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LXXV Aniversario Virgen de los Dolores

Resumen de la homilía en la celebración del LXXV Aniversario de la Virgen de los Dolores.    

Hay en el ambiente una especie de miedo a la Cruz del Señor. Y es que, hemos empezado a llamar cruces a todas las cosas desagradables que suceden en la vida y, no sabemos llevarlas con sentido de hijos de Dios, con visión sobrenatural. ¡Hasta quitamos las cruces que plantaron nuestros abuelos en los caminos!

“Porque, en verdad, los judíos piden señales y los griegos buscan sabiduría; pero nosotros predicamos a Cristo crucificado, piedra de tropiezo para los judíos y necedad para los gentiles; más para los llamados, tanto judíos como griegos, Cristo es poder de Dios y sabiduría de Dios.” (Corintios 1, 22-24).

En la Pasión, la Cruz dejó de ser el símbolo del castigo, para convertirse en señal de victoria. La Cruz, es el emblema del Redentor: ‘in quo est salus, vita et resurretio nostra: ‘allí está nuestra salud, nuestra vida y nuestra resurrección». (José María Escrivá de Balaguer.  VIA-CRUCIS. Estación II. Nº 5.).

“Nosotros, los que hemos acudido a su llamada, en este triduo en Honor a la Virgen Dolorosa, debemos sentirnos orgullosos. Y hoy, función solemne, en que celebramos el setenta y cinco aniversario de la bendición de la imagen de Nuestra Señora de los Dolores, nos acercamos con fe y esperanza a Jesús, que asumió la Cruz por nosotros, para que tengamos vida en abundancia. Es una invitación a convertirnos y como hermanos suyos, ser sus discípulos y misioneros”.

María, “al pie de la Cruz”

Ella no huye del dolor… Hubiese preferido estar en la cruz, enclavada, con tal de que sus hijos, nosotros, fuésemos liberados de los garfios de la cruz.

«El Hijo en la Cruz, la Madre junto a la Cruz; más aún, el Hijo enclavado en la Cruz, y la Cruz clavada en el corazón de María. Había sólo una Cruz, y eran los dos los que colgaban en ella; un sólo tormento y los dos los que sufrían: el Hijo en el cuerpo, la Madre en el Corazón. Los clavos taladraban las manos del Hijo, pero a la vez las entrañas de María; la corona punzaba la cabeza santa y el corazón sagrado. “(Santo Tomás de Villanueva. Sermón 2º acerca de la Concepción.)

¡Oh fiel compañera! semejante a tu divino Hijo en la tribulación!

“Virgen de los Dolores, tú al pie de la Cruz encierras una luz más fuerte que la oscuridad que reina en nuestros corazones; ante el sacrificio redentor, nace en ti, María, la esperanza de la Iglesia y de la humanidad…» (San Juan Pablo II, 2 de abril de 1997) La Virgen, Santa María, acompañó maternalmente a la Iglesia desde el principio mismo.

 

Así lo vivimos en nuestra ciudad de Manzanares:

Sírvanos como ejemplo modélico el itinerario recorrido por la devoción expresada. Ya en el siglo XIX, había devoción a la Santísima Virgen de los Dolores, siendo costumbre en los bautizos, colocar al recién bautizado sobre su altar, donde se oraba breves instantes.

Desde principios del siglo XX se tienen noticias de que un grupo muy numeroso de señoras, bajo la dirección del Cura Párroco, organizaban los cultos cada año en honor a la Santísima Virgen de los Dolores: se meditaba en la Pasión de Cristo, se exponía con solemnidad el Santísimo Sacramento y, de modo muy especial, se vivía junto a María el Viernes de Pasión, culminando estos cultos la procesión con la imagen de la Virgen. Se facilitaba así también el cumplimiento del Mandamiento de la Santa Madre Iglesia: “confesar y comulgar al menos una vez al año en la Pascua de Resurrección”. En el año 1936 quedó destruida la imagen.

En 1942, el entonces Párroco de Manzanares, Don Dimas López González- Calero, reunió a unas señoras de Manzanares, constituyéndose formalmente la Hermandad de la Santísima Virgen de los Dolores y, en 1944, se adquirió la imagen actual, talla realizada en los talleres de Arte Granda. La nueva talla fue bendecida en 1.944, desfilando, por primera vez, el Viernes de Dolores de ese año. A nivel artístico es una joya para la Parroquia de la Asunción donde, se encuentra durante todo el año, estando ubicada para su veneración en un bello retablo donado por Doña Josefa y Doña Águeda González-Calero España.

Contemplando esta bellísima imagen de la Virgen de los Dolores, nos abrimos a la esperanza, confiando en su protección maternal. Como pueblo de Manzanares acudimos a Ella. Como diría San Bernardo:

«¡Oh tú que te sientes lejos de la tierra firme, arrastrado por las olas de este mundo, en medio de las borrascas y las tempestades, si no quieres zozobrar, no quites los ojos de la luz de esta Estrella, invoca a María!”

«Si se levantan los vientos de las tentaciones, si tropiezas en los escollos de las tribulaciones, mira a la Estrella, llama a María.” 

«Si eres agitado por las ondas de la soberbia, si de la detracción, si de la ambición, si de la emulación, mira a la Estrella, llama a María.

«Si la ira, o la avaricia, o la impureza impelen violentamente la navecilla de tu alma, mira a María.

«Si, turbado a la memoria de la enormidad de tus crímenes, confuso a la vista de la fealdad de tu conciencia, aterrado a la idea del horror del juicio, comienzas a ser sumido en la sima del suelo de la tristeza, en los abismos de la desesperación, piensa en María. 

«En los peligros, en las angustias, en las dudas, piensa en María, invoca a María. No se aparte María de tu boca, no se aparte de tu corazón y para conseguir los sufragios de su intercesión, no te desvíes de los ejemplos de su virtud. 

«No te extraviarás si la sigues, no desesperarás si la ruegas, no te perderás si en Ella piensas. Si Ella te tiende su mano, no caerás; si te protege, nada tendrás que temer; no te fatigarás, si es tu guía; llegarás felizmente al puerto, si Ella te ampara. Amén. San Bernardo.

Luis Gallego, Párroco.

 

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