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Manzanares Crea Escena, y vuelve a su mejor tradición teatral

Para los que recordábamos (y echábamos de menos) el intenso interés de la gente de Manzanares por el teatro, el surgimiento de esta nueva asociación cultural, MANZANARES CREA ESCENA, es un soplo de aire fresco y un motivo de esperanza. ¿Lo mejor de la iniciativa que echó a andar hace un año? La importancia del reto que se ha impuesto y el eclecticismo de sus componentes. Con Calígula, de Camus, Teresa Serna, la directora del montaje, habrá de poner en escena más de 100 personas incluyendo actores, músicos y cantantes; habrá de combinar con e exigente texto música en directo que se ha compuesto ex profeso para el espectáculo y habrá de interpretar una obra complejísima, densa, profunda y llena de matices. En cuanto a la composición de la asociación, que tirios y troyanos se unan para sacar adelante un proyecto común es casi lo más bonito de la iniciativa. Hay gente de Lazarillo, de Vaya Cirio, de la UPE y actores nóveles. La música en directo será interpretada por Mansil Nahar y por la banda Julián Sánchez Maroto (muchos años después se volverá a abrir el foso del Gran Teatro). Las modistas que habitualmente cosen los trajes de las Jornadas Medievales ya están rematando puntada tras puntada los de esta obra y los artistas plásticos Juan Sánchez y Virginia Caro se han aplicado a los decorados y las máscaras. Un proyecto coral que espera su estreno para principio de Noviembre y que lleva gestándose desde octubre de 2018. ¿Por qué Calígula, precisamente? Teresa Serna no es una mujer que se asuste: “Me propusieron dirigir una obra y yo elegí esta por el inmenso reto que supone: es un texto tan denso y difícil de ejecutar que el teatro Nadir ha sido incapaz de hacerlo. Nos parece importante, con todo humildad, que MANZANARES CREA ESCENA se estrene con una propuesta de altura”

La Diputación y el Exmo. Ayuntamiento son el soporte de esta iniciativa que pretende no quedarse en Manzanares sino girar en algunos auditorios y teatros importantes de nuestro entorno.

Calígula fue la primera obra de teatro escrita por Albert Camus, lo que la inscribe en el periodo más pesimista de su carrera, el conocido como ciclo del absurdo. Pese a haber sido escrita en 1937, se representó por primera vez en 1945 y Camus siguió trabajando en ella hasta darle su forma definitiva en 1957, veinte años después de su primera versión, lo que es una señal inequívoca de que esta obra tenía un significado muy especial para él. El drama arranca con un Calígula que ha desaparecido del palacio y a quien toda su corte anda buscando, sospechando que su desaparición está relacionada con la muerte de su hermana Drusila, a quien amaba profundamente y con quien mantenía relaciones incestuosas. Cuando Calígula regresa al palacio, no parece la misma persona. Quien en apariencia había sido un gobernante inocente, joven, amable y, sobre todo, manejable por su corte de consejeros, parece haber perdido la cordura o, como él mismo asegura, cree haberla encontrado.

La temática del poder está omnipresente en toda la obra. De hecho creo que se trata de una pieza que no ha perdido en absoluto su vigencia porque, como todas las obras que perduran, trata de temas atemporales. La misma corte de aduladores que en un principio temía por su vida y que supone que la muerte de Drusila lo ha trastornado irremediablemente, comienza a padecer las decisiones que, a partir de ese día, el joven emperador comienza a adoptar, con la única complicidad de su sirviente Helicón y a su esposa Cesonia, quienes se prestan a seguir el juego de la implacable lógica absurda con que impregna sus decisiones.

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