Iglesia asuncion

Todo queda dicho.

FGNG

Aunque se va, no se va / Aunque se va, no se ausenta/ Aunque se va de palabra, / se queda de pensamiento.

Hay personas, incluso sacerdotes, que pasan por nuestras vidas y, pasado un tiempo, se pierden en la memoria. Hay otras, incluso sacerdotes, que pasan por nuestras vidas, se ganan nuestro afecto e incluso nuestro cariño y, será imposible olvidarlas.

De esta última clase, es don Luis Gallego Villena, un hombre de Dios que llegó a la Parroquia de la Asunción de Nuestra Señora hace doce años y ha dejado su impronta para siempre en los que lo conocemos.

Hay muchas cosas, gestos e incluso enseñanzas que nos han quedado del paso por Manzanares, de este sacerdote, emprendedor y enamorado de su vocación donde los haya, pero si lo circunscribo a tres ejemplos palpables, estos serían: Su esmero, su dedicación especial, su desvelo para que la capilla donde se guarda a Jesús Sacramentado, fuera la más cuidada y la más visitada del templo y, la segunda, continuación de ésta, su especial dedicación al culto a María y esta de Altagracia y el constante realce de los Jueves Eucarísticos, que han sido, siempre Jueves Sacerdotales y, tercera, su especial interés en pedir al Señor por las vocaciones sacerdotales y religiosas.

Persona cercana, entregada a su labor pastoral, próximo a todos y cada uno de los que a él acudían o con él coincidían o se cruzaban, tiene un carisma especial para encontrar siempre la persona que busca o necesita, bien sea para llevar a feliz término sus intenciones, bien para ayudarle a realizar las tareas necesarias para la consecución de un fin, siempre en favor de la comunidad a la que ha servido fielmente y cada día. Y si no salían las cosas, terco e insistente con la Virgen y con Jesucristo Eucaristía, hasta que le abrían el camino para llegar a buen puerto.

No voy a inventariar todas las realizaciones materiales que han tenido lugar en nuestro templo y edificios parroquiales, porque sería prolijo y no tengo hueco para ello, pero si me gustaría contar a los lectores de Siembra que, el 1 de septiembre nos convocó a todos para celebrar una Misa de Acción de Gracias por esas gracias que el Señor le ha concedido y, aunque a él le daba reparo pronunciarlo para “despedirse oficialmente” de todos los que esa noche quisieran, junto a él, en el momento de su cese como Párroco nuestro.

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Don Luis, concelebró la Eucaristía junto a otros seis sacerdotes, en los días previos a la llegada de los nuevos párrocos de la Unidad de Acción Pastoral de Manzanares, unión de ambas parroquias manzanareñas, para caminar, a partir del 15 de septiembre, in-solidum.

Al pie del altar, a izquierda y derecha, los dos cuadros, obra de Jesús García-Noblejas Pinés, de la Santísima Virgen de Altagracia y Nuestro Padre Jesús del Perdón, que habitualmente están colgados en la Capilla del Santísimo.

Asistieron, representantes de todos los grupos políticos en nuestro Consistorio, de las órdenes religiosas, hermandades, cofradías, asociaciones, agrupaciones, organizaciones y un largo etcétera en el que se funden los fieles o feligreses de ambas parroquias, que quisieron mostrar su reconocimiento a don Luis, en el momento del adiós como párroco de la Asunción.

En su homilía, manifestó que nos había congregado en torno al altar, “para vivir la acción de gracias, lejos de toda nostalgia y dar gracias a Dios por la docena de años al frente de la Parroquia de la Asunción de Nuestra Señora.”

Dio gracias por tantos beneficios recibidos: a la Iglesia, por confiarle esta comunidad parroquial; a los sacerdotes y religiosas, con quienes ha compartido el trabajo pastoral; al Arcipreste Mancha-Sur, don Raúl López del Toro, presente esa noche y concelebrante, a los nuevos párrocos, “por quienes ya elevamos súplicas” y, a todos los cristianos y cristianas de Manzanares, por sus servicios a la Parroquia; a los niños, a los jóvenes y a los seminaristas “verdadero tesoro de esta comunidad parroquial”; a los mayores y a los enfermos; a las autoridades, siempre cercanas y, “a los ciudadanos del cielo que han intercedido al Señor por nosotros.”

Hizo referencia, a continuación, al momento de la muerte de su madre en el Hospital Virgen de Altagracia el 20 de septiembre de 2004. En los momentos finales, don Luis, le preguntó “si tenía algún consejo que darle” y, ella le respondió que “todo lo que tenía que decirle, ya lo había hecho, que lo pusiera en práctica.”

Al hilo de estas palabras, dijo: “Todo lo que tenía que deciros, os lo he dicho durante estos doce años”, afirmando tener la seguridad de nuestra comprensión y perdón por sus fragilidades y pidiendo que “la Virgen de Altagracia, hable bien de nosotros al Padre, que su hijo Nuestro Padre Jesús del Perdón, bendiga a nuestro pueblo de Manzanares y que, el Espíritu Santo nos ilumine, guíe y proteja en nuestro caminar por este mundo.”

Concluyó: “Amad mucho a María, el camino corto para llegar al cielo”. “MANZANARES, TE LLEVARÉ, MIENTRAS VIVA, EN MI CORAZÓN.”

En el momento del ofertorio, al pie del presbiterio, recibió diferentes obsequios, de un grupo de feligreses o “parroquianos”, de las catequistas, de las órdenes religiosas, presentes en nuestra ciudad, de los diferentes ministerios parroquiales, de la Junta de Cofradías de Manzanares, para concluir, con los ministros de la comunión, que ofrecieron el pan y el vino.

En la acción de gracias, Oscar Parada Maroto, en nombre de Agustín Sánchez Sánchez-Gil, cabeza visible de la Comisión Permanente de la Parroquia, leyó un texto, en el que con sencillez y sentimiento, se va poniendo en pie, un largo relato con todas las acciones y realizaciones de don Luis, tanto materiales como espirituales, a lo largo de su periplo en nuestra Parroquia, algo que merece ser leído y que está colgado en nuestras redes sociales, al igual que el texto leído por Martín Tébar Hernando, por muchos años “monaguillo mayor” y hoy, seminarista que camina hacia la recta final, cuya meta es el sacerdocio, en nombre de todos los seminaristas de nuestra ciudad.

Ya finalizando, antes de la bendición, don Luis, manifestó su agradecimiento especial, que rubricó con un fuerte abrazo, al que ha sido su mano derecha en cuanto a liturgia se refiere, Antonio Mateo Fanegas, persona comprometida en sus quehaceres y muy útil en el devenir diario de las celebraciones. Los presentes rubricamos sus palabras con un fuerte aplauso.

Después, los asistentes a la Santa Misa, tuvieron oportunidad de abrazar y compartir con don Luis, el cariño, agradecimiento y respeto, que, por siempre, profesaremos por un sacerdote con peso y poso, que ha dejado su impronta y algo más, mucho más, como testigo de su paso por esta Parroquia. Esperemos, para bien de todos, que esté dispuesto a continuar ayudando a don Benito, don Secundino y don José-Felipe, junto a don Jerónimo, en las tareas que le sean requeridas por éstos, porque es admirable lo bien que se conserva a su edad y pensamos que puede ser muy útil todavía a la Unidad de Acción Pastoral recién nacida. Don Luis, quizás nosotros, todavía no le hemos dicho lo que hemos de decirle. A cuenta: MUCHAS GRACIAS Y FELIZ Y JUBILOSA JUBILACIÓN. 

 

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