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Un manzanareño al rescate de la pandorga

Miguel Ángel Maeso Buenasmañanas

La Pandorga es una de las principales y más conocidas fiestas de Ciudad Real, declarada en 1985 de Interés Turístico Regional. Aunque en la actualidad se empieza a celebrar desde mediados de julio e incluye numerosos actos de todo tipo, el punto culminante de la fiesta es la noche del 31 de julio. Ese día, en la Plaza Mayor, se realiza el nombramiento del Pandorgo y la Dulcinea, ambos vestidos con trajes típicos manchegos. El Pandorgo de negro y con sombrero redondo y la Dulcinea con tocado y falda de colores. Tradicionalmente, el Pandorgo ejerce de anfitrión e invita a los presentes a “limoná”, similar a la sangría, y a un “puñao de torraos”, que son garbanzos secos tostados.


Pandorgo, Dulcinea y damas de 2016

Después de la elección, el Pandorgo y la Dulcinea acompañados por peñas, asociaciones, grupos folclóricos y la corporación municipal desfilan por las principales calles en dirección a la catedral del Prado, donde se realiza a la Virgen una ofrenda de flores, frutos y productos del campo. Terminada la ofrenda, la fiesta continúa con música y danzas típicas en honor de la Virgen del Prado hasta la madrugada. Desgraciadamente, esta fiesta tan típicamente manchega, se ha visto ensombrecida en los últimos años por multitudinarios botellones que se organizan por toda la ciudad, con la lamentable complicidad de las autoridades municipales, que dejan las calles llenas de desechos, suciedad y malos olores.
El origen de la fiesta se remonta a los tiempos medievales y puede que se iniciase como un agradecimiento a la Virgen por parte de los agricultores, tras la recogida de las cosechas de cereales a principio del verano. A lo largo de su larga historia ha habido periodos en los que la continuidad de la fiesta estuvo en serio peligro y uno de esos momentos fue a principios del siglo XX. En 1915 el periodista Francisco Herencia se lamentaba en El Pueblo Manchego de que la Pandorga había quedado reducida a las visitas a la Virgen . Echaba de menos las coplas que se cantaban y las danzas típicas manchegas que se bailaban en honor de la Virgen no muchos años antes. Desde las páginas del periódico pedía la implicación de los vecinos para recuperar la fiesta con todo su esplendor.
Tuvo que ser un manzanareño, el sacerdote Alfonso Pedrero García-Noblejas, el que asumiese al año siguiente en 1916 el reto de recuperar la fiesta. Nuestro ilustre paisano había sido nombrado en 1912 canónigo de la catedral de Ciudad Real y también ejercía el cargo de Mayordomo del Camarín de la Virgen del Prado. El 29 de julio de 1916 se publicó la siguiente noticia en el Pueblo Manchego:
«Recogiendo una idea lanzada por El Pueblo Manchego, un canónigo enamorado de las tradiciones de Ciudad Real se ha propuesto revivir esa costumbre, cuyo origen hay que buscarla, seguramente en la fundación de nuestra capital.
Para que esta tradición no se pierda, antes al contrario se mantenga cada vez más viva, el Canónigo-Mayordomo Don Alfonso Pedrero sin reparar en dispendio alguno, se ha impuesto la ardua tarea de reunir a los mejores guitarristas y cantaores, los cuales encariñados con la organización de la Pandorga vienen ensayando hace unos días las coplas».
Por las noticias de prensa de los días siguientes podemos concluir que la recuperación de la Pandorga fue un éxito con gran asistencia de público. El guitarrista ciego Paco Argumosa y la banda de música municipal entretuvieron con su música a los asistentes y Alfonso Pedrero, ejerciendo las funciones del Pandorgo, obsequió con espumosos a los participantes .


Alfonso Pedrero García-Noblejas

Resulta llamativo, y nos dice mucho del espíritu entusiasta y emprendedor de Alfonso Pedrero, que fuese precisamente un sacerdote el responsable de resucitar la parte más lúdica y menos religiosa de la fiesta. Puede que recibiese incluso alguna crítica de los sectores más conservadores de Ciudad Real ya que, el 10 de septiembre de ese mismo año, escribió un artículo en la revista Vida Manchega, titulado «Los cantos y la música regional», que en el fondo parecía una justificación de sus actos. Alfonso Pedrero defendía en su artículo que la música era una forma idónea para rendir culto «a los más nobles ideales de Dios y Patria».
En los años siguientes continuó impulsando la fiesta ya que en El Pueblo Manchego del 1 de agosto de 1917, en la crónica sobre la fiesta de la Pandorga, se publicaba que «los cantantes y músicos fueron obsequiados con espumosos por el Mayordomo de la Virgen, señor Pedrero, promotor del renacimiento de la fiesta». En 1918 también se menciona en las crónicas de la Pandorga la participación de Alfonso Pedrero y que los gastos de la fiesta fueron sufragados por el cabildo de la catedral .
Tras el fallecimiento de Alfonso Pedrero en 1928, la fiesta volvió a pasar por otro periodo de menor vitalidad. En 1930 las celebraciones quedaron reducidas a las visitas a la Virgen del Prado y en los años siguientes, ya en tiempos de la II República, las autoridades prohibieron la celebración de la Pandorga en espacios públicos, quedando confinados los actos al interior de la catedral.
Habría que esperar hasta el año 1964 para asistir al resurgimiento de la Pandorga, cuando el Ayuntamiento de Ciudad Real decidió asumir su organización, y, especialmente, a partir de 1980, cuando se recuperó la figura del Pandorgo como anfitrión de unas fiestas cada año más populares y participativas.

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