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¿Qué impide a los países salir de la pobreza? (Y II)

Javier Fernández-Pacheco

Justo antes del paréntesis, para informar de lo vivido en Barcelona en las últimas semanas, estábamos hablando sobre las teorías económicas que intentan explicar las razones que llevan a unos países a ser más ricos que otros.

Decíamos en aquel momento que hablaríamos de la teoría del Bandidaje Gubernamental, para detectar qué tenemos que evitar si no queremos que sea nuestro país quien caiga en la más absoluta pobreza. Porque esto no va solo de levantar países lejanos, sino también de mantener el nuestro.

Quien crea que España pertenece al primer mundo y que nadie nos moverá de ahí por muchos errores que cometamos, está muy equivocado. Los países pasan del desarrollo a la pobreza mucho más rápido de lo que pensamos.

Toda mi generación creció con una serie de dibujos animados que se llamaba Marco. En ella, un niño viajaba de los Apeninos a los Andes en busca de su mamá que había tenido que emigrar al extranjero para servir en casas y ganar así algo de dinero.

La acción transcurre a finales del siglo XIX, primeros del XX y la madre de Marco emigra de los Apeninos (Italia) a los Andes (Argentina) para sacarlos de la pobreza. En un periodo de cien años, el sentido de la emigración ha cambiado, pero puede volver a cambiar si no cuidamos nuestra economía.

Pero vamos a dar un paso atrás y preguntémonos ¿Quién crea riqueza en un país?

La respuesta es sencilla. La riqueza la crean las empresas –a través de sus trabajadores– y las administraciones públicas.

Y cuando digo empresas, no me refiero a las grandes multinacionales, sino a todos los tipos de empresa. Desde las enormes con miles de empleados, hasta los autónomos que trabajan en soledad. Y también las administraciones públicas, aunque con ciertos matices.

Es cierto que la Educación, la Sanidad, la Seguridad y otros tantos, son servicios presentados por las administraciones públicas y por tanto son generadores de riqueza. Pero no lo son en cambio la burocracia innecesaria, los amaños y, desde luego, los servicios redundantes. Esos no hacen más que ralentizar la fuerza creadora de riqueza de los anteriores.

Hay además un requisito sin el cual, la generación de riqueza se complica sobremanera. Se trata de la seguridad jurídica.

Consiste en que sepamos de antemano las reglas a que nos atenemos y que éstas se cumplan en dos vertientes.

La primera es que no haya cambios reiterados en las normas, y sobre todo que estos no se hagan con carácter retroactivo. Costará mucho que alguien invierta en su negocio si cree que le pueden cambiar las reglas a mitad de partida.

El segundo es la existencia de amiguismos, mordidas y corruptelas que, además de añadir incertidumbre como en el caso anterior, introducen ineficiencias que llevan a que se genere menos riqueza con los mismos recursos. Lo que nos puede llevar a que países con unos recursos magníficos acaban padeciendo una pobreza absoluta.

Seguro que todos hemos detectado alguna vez países que, a pesar de tener innumerables riquezas naturales, no consiguen salir de la pobreza.

De esta segunda vertiente es de la que se ocupa Mancur Olson cuando habla de bandidaje gubernamental.

El problema del bandidaje gubernamental es que se expande como un virus. Al ver como los dirigentes se saltan las normas, Los funcionarios acaban haciendo lo mismo en su propio provecho y de ahí al resto de la sociedad.

Pero claro, eso pasa en esos países pobres. Aquí por el momento pasa solo con los políticos (ERE, Gürtel, etc) y los funcionarios (Villarejo), pero aún no ha pasado al resto de la sociedad. Porque aquí todos nos damos de alta antes de hacer una “chapucilla”, declaramos el IVA y nos deducimos en la renta solo aquello que nos toca. ¿Verdad?

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