Edelgard, diario de un sueño (1948-1953)

José Fernández Arroyo

No sabemos si está en su momento más álgido o hace ya meses o años que ha entrado en declive la moda literaria diarística y de autoficción. En literatura, los diarios íntimos siempre han sido un género enormemente prolífico: algunos de principio de siglo e incluso decimonónicos (Tolstoy, Dovstoyesky, Pessoa, Gide, Kafka o Unamuno) y otros han dado testimonio de los importantes acontecimientos históricos que han jalonado el siglo XX (Anna Frank, Margaritte Duras o Gil de Biedma). La renovación de esta tradición en el contexto es en el que debemos entender esta perla publicada por primera vez en 1991 y que, injustamente, no ha sido excesivamente conocida en Manzanares. Se trata de un diario en el que su autor reflexiona sobre el día a día de su tardía adolescencia y juventud entre Manzanares, norte de África (donde realiza el servicio militar) y Madrid. Pero lo que realmente hace de él algo mágico es la fascinante relación epistolar con Edelgar, una joven alemana que, brutalmente desalojada de su hogar por las fuerzas ruso-polacas al finalizar la II Guerra Mundial, consigue finalmente refugiarse en Flensburg junto a su padre y su hermana Sigrid. A través de las entradas de este diario y de la trascripción de las cartas que el narrador (en principio, Fernández Arroyo) y Edelgar se escriben, asistimos al surgimiento de una emocionante historia de amor al tiempo que al proceso de maduración personal en unos años trascendentales para sus vidas. Conmueve la sinceridad, transparencia e ingenuidad del relato donde podemos asistir desde un punto de vista privilegiado al surgimiento de un amor idealizado, ingenuo y netamente platónico, por no decir literario, pero también al proceso de aprendizaje a través de las experiencias vividas en la juventud y la formación de una personalidad más adulta y compleja. Por otra parte, las referencias a los 20 años vividos en Manzanares resultan deliciosas para el lector local. Edelgar. Diario de un sueño tiene su continuación en No es un sueño (1954 2006) y en ella, se ahonda en la singladura del autor manzanareño por el camino del arte y la literatura de la segunda mitad del siglo XX: las neovanguardias, el postismo, su pintura, la amistad con intelectuales de talla, etc.

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