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Los mágicos

Manuel Rodríguez Mazarro

Esta cuestión de los Reyes Magos aún no la tengo clara, ni nadie. He tratado de averiguar en la Biblia algún párrafo que me haga ilusión de esta leyenda o mito, no se trata de creencias, es convencimiento. –Es San Mateo (II,1-12) el único que lo menciona y lo deja a criterio de posteriores imaginarios.

                  Dice así San Mateo: — “…Y habiendo nacido Jesús en Belén de Judea en los días del rey Herodes, llegaron de Oriente a Jerusalén unos magos…” No dice que fuesen reyes, ni que fuesen tres, ni los países que procedían, ni que se llamaran Melchor, Gaspar y Baltasar, ni que fuese blanco, castaño y negro. Todo eso a través de los siglos se ha ido difundiendo de unos a otros y como en la Torre de Babel o los políticos actuales, no se entienden, cada cual a su bola.

                  En cambio, San Mateo indica la visita de los personajes orientales, que preguntaron por el rey de los judíos recién nacido, Herodes “llamó en secreto a los magos, averiguando cuidadosamente de ellos el tiempo en que se les había aparecido la estrella”. Y encaminándolos hacia Belén, les dijo: “Id e informadme puntualmente de lo que hay de ese niño, para que yo también vaya a adorarle”.

                  San Mateo no cita el establo ni la adoración de los pastores, “…habiendo entrado en la casa, hallaron al niño con María, su madre, y postrados le adoraron, abrieron sus cofres, le ofrecieron los presentes, oro, incienso y mirra”. Después les viene un sueño que les advirtió no volver a Herodes, regresando a su país por otro camino, Herodes se cabrea y monta la barbarie de la matanza de los inocentes. Hasta aquí se puede contar.

                  De estas notas evangélicas se dice claro: la visita a Herodes, la adoración del niño y el sueño de no volver por el mismo camino. Todo lo demás, me figuro que se lo fueron sacando de la manga y chistera los magos. Aquí encuentro un cuentecillo de “Aladino y la lampara maravillosa” de la época egipcia, mezclando fantasía con realidad. Aquellos reyes magos eran simples astrólogos que leían el porvenir de las estrellas. Ni el evangelio de San Mateo, ni los apócrifos que se ocupaban de ellos, los califican de reyes. — ¡Dónde íbamos a parar!, la palabra “mago” ya en los primeros siglos del cristianismo, un matiz peyorativo. Así lo aprueba la leyenda Simón el mago, que cambió el gorro frígido de los astrólogos, por corona real.

                  Esto es misterioso, hay pinturas de prestigiosos artistas de la historia en los grandes museos que igual pintan dos que cuatro, curiosamente la iglesia Siria creyó que eran doce, pero algunas tradiciones cuentan hasta sesenta, citando algunos nombres. Ya en el siglo IV prevalece el número de tres e incluso se afirma que las reliquias se encuentran en la catedral alemana de Colonia. La historiadora Nieves Concostrina dice que allí no hay ni polvo.

                  No tuve más remedio que reírme cuando en el “Liber Pontificalis” de Rávena, dicen los nombres de los tres magos: — “Bithisarea” joven de tez rosada, “Melichior” que era el viejo y “Gathaspa” moreno. He menudeado en el “Catalugus Sanctorum” (siglo XV) y lo increíble es que indica los años que cada cual tenía, Melchor sesenta, Gaspar cuarenta y Baltasar veinte. Este tipo de monarquía mágica me produce fantasía.

                  Querido lector, estaba realizando estas navideñas notas para la revista SIEMBRA y yo solo me estaba partiendo de incredulidad, más bien me parece una gran fantasía, aunque lo dicho está reflejado y no en libros de magia.     

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