todo el personal contratado. En la mesa se aprecia el final de sendas cañas, sillas de tijera, aquellas de madera que alquilaban para los velatorios de rosario fúnebre, con acompañamiento familiar y esclavitud para las posaderas.

El director J. A. Bardem en varias ocasiones los llamaba a dichos protagonistas, pidiéndoles orientación y consejo de la forma de convivir el segador con el amo, como conocedores y haber pataleado el campo, queriendo representarlo en el drama peliculero que se estaba rodando sobre la siega. Aunque el guion ya estaba escrito, la censura política le hizo cambiar varios papeles e incluso el titular que era “Los Segadores” tuvo que cambiarlo por “La Venganza” decían que coincidía con el titular del himno nacional catalán y la acción del guion trasladarlo a 1931 para que no coincidiera con la época actual del rodaje y de esta forma perdiera su carga política.

Por tal razón y con cabreo sobrecargado el Sr. Bardem recurría a personas que conociesen el movimiento y trato con los trabajos del campo a pleno sol, caserío, amoríos, celos, vestimenta, segadores en familia e incluso me comentó Antonio Pacheco que llegaron a intervenir en varios planos con Carmen Sevilla, Raf Vallone que hacia el personaje de “Luis el Torcido”, Jorge Mistral y sobre todo con Bardem que llevaba el peso. Preocupación palpable que se refleja en esta fotografía.

Se alargó el rodaje de la película, los planos ya hechos no sirvieron. Todos los días los taxis de Severiano y Tomasín tenían que traer y llevar al lugar escénico a los personajes, unas veces desde el Parador, otras a Madrid; ellos hicieron su agosto. Una vez a la semana en el Cine Avenida visualizaban los planos, cortes, repeticiones de escenas. Me gustaba aquel entresijo oculto, las peleas, luchas, navajas, riñas, sangre. La voz potente de ¡corteeen!, ¡acción!, el golpe seco de la plaqueta: –¡toma número 128-B!

Ver al actor en vivo, su transformación, el montaje, todo es puro camelo, velocidad de cámara y fantasía. Curioso la sección de maquillaje, muy interesante el vestuario y peluquería, la iluminación, enfoque, primeros planos, el trabajo y efectos de los “especialistas”, movimiento de cámaras. Sorprende ver el rodaje y finalmente verla en pantalla. Escenas que ni aparecen.

Película que ganó la crítica Internacional del Festival de Camnes, siendo denominada al Oscar a la mejor película extranjera. Esto es estar “tras de las cortinas”, los teloneros observan y el actor hace su papel. Después queda según el guion y dirección.

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