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Matrimonio y amistad

Ramón Horcajada Núñez

Nunca se cansará uno de insistir en la importancia que tiene la cuestión de la amistad dentro del matrimonio. Estar casados entraña ser amigos. Los pensadores de la Edad Media ya hablaban de esta cuestión. Podemos tener amigos fuera del matrimonio, sería ridículo negar esta cuestión, pero lo que es inadmisible es que, dentro del matrimonio, dentro del hogar, nos neguemos a que exista la amistad.

El matrimonio implica este grado de afecto, cariño incondicional y seguro que se nos brinda por parte del otro. Esto es un amor basado en la amistad y que produce seguridad. El amor ha de abrirse a la amistad. No se hablarán muchas cosas en el matrimonio si el de enfrente no es el “amigo” o la “amiga”. Plena confianza que se convierte en confidencia. Un amigo conoce lo que hay en lo más profundo del otro amigo. Los amigos se narran la vida y los incidentes, sus victorias y sus derrotas. Esto conlleva realimentar juntos el espíritu de la reflexión, la meditación, la sexualidad, la lectura, la formación, la dirección espiritual, la oración, etc.

 No puede haber armonía si no existe esa comunión que brota de la amistad, y sin esa comunión no habrá proyecto común, horizontes comunes compartidos por la pareja y la familia. No hay comunión si, por ejemplo, para un cónyuge lo más importante es el dinero y para otro la solidaridad, por no hablar de los valores que se consideran fundamentales en la educación de los hijos. Sólo en este clima de amor y amistad se puede hacer un proyecto de pareja y de familia. Este clima es el que han de mamar nuestros hijos. El mismo Nietzsche afirmaba que “el mejor amigo tendrá la mejor esposa porque hará descansar su matrimonio en el talante de la amistad”.

Sin amistad no hay matrimonio. Así de rotundo. La pasión, el eros, ha de estar fundamentado sobre la amistad. Por eso el amor matrimonial es una conjunción muy amplia de cosas. La amistad es lo que da consistencia al respeto, y este respeto da consistencia a la pasión (nuestros jóvenes y muchos de nuestros adultos piensan que es al revés, que de la pasión procede el respeto. Pero no, del respeto proviene la pasión y entonces hay armonía y amor). Hoy en día parece que el ámbito de la amistad es otro que el del matrimonio, pero el verdadero ámbito ha de ser éste, y el verdadero amigo ha de colaborar a ello. No digo que no haya amigos verdaderos fuera del matrimonio, pero sí que el culmen del matrimonio es la amistad.

A la comunión sólo se llega por la comunicación. Ya hemos dicho más arriba que a la amistad se llega por el compartir todo y esto implica una buena comunicación. Para hacerse familia es fundamental el diálogo. El dialogar no es un mero contarse las cosas, no es hablar sin más del tiempo, del colegio de los niños, de la economía familiar… De todo esto hay que hablar, no cabe duda, pero dialogar es hacer partícipe al otro de lo que soy, pienso, siento, siendo receptivo a lo que el otro es, piensa y siente. Es decir, hay que salir de sí al encuentro del otro.

 

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