Salud Temas de hoy

Un estilo de vida: la Dieta Mediterránea

                                                                                         Jesús Sánchez Migallón Sánchez Gil

Los que tenemos la suerte de vivir en países alrededor del mediterráneo, contamos con una salud y una esperanza de vida superior a otros habitantes del planeta. La razón hay que buscarla en el clima, en la alimentación y en un estilo de vida: LA DIETA MEDITERRANEA

Porque, hablar de dieta mediterránea no es solo hablar de alimentación. Es un estilo de vida, basado en unos determinados alimentos, en como cocinarlos, como compartirlos, como aprovechar con paseos las horas de sol que nos regala nuestra excepcional situación geográfica, son las tertulias en las terrazas de las cafeterías, las reuniones vecinales en los patios o en la puerta de la calle en verano y las siestas. Es vivir modestamente, pero bien. Y ello hay que trasmitirlo a las próximas generaciones. La dieta mediterránea se está abandonando. Y corre el riesgo de quedar relegada a un segundo plano. La influencia de las grandes superficies y los cambios en los modelos laborales, sociales, culturales y familiares, están produciendo unos cambios en nuestra alimentación y forma de vida, que ya tiene unas consecuencias sobre nuestra salud.

La dieta mediterránea, es una herencia cultural recibida de nuestros antepasados que no podemos olvidar.

 Por ello, y para evitar su abandono o desaparición, la UNESCO en 2010 la declaró Patrimonio Inmaterial Cultural de la Humanidad.

En el aspecto alimenticio, consiste en un elevado consumo de cereales, frutas, legumbres, hortalizas y verduras, además de pescados azules (unas dos veces por semana) y fundamentalmente el aceite de oliva, utilizando técnicas de cocinado sencillas como ensaladas, hervidos, asados, platos de cuchara. Pero siempre cocinados con aceite de oliva.

Con un esporádico consumo de carnes rojas y grasas saturadas (todas las que tiene su origen en los animales, incluidos los lácteos y derivados) y proteínas de origen animal. Evitando las comidas prefabricadas y procesadas que tanta aceptación tienen entre los jóvenes.

El agua es importante en nuestra dieta. Y el vino, una bebida tradicional, siempre con moderación, una o dos copas al día y acompañando a las comidas.

Todos los beneficios para la salud de esta dieta se complementan y son más evidentes cuando se acompañan de un ejercicio físico moderado. Hay tener una vida activa con paseos y ejercicios diarios adaptados a la edad.

Es fundamental para nuestra salud la dieta mediterránea y el consumo de aceite de oliva. Al ser una dieta rica en frutas, verduras y legumbres, proporciona una gran cantidad de vitaminas y minerales, se controla la hipertensión y el colesterol “malo” (con los efectos que tiene sobre las enfermedades cardiovasculares). Los diabéticos mejoran sus niveles de glucosa. Y hay una disminución de los canceres de mama y colon.

A la vista de todo ello. A qué esperamos para cambiar nuestro estilo de vida. Y comer de una forma sana, saludable y barata.

De paso, le añadimos unos añitos, con buena calidad, al final de nuestra vida.

Al que paga las pensiones, quizás no le guste.

Pero a usted y a mí, seguro que sí.

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