Carlos Fernández-Pacheco Sánchez-Gil y Concepción Moya García

     En la crónica de sucesos de Manzanares, encontramos en la segunda mitad del siglo XIX algunos ejemplos de crímenes y asesinatos, pero estos ocurrían de forma esporádica, como sucedió con el caso de Domingo Serrano, que fue condenado a muerte en abril de 1860, acusado del asesinato de su esposa Francisca Serrano, o la mujer de 36 años que fue encontrada muerta, atada de pies y manos en el interior de una noria el 31 de mayo de 1862, y que gracias a las pesquisas realizadas por el inspector Francisco Briones, se descubrió que fue asesinada por su cómplice de un robo de dinero y alhajas realizado en Madrid, con el objetivo de ocultar el delito y obtener mayor ganancia, después de dirigirse ambos a Manzanares[1].

     Sin embargo, entre junio de 1910 y febrero de 1911, en poco más siete meses ocurrieron en Manzanares tres sucesos criminales y luctuosos, que provocaron un total de cinco muertes. Estos hechos tuvieron una amplia repercusión tanto en la prensa provincial como en la nacional, situando a la población en el epicentro de la crónica negra del país. Los casos fueron resueltos con rapidez y los juicios de los implicados acabaron con una condena de cadena perpetua y cinco penas de muerte, de las cuales se ejecutaron dos, mientras que las otras tres fueron conmutadas por prisión perpetua, gracias a unos indultos solicitados por la mayoría del tejido social local y provincial, con el apoyo de la prensa, sobre todo en uno de los casos.

     En los próximos artículos vamos a conocer de forma cronológica y pormenorizada los graves sucesos que ocurrieron en ese corto lapso de tiempo, así como su repercusión, los procesos y el impacto social que tuvieron.

     El primero de los crímenes tuvo lugar el 25 de junio de 1910, a las siete de la tarde, en una casa situada en el número 28 del Paseo de la Estación. La vivienda era propiedad de José Roncero Antequera, de 36 años de edad, casado con Luisa Núñez Granados[2] y padre de tres hijas de corta edad. Era un destacado comercial de Manzanares que había trabajado en las casas Medina y Roncero, Roncero y Gil, y en ese momento ocupaba un cargo importante en la de Dimas Monge, de la que en tiempos había sido copropietario. Vivía en la calle Vuelta de don Pedro, teniendo alquiladas algunas habitaciones de la vivienda que poseía en el Paseo de la Estación, al matrimonio formado por Francisco Abellán, factor suplementario de la compañía de ferrocarril del Mediodía, y su mujer Josefa Hidalgo.

     El día 25 estaba supervisando unas obras de albañilería que se realizaban en la casa, acompañado de su primo Antonio Criado y su amigo Pablo Hernández, cuando llegó al lugar Marino Risueño Ródenas, natural de Albacete, factor telegrafista de la compañía ferroviaria, de 26 años, soltero y amigo íntimo del matrimonio que tenía alquilada la casa. Este solicitó hablar a solas con José Roncero, tras lo cual ambos se trasladaron a una habitación situada en la galería del piso superior, donde charlaron unos momentos, a continuación Risueño sacó un revolver y después de perseguirlo, disparó en la escalera de la vivienda contra Roncero, que resultó alcanzado en la parte posterior de la cabeza, causándole el proyectil daños en el ojo derecho sin llegar a salir al exterior, muriendo en el acto.

     Con el ruido de los disparos, salió a la galería Josefa Hidalgo, a la que también disparó hiriéndola en un hombro, tras lo cual se encerraron los dos en una habitación. El asesino intentó suicidarse, aunque falló en el intento, pues sólo se causó un pequeño rasguño en la frente. Cuando llegó el juez de instrucción Sr. Bascarán con la Guardia Civil ordenó el arresto inmediato de Risueño, que se encontraba atrincherado en la habitación donde se había refugiado junto a Josefa. Una vez detenido, se evacuó a la herida hasta el Hospital Municipal, aunque fue atendida en un principio por varios miembros de la Cruz Roja que habían acudido a la casa, entre los que estaban Juan Mascaraque, Francisco Mellado, Antonio García y Cristóbal Montero, aunque este último que era amigo personal del muerto, no pudo cooperar por indisponerse al ver el cadáver.

     El detenido tuvo que ser sacado de la casa por una puerta trasera, pues una multitud que se había concentrado en la entrada se mostraba dispuesta a lincharlo, deponiendo su actitud ante la presencia decidida de los guardias civiles. El juez autorizó que el cadáver de José Roncero se quedara en la casa, donde se le practicó la autopsia, partiendo desde allí para ser enterrado a la mañana siguiente, en una imponente manifestación de duelo.

     El posible móvil del crimen parecía ser las recriminaciones que realizaba José Roncero a Marino Risueño, por sus continuas visitas a horas intempestivas a Josefa Hidalgo, causando molestias y provocando escándalo entre los vecinos, mientras que su marido, por las características de su trabajo, al ser suplementario, se ausentaba la mayor parte de los días fuera de Manzanares. Entre los vecinos corrían rumores sobre la relación entre Marino y Josefa, e incluso se hablaba de un posible consentimiento de esta situación por el marido, habiendo vivido Marino en el domicilio familiar durante un mes, aunque lo había abandonado por las murmuraciones que esta situación había desencadenado[3].

     El juicio por el crimen tuvo lugar el 15 de febrero de 1911, en el juzgado de Manzanares, bajo la dirección del presidente de la Sala Sr. Del Águila Burgos, con el sistema de jurado, para el cual fueron seleccionados Luís Contreras, José Merino, Roque Padilla, Jaime Ramón Díaz, Antonio Garrido, Domingo Jaime Morales, Víctor Torres, Alfonso Jaime Morales, Ramón Muñoz, Julián Olmo, Nicanor López y Alfonso López Villalta[4].

     La ley del jurado fue aprobada el 20 de abril de 1888, por el ministro Manuel Alonso Martínez, manteniéndose hasta la Dictadura de Primo de Rivera. El primer juicio con jurado se celebró en la Audiencia de Manzanares el 6 de mayo de 1889, instruido por el juzgado de Infantes contra Primo Gómez Ortiz por el delito de asesinato, siendo condenado a quince años de presidio[5]. Se utilizaba la figura del jurado puro, formado por 12 personas ajenas al sistema judicial, frente al mixto, que mezclaba a juristas con legos en la materia. Sus miembros debían cumplir varias condiciones: ser mayor de 30 años, saber leer y escribir, ser cabeza de familia y vecino del término municipal al menos cuatro años, por lo que solían formarlo los mayores contribuyentes del partido, estando excluidas las mujeres. Emitían su veredicto por mayoría, encargándose los magistrados de dictar sentencia.

(continuará)

 


[1] La Esperanza, 25 de abril de 1860; Boletín Oficial de la Provincia de Ciudad Real, 6 de junio de 1862, La Discusión, 19 de agosto de 1862.

[2] José Roncero Antequera nació el 1 de agosto de 1873 y se casó el 4 de septiembre de1898 (Archivo Parroquial de Manzanares, libro de nacimientos nº 49, p. 377 y libro de matrimonios nº 21, p. 56).

[3] Diario de la Mancha, 27 y 28 de junio de 1910; El Imparcial, 27 de junio de 1910.

[4] El Pueblo Manchego, 15 de febrero de 1911.

[5] Boletín Oficial de la Provincia de Ciudad Real, 29 de abril de 1889, El Eco de Daimiel, 15 de mayo de 1889.

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