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Política de «postureo»

 Pablo Nieto-S. Gutiérrez

El hombre es, por naturaleza, un ser político. (Aristóteles)

En el siglo IV a.C., el genial filósofo griego Aristóteles sentenciaba así el afán humano por relacionarse con otros de su misma especie. El ser humano, dice Aristóteles, necesita, para serlo, de la interacción con otros humanos. Si no, no puede desarrollarse. Debido a ello, surgieron –y siguen surgiendo– diferentes agrupaciones de seres humanos. En la Antigua Grecia, las ciudades, polis, eran entidades independientes. Para administrarlas, surgieron distintas instituciones, cambiantes según el territorio, que dieron lugar a la ‹‹política››, que quiere decir etimológicamente ‹‹de la polis››. Actualmente, es política todo aquello relacionado con la administración de un determinado territorio.

Parece lógico que la política actual, fundamentada en un sistema democrático –donde el control lo tiene el pueblo– como otrora se fundamentó en monarquías autoritarias, dictaduras o repúblicas, se ocupe de asuntos relevantes para el conjunto de los ciudadanos del territorio correspondiente… pero los datos empíricos -medios de comunicación locales, regionales y nacionales– desmienten este razonamiento tan pleno de sentido.

Nuestros actuales políticos, en todos los niveles de la administración y salvando honrosas excepciones que no hacen sino confirmar la regla, han prostituido la idea original de la política y ahora se dedican a “aparentar” –o, como ahora se dice por influencia del inglés, al “postureo” –, a vender logros insignificantes que enmascaran en cierto modo, especialmente a ojos del ciudadano carente del sentido crítico suficiente, la casi inexistente labor legislativa (hacer leyes) y ejecutiva (gobernar) de la que sí deberían presumir. Como un asunto solo teóricamente explicado –máxime si este es una crítica– es fácilmente discutible, haré caso del adagio latino facta, non verba (‹‹hechos, no palabras››) y pondré dos ejemplos, uno reprochable a la administración estatal y otro a la municipal.

1.- Tras cinco meses de legislatura, se han convocado nuevas elecciones generales. Las culpas se reprochan recíprocamente, sin que nadie asuma la propia. Nos bombardearán con vacuas justificaciones y nos intentarán convencer de su inocencia para condena del resto. Loable postureo para justificar una hecatombe… ¿Qué se ha hecho en 5 meses? ¿Dónde están las leyes del ‹‹legislativo››? ¿Y los presupuestos del ‹‹ejecutivo››?… ¿Qué se ha hecho de política, de la polis –del Estado–, en 5 meses? Nada, pura apariencia. Por hurgar en la herida, podríamos decir también que llevamos cinco largos años con pocas iniciativas, en general, pero lo acaecido en los últimos meses es sencillamente una desvergüenza.

2.- Durante las pasadas fiestas patronales, en el celebradísimo y concurridísimo Grand Prix, vimos competir a seis equipos, cuatro de ellos masculinos, uno femenino y tan solo uno mixto. Pero, oiga Vd., luego se llenan la boca con la palabra igualdad (que no se consigue diciendo “todos y todas”, “amigxs”, “guapos/as”, “portavoza” o inventos idiomáticos similares), con que hombres y mujeres tenemos los mismos derechos y con que hay que luchar por hacerlos efectivos. Y está bien que lo hagan. Porque es verdad. Pero, realmente, cuando se trata de asuntos de la polis, de política, nadie mueve un dedo para evitar el absurdo de tener equipos con integrantes únicamente de uno u otro sexo. ¿Tan difícil era cambiar las bases y exigir que los equipos fueran mixtos? Respondo yo: No. Pero no estamos para eso, no para asuntos políticos. Lo estamos para hacer declaraciones y decir qué bonita la plaza llena de gente (lo que no era mentira), qué éxito, un año más, el Grand Prix. Lo estamos para el postureo.

Vistos estos ejemplos –absoluta punta del iceberg­–, quizás fuera el momento de reclamar que nuestros representantes se dedicaran a lo que deben, a la política, a los asuntos de su administración. Y también de pedirles que dejaran de perder tiempo en aparentar tocar bagatelas mientras las sinfonías se quedan en la carpeta.

 

 

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