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Temporeros en el Campo de Manzanares

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TEMPOREROS

Las faenas de recolección agrícola, que en nuestra zona tradicionalmente las realizaban gentes de la propia localidad o de pueblos próximos, con el apoyo de temporeros procedentes de otras regiones de España, ahora, en más de un 80 % las hacen inmigrantes magrebíes, subsaharianos, rumanos y sudamericanos.

No han pasado demasiados años, quizás 30 o 40, y sin embargo, nos cuesta recordar que muchos paisanos nuestros cogían cada verano el tren, abarrotado de temporeros andaluces, para ir a vendimiar a Francia, donde, aunque se trabajaba duro, se pagaban salarios más altos que los que se acostumbraban a cobrar por aquí.

Las faenas de recolección agrícola, que en nuestra zona tradicionalmente las realizaban gentes de la propia localidad o de pueblos próximos, con el apoyo de temporeros procedentes de otras regiones de España, ahora, en más de un 80 % las hacen inmigrantes magrebíes, subsaharianos, rumanos y sudamericanos.

Son personas que además de la vendimia, acuden a trabajar a las campañas del ajo y del melón que precisan bastante mano de obra los meses de verano, y es en estos meses de climatología extrema cuando notamos su presencia, aunque están alojados en las fincas donde trabajan, en campamentos o en naves utilizadas para esa finalidad.

Su actividad está regulada por el Convenio para el sector agrario de la provincia de Ciudad Real, que determina la jornada laboral, los descansos y los salarios. Obliga a tener un contrato por escrito y poner al día en la Seguridad Social a todos los trabajadores contratados. También se exige que el desplazamiento al lugar del trabajo sea compensado o facilitado por el empleador, igual que las herramientas necesarias, siendo el trabajador responsable del buen uso de ellas.

Sin embargo, el Convenio provincial no incluye, como si lo hacen otros convenios en España, la obligación del empleador de proporcionar un alojamiento en condiciones dignas a los trabajadores temporeros.

Esta omisión, que debería corregirse en los próximos años, da lugar a que una gran parte de estos trabajadores vivan el tiempo que permanecen en nuestra provincia, en alojamientos muy precarios, casas ruinosas abandonadas, naves inadecuadas, o hacinados en campamentos de chabolas sin agua potable, electricidad, ni servicios sanitarios.

Evitar que se produzcan esas situaciones de alojamientos ilegales, inseguros e insalubres, es competencia de los ayuntamientos, que deben tener control de las condiciones de habitabilidad de cualquier asentamiento que se localice en su término municipal. No se puede mirar para otro lado para no molestar a una parte del sector agrario que se nutre de trabajadores que malviven de ese modo.

Pero sin duda, además de la precariedad en el alojamiento, la situación más grave y censurable que afecta a estas personas, que acuden muy lejos de su lugar de origen a ganarse su sustento y ayudar a sus familias, es la intervención de intermediarios o subcontratistas, que proporcionan los trabajadores que precisan a algunos de los empresarios agrícolas, y que utilizando abusos y prácticas de corte mafioso, se quedan con una parte importante de los salarios. Quizás los empleadores no sepan realmente o no quieran saber lo que hay detrás de esta modalidad de explotación laboral, pero desdeluego, no están exentos de responsabilidad, y deberían ser los primeros interesados en impedir ese sistema de contrataciones, que conlleva una vulneración de los derechos de los trabajadores .

Sindicatos y asociaciones agrarias, Inspección de trabajo, Ayuntamientos y Organizaciones que atienden y asesoran a estas personas, actuando coordinadamente, deben impedir que continúen produciéndose abusos como los descritos, y procurar garantizar a los trabajadores temporeros el alojamiento con las condiciones de vida adecuadas y de descanso dignas.

Estamos en el Siglo XXI, en la Unión Europea, y debemos por todos los medios evitar que sigan dándose situaciones laborales y condiciones de alojamiento más propias del siglo XIX, y peores que las que soportaron los vendimiadores españoles en Francia, en la segunda mitad del siglo pasado.

 

Diego R. Gallego Fdez-Pacheco
Director de Cáritas Interparroquial de Manzanares

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