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Y sí fuera tu hija, ¿lo compartirías?

Jesús Isidro Sánchez de la Blanca

Todos compartimos videos graciosos, memes… pero hay personas que necesitan compartir cosas más fuertes, sin conocer límites, como  ha sucedido recientemente con la chica que se ha suicidado en Madrid porque sus compañeros de trabajo “compartieron” un video íntimo.

Esto me lleva a reflexionar sobre sí esas personas que comparten ese tipo de videos a los grupos de amigos, de trabajo, por las redes sociales sin ningún pudor, saben la monstruosidad de sus actos y su responsabilidad. Pero también me lleva a reflexionar sí sabemos la responsabilidad que tenemos como colectivo.

¿Hemos pensado que esa persona del video no quiere que la vea todo el mundo?

Una persona es libre para hacerse un video, fotos,… y es libre para compartirlo con quien quiera de forma voluntaria. Pero nadie tiene derecho a divulgar ese video, dejándolo sin control y dejar desamparada a la persona que no ha dado su consentimiento. Pero casi es peor, que otras personas, difundan ese video sin ningún miramiento. ¿Y si fuera nuestra hija,  hijo o hermana?

Ahí, la victima comienza a vivir un escarnio en su grupo de amistades, en su trabajo, que en este caso concreto, produjo una impotencia tal que le llevó a cortar con su vida, dejando a su familia sin su madre, sin su mujer, sin su hija, sin poder imaginarnos la tremenda humillación y sufrimiento que tuvo que padecer para realizar tal acto.

¿Qué nos motiva a compartir un video de una persona que no conocemos?

Las nuevas tecnologías, pueden sacar el peor lado del ser humano, desde la “valentía” y la comodidad de hacerlo a través de una pantalla. Y con eso, a veces, vemos que el ser humano se convierte en indiferente y en deshumano. Es así la sociedad que estamos creando, que aun sabiendo que por culpa de ese video se ha suicidado una chica, convierten a ese mismo video íntimo, en el video más buscado en páginas pornográficas.

A los que comparten ese tipo de videos privados sin consentimiento de las personas grabadas, puede parecerles divertido pero en realidad es una violación de la intimidad, una humillación que deja indefensos a las personas y familias afectadas con graves consecuencias. Pero, cuando sucede un hecho trágico, todos se muestran tristes y compungidos sin haber hecho absolutamente nada.

Los que comparten esos videos dicen, “Pero yo a esa persona no la conozco, me da igual”. Ahí está la cuestión, en esa frase, “me da igual”. Con esa forma de pensar solo agranda mis fundamentos, que la sociedad cada vez tiene menos empatía por el otro, que pone como excusa que es para divertirse con “sus amigos” o “compañeros de trabajo” aunque menoscabe la intimidad de las personas, y que con sus actos muestran su bajeza moral realizando un acto repugnante y delictivo.

Pero no nos equivoquemos, esto no lo hacen niños, lo hacen personas adultas, con hijos, que de puertas hacia fuera se muestran como personas responsables, dando lecciones a los jóvenes de los riesgos del “sexting”, pero en la mayoría de los casos, sí les llega un video íntimo de alguien, lo comparten y en definitiva es el ejemplo que dan a las generaciones futuras.

Habrá quien piense que es culpa de la tecnología, pero no, tampoco nos equivoquemos, todo esto se debe, a que la sociedad aún no tiene una percepción que las acciones realizadas a través de las pantallas no tienen castigo, convirtiendo un hecho tecnológico como es el tener diferentes grupos de Whatsapp para diversos fines, como es amistad, trabajo, aficiones, padres del colegio de los hijos, pasando a ser, en ocasiones, esos grupos en verdaderos contenedores de basura que a veces llega a ser delictivo.

Las redes sociales muestran un mundo paralelo, es felicidad y bienestar, todo el mundo divertido, viajeros… Nunca mostramos en las redes sociales los momentos de tristeza.

Sentimos que al compartir, nuestro ego se alimenta, somos importantes, la autoestima sube, en un mundo más individualizado, nos sentimos que somos alguien, destacamos sobre la media, satisfaciendo nuestras necesidades de esta manera. Aunque, sin pensar que el compartir videos íntimos de otras personas, a veces, con ese “me gusta” o “compartir” podamos destrozar la vida de una familia entera.

Pero, ¿lo compartiríamos sí fuera nuestra hija? Seguro que no. ¿Y qué harían tus contactos de Whatsapp con el video de tu hija, lo compartirían?……. Seguro que sí.

 

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