Psicología Temas de hoy

Noches en vela

Mayte Criado

El dormir y el soñar han sido temas protagonistas a lo largo de la historia. Hesíodo llamó al dormir “el hermano de la muerte”, considerando el sueño como una analogía de la muerte durante la cual la función mental cesa. Shakespeare en Hamlet cree que, más que una suspensión de la vida, dormir es una oportunidad para soñar, para participar en una forma especial de actividad mental. En 1900 Freud en la “Interpretación de los Sueños” propone que soñar puede representar la única manera de explorar las motivaciones inconscientes.

El insomnio, el mal del siglo XXI que sufrimos todas las personas alguna vez a lo largo de nuestra vida, es consecuencia de la alteración de los ritmos circadianos, puede producirse por una sobre-estimulación ambiental, por el exceso de aparatos electrónicos, por los turnos de trabajo rotatorio día-noche, el consumo de ciertos medicamentos… El caso es que dormir bien, parece venir siendo un lujo del que solamente unos pocos pueden disfrutar.

Cuando en nuestra vida aparece algún acontecimiento inesperado de índole, normalmente negativo, se generará una preocupación y esto, de manera inevitable, producirá una alteración en nuestra calidad y cantidad de sueño. Dependiendo del nivel de nerviosismo de la persona en cuestión, dicha alteración será más o menos significativa.

Pero es evidente que la imposibilidad de conciliar el sueño en el preciso momento que queremos dormir, experiencia que todos hemos experimentado alguna vez y que muchas personas lo sufren de manera crónica, se debe fundamentalmente a factores psicológicos. El ciclo de vigilia y sueño es un ritmo de periodicidad circadiana, es decir tiene una frecuencia media de 24 horas y está sintonizado con una serie de sincronizadores externos como el ciclo luz-oscuridad, la temperatura ambiental y ciertos estímulos sociales como el grado de actividad social en el entorno. El ciclo de sueño suele ser estable aunque ciertos factores lo alteran como las variaciones hormonales, la privación prolongada de sueño, los cambios bruscos de temperatura, los viajes transoceánicos que implican cambio de huso horario, así como la ingestión de ciertos fármacos. No cabe duda de que los factores psicológicos influyen sobre nuestro ritmo del sueño. Cuando estamos preocupados, sometidos a estrés o a emociones que nos sobrepasan, frecuentemente nuestra mente se ve invadida por pensamientos negativos, impidiéndonos conciliar el sueño y, si lo hacemos, sufriendo despertares anticipados.

Existen dos tipos de insomnio: de conciliación (cuando nos vamos a la cama y no podemos iniciar el proceso del sueño) y de mantenimiento (presencia de despertares nocturnos y/o anticipados). Ambos tipos, mantenidos en el tiempo, pueden llegar a ser muy incapacitantes.

Algunas pautas (denominadas Pautas Higiénicas del Sueño), para ayudar a vencer el insomnio, son las siguientes:

  • No ver la televisión en la cama
  • Tomar un vaso de leche templada 30 minutos antes de ir a dormir
  • No hacer una cena copiosa y no ingerir bebidas alcohólicas o con cafeína durante la cena
  • No utilizar el móvil ni cualquier otro dispositivo móvil cuando estemos en la cama
  • Si no nos podemos dormir, lo mejor es que nos levantemos y vayamos a tomar un vaso de agua y después regresar a la cama
  • Practicar respiración profunda y tratar de mantener la mente en blanco
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