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Quédate en casa

Pedro Lozano Martín-Buro

Es de noche. Una tos te despierta. Al principio parece lejana, pero se va acercando y cierras los ojos pensando que no es nada. Se vuelve a repetir, una y otra vez, cada vez más próxima. Tus hijos lloran y mi alma cruje por dentro como un papel arrugado. Piensas en dormir pero no puedes, el temor y la duda acecha tu casa. No es nada, ayer escuchaba las noticias y transmitían seguridad y certeza, decían que había que confiar en las autoridades sanitarias pero no se cancelaba ningún evento, ni se seguían las recomendaciones de la Organización Mundial de la Salud. Oía la radio y me sugerían que era una simple gripe, más contagiosa, un trancazo gordo, nada más. Los contagiados iban incrementando poco a poco, parecía que no era alarmante pues lo más importante era asistir a la manifa de excluyentes feministas. Visto lo visto, sin pudor ni vergüenza quedarán atados a la culpa.

Dos días más tarde, todo se dispara en Madrid, suenan las alarmas, cierran los colegios y vemos que quienes se enfrentan a esa guerra lo tiene claro, deben abastecerse. Comida y papel higiénico sin saber muy bien por qué. Las redes de comunicación nos inundan, mensajes de whatsapp a diestro y siniestro, comunicación a tope.

En Manzanares empieza verse con sorpresa colas en las puertas de las carnicerías, bandejas vacías en Mercadona, de forma repentina cancelan el cole, pasas por las farmacias y lees que no tienen gel desinfectante, ni glicerina, ni mascarillas… Se suspenden todos los actos y actividades públicas, Universidad Popular, Escuela de Música, Cadi, actividades en centros municipales, eventos deportivos. Todo, absolutamente todo. Es confuso, hay un vaivén de sucesos. Llamada a la calma y de repente se decreta el Estado de Alarma.

Hay que quedarse en casa, lavarse las manos, separarse dos metros, no tocar, no besar. El virus es muy contagioso y hay que evitar el contagio y el colapso sanitario. Por ti y por mi. Cuando parece que todo se acaba, ves luz afuera de las tinieblas. El pueblo de Manzanares acepta las reglas. Empiezas a darte cuenta que la sociedad en la que vives merece la pena. El individuo deja de pensar de forma aislada, deja el yo y piensa en su padre, su madre, abuelos y personas mayores. Quiere evitar que se contagien. El hombre moderno, hasta ahora, era incapaz de pensar como especie. El empuje que recibe le incita a vivir en un individualismo cómodo y egoísta y ahora ha sido sustituido por un sentimiento fraterno, de colaboración y compromiso, no como alguien estrechamente egoísta, sino como alguien dotado de una responsabilidad social capaz de preocuparse altruistamente por los demás seres humanos. Nos hemos quedamos en casa, no por nosotros, por todos. Orgullo de pueblo, se me pone la piel de gallina. ¡Viva Manzanares!

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