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¡Ya estamos con la eutanasia!

Francisco Burruezo Martínez

Cuando tanto nos estamos preocupando por la vida y la salud del planeta, resulta cuando menos sospechoso el interés que muestra bastante gente en eliminar vidas humanas. Como siempre, se pone un caso trágico, extremo y se busca que se legisle sobre ese caso… y para todos los demás, que maldita la falta que les hace. ¿Hay por medio dinero? ¿O votos?  ¿O ganas de hundir nuestra civilización? ¿O familiares que quieren quitarse un problema?

Me parece que las razones que ofrecen son sentimentales y, de la misma manera, me parece que no han estudiado las consecuencias de su aprobación en países como Holanda o Bélgica, que ya la implantaron hace tiempo: los pacientes tienen miedo, los médicos se replantean su profesión: estudiaron para curar… y tienen que matar! Hay problemas graves de conciencia… y muchas presiones para que la realicen.

Podemos apuntar algunas razones de peso para que no se lleve a cabo:

Toda persona, con independencia de su estado de salud, tiene una dignidad intrínseca. Incluso en las situaciones más difíciles y menos deseables, los equipos de cuidados paliativos ponen todo su corazón y su experiencia para salvaguardar la dignidad de los pacientes. Al contrario, optar por la muerte no garantiza esa dignidad y supone una renuncia a la condición humana.

La ley debe proteger a los más vulnerables: que se encuentran con un peso insuperable por su fragilidad y sometidos a todo tipo de presiones: familiares, sociales e incluso médicas.

La prohibición de matar fundamenta nuestra civilización: pasaríamos del no matarás al “matarás a veces” o “bajo ciertas condiciones”. En la práctica, una pena de muerte.

Pedir la muerte no siempre significa desear morir. Los cuidados paliativos restauran la libertad del paciente.

Despenalizar la eutanasia impondría al paciente y a su familia la obligación de planteársela. Lo que es verdaderamente gravoso paras el paciente y su familia.

Los cuidadores están para cuidar, no para matar: lo suyo es proporcionar cuidados, en una relación de confianza con la persona enferma.

Las encuestas sobre eutanasia recogen la opinión de sanos, no de enfermos: nadie puede proyectarse de manera realista hacia el final de su vida y decir que sabe qué desearía realmente en ese momento.

Equivocarse en una demanda de eutanasia sería un error médico irreparable: estremecen los errores judiciales en los países que no han derogado la pena de muerte. En caso de error el paciente no puede reclamar…

Legalizar la eutanasia la trivializa, y no evita transgredir los límites: se llega a la eutanasia de los menores o de personas con trastornos mentales… y no se cumplen las condiciones establecidas por la ley, ni siquiera el consentimiento del paciente. Los abusos crecen en los países que legalizan la eutanasia.

Los cuidados paliativos deben prestarse a todos: deben estar accesibles en todas partes y para todos. ¡Apliquemos la ley!

Los cuidados paliativos son incompatibles con la eutanasia y el suicidio asistido: los cuidados paliativos previenen y alivian el sufrimiento, mientras que la eutanasia se dirige a acelerar la muerte intencionadamente.

Y es que tratar el sufrimiento eliminando al que sufre es un contrasentido de la acción paliativa: los enfermos piden ser valorados, seguridad ante la incertidumbre de la muerte y ser tratados con cuidados profesionalmente.

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