Por Manuel Rodríguez Mazarro

Conocí la época en que los estancos tenían un horario loco, abrían los sábados por la tarde y domingos por la mañana. Más tarde se igualó a las farmacias, quedando alguno de guardia en Manzanares para atender la llegada de los obreros de tierra cruda y libre gañan, imprescindible para ellos el ¡echar trago y pito allá donde llegara el corte!

Un cigarro ha sido símbolo de hermanamiento y de descanso en todos los trabajos. Veíamos a los abuelo echar mano a la petaca y ofrecerla al corrillo de conversadores, para que cada cual liara el pito a su estilo, delgados, rectos, gordos, panzudos, retorcidos, porretas; observando a la persona y carácter así realizaban el movimiento del índice y pulgar.

Todos fumaban y al corto tramo lingüístico, porque eran pensadores de aire libre, el siguiente sacaba su petaca, correspondiendo al anterior y así podían pasarse toda la mañana o la tarde hasta terminar las rondas, mirando la ceniza y dándole ligeramente con la uña larga del meñique que para eso la dejaban crecer.

Dedos amarillentos, caras sin conocer crema alguna, boina al bies. Opino que el liar un pito y echar un trago de vino de la bota tenía su parentesco. Era la forma de no levantar sospechas, se decía que “en todos los oficios se fuma”…descansar algo: “vamos a echar un cigarro”, decía uno de ellos y la cuadrilla enderezaba y echaba mano a los riñones, se limpiaban el sudor con la bocamanga camisera o el pañuelo de hierbas, ya estaba corriendo la petaca de mano en mano, dando un respiro a la herramienta manual.

Había que ver con la parsimonia, regusto, lentitud que requiere lo bien hecho, los dedos agarrotados, sin que por ello quedara poder doblar los nudillos dando forma más o menos al envoltorio, terminado en el paseo de lengua al borde del papel “Bambú”, finalizando con el restirado y remetido de puntas al cigarro, el yesquero, esa primera chupada, sagrada, digna de retener en secuencias; ¿cómo es posible que la boca se hiciera agua?

Se acabó aquello, pero siempre quedará el recuerdo del toma y daca del invite tertuliano con sonrisa franca, conversación de futbol o crispación de los actores políticos.

Opino que no es lo mismo, echar un pito que ofrecerlo en cajetilla con carátula de dolientes enfermizos, indicando que puedes tener cáncer de próstata, pulmón, impotencia o quedarse viudo. De momento ya te lo pronostican sin haber cogido el “corona-virus”.

Aquellos “Celtas”, personaje dibujado en la carátula con casco vikingo y espada en alto dando efecto de fortaleza, aunque luego fuera “matarratas”. Imposible que bajo aquella viñeta pudieran poner una esquela mortuoria: “el tabaco mata” o dientes picados con telarañas. A un amigo, no puedes entablar conversación de esta manera ofreciendo un pitillo, puedes herir su sensibilidad o le estás diciendo –¡anda y no bebas!, fúmate un porro, tío que perjudica menos.

Actualmente en una terraza en la calle y encima de un tonel mirando a un lado y a otro, tampoco se puede fumar y cuidando el “paquete”, siempre en su sitio de entrepierna, nunca se te ocurra decir “toma”, puede  llegar alguien con modales de amanerado y ya no es cosa de juegos…

 

 

 

 

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