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Las fiestas 2019 en honor de San Antón, en marcha.

Fue proclamada mayorala, la joven Esther López de Pablo y tuvo lugar el Pregón a cargo de María-Ángeles Fernández-Pacheco Ludeña a la cual presentó Pedro Rincón Calero.

FGNG

Tras unas palabras de Gabriel Caballero Granados, quien agradeció de corazón la presencia de autoridades, representantes de hermandades y cofradías, de Pedro Rincón Calero, pregonero del pasado año y, sobre todo, la “señorita Nani”, como familiarmente se conoce a la Pregonera de San Antón 2019, María-Ángeles Fernández-Pacheco Ludeña, quien vino ex profeso desde el Hospital de Ciudad Real, donde se encuentra internado su esposo desde hace unos días, abandonando la ermita nada más concluir su pregón, para volver a la cabecera de su cónyuge, mientras esté aquejado de la enfermedad que padece.

Después, a cargo de María-Luisa del Río, tuvo lugar la proclamación de las motrilillas Sara Pérez, Sabrina Ignacia Ramírez, Lucía Martín, Carmen Arias y Mercedes Fernández-Medina; las ayudaoras Ainoa Illianova, Lucía González, Victoria García y Alicia Ruiz; y la mayorala Esther López de Pablo, que recibieron su banda y ramo de flores, de los concejales de diferentes grupos, presentes en el acto, de Prado Zúñiga, Directora Provincial de Bienestar Social y de los pregoneros 2018 y 2019 de San Antón.

Pedro Rincón Calero, comenzó hablando del reciente alunizaje de los chinos en la cara oculta de la luna y recordó el que llevaron a cabo los americanos hace cincuenta años, el mismo día que María-Ángeles se hizo maestra y, dedujo que algo tuvo que ver la luna en la vida de la pregonera, al igual que en la de San Antón, que allá en el “pago” donde residía y donde se marchó para dedicarse a la meditación y oración, gustaba de dedicarse a la contemplación de la luna.

Elogió la labor de la señorita Nani, a lo largo de todos estos años como maestra en el Colegio de la Milagrosa, en el que ha enseñado a muchos niños y niñas, no solo lo normal de la educación primaria, sino que, además, sembró el germen de la música en muchos de ellos y, aunque jubilada, sigue ejerciendo el magisterio con sus nietos.

Después, María-Ángeles, tomo la palabra y pronunció su pregón en el que nos habló de la amplia biografía del santo, un eremita de vida solitaria, que no llegó a ser abad, pero puso los cimientos para las futuras comunidades de monjes y frailes que propiciaron entre otros San Pacomio o San Benito de Nursia, fundadores de órdenes y monasterios en los pagos, dedicándose a instruir en las labores agrícolas y evangelizar a los que allí vivían y que dieron en denominarse “paganos” como palabra derivada de la anterior. Su vida, nos fue contada por San Atanasio y San Jerónimo y en su relato podemos leer que, San Antón, escuchó las palabras del evangelio de Cristo “si quieres ser perfecto vende lo que tienes y dáselo a los pobres” y lo vendió casi todo, quedándose con lo necesario para el mantenimiento de una hermana que estaba a su cuidado. Después volvió a escuchar “No os preocupéis por el día de mañana” y acabó por liquidar todo lo que le quedaba, dar el dinero a los pobres y marcharse a un lugar apartado donde, para mantenerse, aprendió a tejer canastos y fue tentado repetidamente en diferentes ocasiones por el demonio, pero él vigilaba sus sentidos para evitarlas, oraba mucho y comía poco.

A sus discípulos  los que formó en la santidad, recordándoles siempre la oración y la mortificación; les pidió que fueran mansos y amables y que protegieran siempre a los pobres. Ante los ataques que estaba sufriendo el cristianismo, no dudó en ir a Alejandría y apoyar a San Atanasio, frente a los arrianos que negaban a Cristo como Dios. Contó diferentes anécdotas de San Antón, los animales y los milagros que con ellos hizo, entre ellas cómo enterró, con la ayuda de dos leones, a Pablo el ermitaño con el cual estuvo durante un tiempo hasta que falleció, motivo por el cual, además de patrono de los animales, San Antón es también, patrono de los sepultureros y, respecto al cerdo que acompaña a la imagen del santo, comentó que el cerdo, en aquellos tiempos, era el mayor símbolo de la impureza, motivo por el cual, el cerdo a su lado, le atribuye a San Antón el calificativo de vencedor de la impureza. 

Sus reliquias fueron veneradas en Alejandría, hasta, alrededor del siglo XII, cuando fueron trasladadas a Constantinopla. La orden de los caballeros del Hospital de San Antonio, conocida como Hospitalarios, se puso bajo su advocación. La iconografía lo representa vestido de negro y con la “tau” o cruz egipcia, que es la principal simbología de este santo. Tras la caída de Constantinopla, sus reliquias fueron llevadas a una abadía francesa.

Nuestros antepasados le tenían mucha fe y le rezaban para que alejara de sus campos “las pestes” que atacaban a los animales, según lo cual, en muchos lugares engordaban un cerdo y el día de San Antón lo sacrificaban y lo repartían entre los pobres. Su patronazgo sobre los animales, según la tradición, se debe a que el Santo tomó a los animales como modelo de comportamiento natural, ajeno a la condición humana.

Después habló de las tres vueltas de los animales, el 17 de enero, alrededor de la ermita, de su relación con el Barrio de San Antón y de las costumbres y tradiciones familiares, alrededor de estas fiestas, para animar a todos, con palabras muy emotivas, a disfrutar de estos días y esta fiesta. Recibió, de manos del Presidente de San Antón, un ramo de flores y una placa de agradecimiento de la Cofradía.

A continuación, ocuparon los escalones próximos al altar de la Ermita, tantas veces mencionada y descrita en nuestra querida revista Siembra, los y las componentes del Coro y Rondalla del Centro de Mayores que, aunque escaso de cantores masculinos, bajo la dirección de Antonio Serrano, sigue creciendo artísticamente. Veinte componentes, entre los que se encuentran siete instrumentos de cuerda, tan difíciles de conseguir en estos tiempos, sobre todo las bandurrias y laudes.

Este cronista siente una especial debilidad por esta agrupación de personas mayores, sobre todo porque reflejan una fuerza de voluntad que para sí quisiéramos muchos y, constantemente están enriqueciendo su repertorio del que destacaría, en la tarde-noche de ayer, sus dos villancicos: “Faroles de Pascua” (villancico filipino) y “Ojos de mar” (villancico con ritmo de habanera). Todo un lujo, entre muchos lujos que tenemos en Manzanares y que hay que alentar y conservar.

Las fiestas continuarán con la hoguera de hoy, día 16 y, la función solemne, bendición de animales y procesión con la imagen de San Antón, mañana, jueves, 17 de enero.

No me resisto a volver a destacar la ingente y callada labor de Gabriel y familia, en el mantenimiento y crecimiento de estas fiestas de uno de los barrios más tradicionales y céntricos de Manzanares. No estaría de más, tal como lo vemos, que hubiera muchos jóvenes como María Luisa del Río, que se “echaran p’alante” y fueran el relevo lógico que pronto necesitará la Cofradía.

Fotos de Carlos  Caba.

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