Por Pablo Nieto-S. Gutiérrez

Desconocía el número real de epidemiólogos que había en España. Me ha parecido increíble saber que pululan por las redes sociales grandes profesionales de la biomedicina y la microbiología. Son muchas las personas que, sentando cátedra y valiéndose del presentismo, ofrecen soluciones y remedios bien fundamentados a la población ante esta grave crisis del coronavirus. ¡Qué lástima que no estén en el Palacio de la Moncloa dando estos maravillosos consejos en las ruedas de prensa! No sabemos lo que nos perdemos.

Desconocía que nuestros políticos de la oposición tuvieran un conocimiento tan sólido —desde el principio— sobre el desarrollo de esta pandemia y me asombra que actuaran como si nada hasta que el gobierno tomó las primeras medidas. Ahora lo critican por lento… ¡qué extraño! Además, veo por las redes sociales cómo difunden verdades a medias y cómo la docta gente del primer párrafo las retransmite fervorosamente…

Desconocía la sapiencia de los tertulianos que, por videoconferencia, llenan las mesas de debate. Hace apenas dos meses parecían conocer todos los entresijos de la política y la economía mundiales. Hoy, descubro que conocen también todo lo relativo a esta pandemia.

Cual hombres renacentistas, duchos en todas las artes y ciencias, estos eruditos muestran, de manera divulgativa, toda su sabiduría. ¡Qué honor es poderlos oír por la tele y qué pena no encontrarlos en la Moncloa donde sus decisiones tendrían la relevancia que merecerían!

Desconocía el atraso tecnológico de la Moncloa… ¡y es la sede de la Presidencia del Gobierno! Se prohibieron por motivos sanitarios las ruedas de prensa y los periodistas tuvieron que mandar las preguntas previamente en lugar de seguirla por videoconferencia. Menos mal que el gallardo secretario de Estado de comunicación estaba preparado, raudo y veloz, para transmitir una selección de ellas a las autoridades para que pudieran informar pormenorizadamente de todos los detalles que daban a conocer. No sé muy bien por qué, pero El Mundo y ABC dejaron de participar en estas ruedas de prensa. Lo que sí sé es que inmediatamente adaptaron la sala para que pudiera seguirse vía telemática y estos medios volvieron. ¡Hoy las ciencias adelantan que es una barbaridad!, como decía Don Hilarión en La Verbena de la Paloma.

Pero, sobre todo, desconocía la capacidad de (casi) todos los españoles para cumplir con las estrictas medidas que el gobierno impuso para frenar la enfermedad. Desconocía que pudiéramos tragarnos nuestras ganas de ver la calle —y juntarnos— y quedarnos en casa perdiéndonos fiestas, celebraciones familiares, paseos, compras, … También desconocía que algunos tuvieran redaños para saltarse a la torera tales restricciones necesarias, pero, como en La historia interminable, eso es otra historia que deberá ser contada en otra ocasión…

 

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