Manuel Rodríguez Mazarro

Ya ha llovido desde que estuve hablando con Tomás Bautista Criado, conocido por “el bolo”, entonces él contaba con 90 años. Me gustaba hablar con los mayores, siempre aprendía, conclusiones sabias que la experiencia enseñaba y actualmente todo está en la tecnología. Su aprendizaje escolar fue de cinco meses en la escuela de San Juan (hoy telefónica). Época en la que a los padres les interesaba que los hijos ayudaran en la casa, en este caso era el campo, hortelano, que no perdiera el tiempo en leer y en escribir, era aquella mentalidad.

Recordaba el eclipse total de sol en mayo de 1900, me lo contó a su manera y con gracia: –“llegaron muchos forasteros a Manzanares, incluso la cantina de la estación hizo menú especial para tanta gente. Se quedó el pueblo totalmente de noche, en los corrales las gallinas se fueron a acostar y la borrica empezó a rebuznar. Vinieron retratistas extranjeros con aparatos de chimenea y patas, se subieron a la torre de la parroquia y otros al castillo con garrafas de vino que les regaló el Ayuntamiento, el alcalde un tal González Calero Carrascosa y allí en las alturas pasaron el día”. Este comentarista se imagina una película de Berlanga de aquella época.

Después surge hablar sobre la epidemia que atacó medio Manzanares del cólera morbo en el 1855. —“A los enfermos los llevaban a la finca “El Españoleto”, donde se encontraba el lazareto, por el camino de los cerros”. —El desastre de mortalidad que produjo en el pueblo durante un año, caían la media de cinco al día de colitis y diarreas. —Llevaban a los infectados allí y pocos se salvaban. Mandaron hervir el agua que sacábamos de los pozos y blanquear las habitaciones. —Desde entonces no han dejado de enterrar cerca del pueblo. En 1880 hicieron el cementerio “viejo” (desaparecido).

“El Bolo” con noventa años, su boina encasquetada y gran entereza, recordaba todo aquél episodio de la pandemia del cólera que afectó gravemente a Manzanares. –Dio tres golpes en el suelo con la garrota, pensando, recapacitando y me hizo la pregunta:– “mi padre, que proviene de cuando en las casas de campo, se marchaban de quintería y solo comían gachas, bollosopas y patatas con pringue, –el fuego de sarmientos, dormían en los pollos, la sartén de rabo largo, en el silencio, solo se oía el ruido de soltar lo agarrao de la cuchara y ahí quedó reflejado el “catapún”.

–De esto surge el oficio del sartenero, personaje inmemorial de arreglos de:– “todo tipo de pucheros, sartenes, cacerolas y lo relacionado a composturas de estaño, lañas a dornillos y tinajas”.—Chapuzas con recorte de latas, botanas que se hacían revisadas por medio de llenado de agua, en caso de algún salidero, tenía solución.—Arreglo de colocar el “culo” a la sartén de ese catapún o los remaches a las patas o poner el asa a la alcuza, las trébedes, la lechera de salir a la calle al cabrero, ordeño de ubre y hervir la leche.

Después de esta curiosa conversación con “el bolo”, me fui a la calle la Tercia, 39 a casa de José Crespo Fierrez, más conocido por el “Hermano Pío”. Otro personaje con 97 años que tenía entonces, longevo de pertenencia, panadero de oficio, reído de la vida, humor característico, abundante vivencia, prestigiosa memoria tapada con gorra de mil batallas que, con él estuve recorriendo chascarrillos y buenaventura de primeros de siglo pasado, me refirió:

Dicen de casar, casar,

yo también me casaría                                                                                  

si la vida de casado,

fuera como el primer día.

 

Las mozas de Manzanares

no saben partir jamón;

pero si saben llevar

pelitos a lo garsón.

                                                                     

El “Hermano Pío” nació en Membrilla y a los pocos años sus padres vinieron a Manzanares. — ¡Había que hacer buen pan de candeal! Y así se quedó de panadero con diez años. Lo levantaban a las cinco de la mañana, acarreaba los leños al horno y costales de harina al obrador en la tahona de los “cristianos”. — Hacíamos el mejor pan de “cruz” de Manzanares. –Mi interés era recordar aquel olor de hace décadas, de pan recién cocido, elaborado al estilo tradicional, a horno de leña.

–Se amasaba a mano y deprisica, en caso de dormirse, el manotazo y colleja del maestro. Allí no se utilizaban las levaduras, masa madre y sobao, del que salía crujiente por fuera y mullido por dentro, aguantaba una semana y estaba igual, de los que se llevaban costales los gañanes al campo sin quedarse “miajón”.

¿Cuál es el secreto de buen pan denominado de cruz? –“El “Hermano Pío” costándole trabajo el levantar la cabeza, me respondió: –buena harina panadera, se amasa con agua, se deja reposar para que fermente de un día para otro y ya está la masa madre. ¿El hacerle la cruz por arriba y pincharlo por detrás?, dijo: –es para que salga perfecto y los vapores de cocer salgan y no reviente o se abra. Cada panadero tiene su clave, no todos los pinchos traseros son los mismos.

¿Algo curioso de tus años mozos?: –“En las bodas, la invitación se tenía por costumbre el repartir un cantero de pan y vino hartar, los novios guardaban, conservaban ese trozo, se decía que era para evitar disgustos entre las familias y daba fertilidad”. –Frase del “Hermano Pío”:–Lo que no bebas en esta vida, eso te has perdió.

Pues este fue el resultado de dos vivencias con 90 y 97 años, que hoy tendrían 131 y 138, años lúcidos y trabajando desde que tenían doce o catorce. Aclarada la incógnita del “catapún y el pan de cruz”, relatadas directamente por “El Bolo y el Hermano Pío” aborígenes de Manzanares.

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